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Análisis

El año del rearme ideológico

La izquierda exhibe pactos pero los socios buscarán en el tramo final de la legislatura definir mensajes y marcar perfil propio

El año del rearme ideológico | G.CABALLERO

Los partidos del Botànic cierran el año con sus séptimos presupuestos aprobados en tiempo y forma y un acuerdo complicado y trabajado durante meses para implantar el impuesto a las estancias turísticas en 2023, el año electoral. La izquierda española lo hace también con las cuentas casi aprobadas que estabilizan la legislatura y otro acuerdo, el de la reforma laboral, que sitúa otra vez en el foco a la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, capaz de pactar a la vez con sindicatos y patronal.

En cambio, las alianzas de derechas saltan por los aires. Elecciones en Castilla y León, las de Andalucía en unos meses y Ciudadanos expulsado este año de tres gobiernos: Madrid, Murcia y también el castellano-leonés esta semana.

Pero esa espiral pactista en el seno de la izquierda se va a resentir. Hay necesidad de reforzar el perfil propio entre los socios del PSPV en el Botànic, Compromís y Unides Podem. Es el momento de potenciar discursos en clave ya electoral, apuntan fuentes de varios partidos, de cara al año decisivo de 2023 con elecciones autonómicas y generales, salvo adelanto poco probable, por lo que los acuerdos estarán más caros y aumentarán las tensiones entre los socios. En el horizonte valenciano el decreto del desarrollo del requisito lingüístico en la función pública, la ley de Economía Circular, congelada a la espera del paraguas estatal que acaba de aparecer con la aprobación del dictamen de la ley en el Congreso. Todo ello en un contexto en el que la sexta ola puede agravarse con la vuelta de las Navidades y ya han asomado otra vez discrepancias entre los socios sobre medidas restrictivas a adoptar.

Territorio simbólico

El año preelectoral se abre después de que 2021 haya servido para poner a prueba la maquinaria orgánica. Los dos grandes partidos valencianos, PSPV-PSOE y PP, han celebrado sus congresos y han designado liderazgos para acudir a las urnas autonómicas con Ximo Puig y Carlos Mazón y han evidenciado la importancia que otorgan a la Comunitat Valenciana como territorio simbólico para sus intereses con la celebración de sus cónclaves más importantes. Ambos de cierre de filas y rearme ideológico para preparar el siguiente ciclo electoral. Los socialistas con perfil socialdemócrata y de defensa del escudo social, una vía que se refuerza en muchos gobiernos europeos frente a las políticas neoliberales y que en el ámbito valenciano coincide con el intento del jefe del Consell de visibilizar en la agenda estatal los problemas valencianos, como se ha visto con la infrafinanciación, y con políticas desde la moderación y sin estridencias.

Y con un PP que ha situado sus ejes discursivos en la bajada de impuestos, el agua, las señas identitarias o la denuncia de un presunto arrinconamiento del castellano en las aulas. Una tensión lingüística que su líder nacional ha abonado estos días contra el modelo educativo catalán tras lo ocurrido en la escuela de Canet de Mar, lo que lleva a los populares valencianos a estar pendientes del equilibrio permanente que tiene a Casado entre el centrismo y la derecha dura con la que frenar a Vox e incluso a la presidenta regional de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Mazón no va a tener problemas en pactar con la ultraderecha a la que dulcifica incluso en su negacionismo sobre violencia machista.

Aunque no se perciben, a juzgar por las encuestas, grandes cambios en las dinámicas de voto, los populares sí tienen un plus en el desplome de Ciudadanos, que ya parece conformarse con unas posibles listas conjuntas que en el algunos casos el PP desprecia.

Posible crisis del Consell

En Compromís, hoy tercera fuerza precisamente por la descomposición de Cs, no solo están pendientes de si Mónica Oltra vuelve a ser el cartel electoral sino que en los primeros días del año van a tomar una decisión de calado, la del relevo de Fran Ferri en las Corts que puede acabar con una crisis del Consell, que los socialistas encapsulan solo a la Conselleria de Educación de Vicent Marzà, quien este año ha sido el principal ideólogo en el giro de Més, el principal partido de Compromís a un discurso más social.

En Unides Podem parece alejarse el fantasma de no alcanzar el 5 % con el aire nuevo que proyecta la vicepresidenta Díaz, que acaba el año en estado de gracia con la reforma laboral. Su cartel autonómico parece decidido con el vicepresidente segundo, Héctor Illueca, persona cercana a Díaz con la que trabajó estos años en el Ministerio de Trabajo.

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