«En el año 89 presencié la caída del muro de Berlín, que dividía Europa de este a oeste. Creíamos que todo iba a mejorar. Pero desde entonces no han parado de construirse muros que parten de norte a sur». El fotoperiodista Javier Bauluz (Oviedo, 1960) lleva toda la vida con la cámara al cuello. Ni para atender a la entrevista, en un día libre, se la quita.

Bauluz ha capturado el mundo con su objetivo durante más de 25 años y es el primer español en conseguir un premio Pulitzer (en 1995 por su trabajo en Ruanda). También es uno de los últimos galardonados con el premio Gabo (el reconocimiento más prestigioso en español y portugués) por su trabajo para el diario El País en «La ruta canaria, más allá del muelle» con unas fotografías que expone esta semana y hasta el próximo día 23 de diciembre en la explanada de la Facultad de Derecho de la Universitat de València (UV). 

Han pasado 21 años de una de sus fotos más reconocibles, en la que una pareja de jóvenes está sentada en una playa, con su sombrilla y su toalla, mientras el cadáver de una persona migrante está tirado a unos metros de ellos sin que parezca importarles. De esa imagen pasamos a una de las recogidas en su libro, en la que los vecinos de un barrio de Las Palmas se manifiestan con antorchas y al grito de «hay que tirar a los inmigrantes al mar». «La sociedad ha empeorado. Antes el problema era la indiferencia, ahora es el odio a las personas migrantes», asegura Bauluz. 

«Es la primera vez en 25 años que he visto a españoles salir a cazar chavales de 18 años con barras de hierro»

Llegó a Canarias para 12 días y se quedó cinco meses, aunque asegura que el poso que le da el tiempo y los años de reporteo ya le hacían ver que la ruta migratoria se iba a reactivar. «Si lo piensas es pura lógica, cuando Interior cerró la ruta del Estrecho y Andalucía las personas empezaron a cruzar hacia las islas». Lleva dos décadas cubriendo los movimientos migratorios en toda Europa y explica que «las migraciones son como el agua, si le cierras un camino siempre va a encontrar otro por el que salir», y cuenta que «cuando se cierra una ruta solo se produce más sufrimiento y muerte, la gente lo va a seguir intentando por caminos más peligrosos», sentencia. 

El fotógrafo Javier Bauluz presenta el libro de fotografías “La Ruta Canaria”. Daniel Tortajada

Aumento del racismo 

Las rutas han cambiado y la sociedad también, y Bauluz alerta de que «la xenofobia está creciendo a una velocidad brutal». «Es la primera vez en 25 años de trabajo que he visto a españoles, gente de barrios pobres, salir a cazar chavales de 18 años con barras de hierro y palos», cuenta Bauluz sobre su cobertura en las islas. 

Sí que ha visto, y de primera mano «las consecuencias del discurso del odio» en otros lugares. «Cómo pudieron matar a 800.000 personas en 100 días en Ruanda tiene mucho que ver con todas las mentiras que se empezaron a propagar sin control durante mucho tiempo. O en Bosnia, un país que estaba económicamente en Europa, pero las mentiras de Milósevic lo llevaron a destruirse». 

«En Arguineguín vimos violaciones continuas de los Derechos Humanos, más aún si eran personas que pedían asilo»

Veinte años después, Bauluz sigue presenciando la «cucarachización» de las personas migrantes que son «menos personas». «En Arguineguín vimos violaciones continuadas de los Derechos Humanos y más cuando se trataba de personas que pedían asilo. Vimos cómo se impidió volar o coger un barco a extranjeros que legalmente podían hacerlo, convirtiendo Canarias en ‘islas cárcel’». «Se llegaron a acumular - continúa - 2.600 personas en un muelle de 3.000 metros cuadrados y se incumplía el plazo legal que la policía puede retener a una persona. Muchos migrantes llegaron a estar en el muelle 21 días». 

Todo ello en unas condiciones de restricción informativa, como denunció Bauluz en su día y recuerda hoy. «Interior obligó a los periodistas a colocarse lejísimos de donde llegaba salvamento, tanto que no podíamos distinguir si los que venían eran hombres o mujeres, estaban contentos o tristes, y esa situación nos obligaba a hacer fotos de bultos de personas, deshumanizadas, justo algo que contribuye al racismo», denuncia Bauluz.

De hecho, el fotoperiodista va más allá y asegura que «algunos medios de comunicación se dedican a expandir la xenofobia». Pero él asegura que «sigo intentando cubrir todas mis historias con un enfoque de derechos humanos».