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El gran desafío de los fondos europeos

El reto, junto a la captación, es cumplir los objetivos, contar con personal formado y rendir cuentas

Juan Ángel Poyatos, director general de Coordinación del Gobierno. | GERMÁN CABALLERO

Juan Ángel Poyatos, responsable de la Oficina Valenciana para la Recuperación, ocupa un despacho en la segunda planta del Palau de la Generalitat. Un pequeño espacio con una ventana desde la que puede verse la plaza de Manises, si bien la vida contemplativa no tiene cabida en la agenda de este alto cargo . Y es que bajo su dirección general recae la coordinación de las conselleries para gestionar los fondos europeos en los que el Botànic ha depositado las esperanzas para la recuperación tras el tsunami de pandemia.

Un maná de cientos de millones con los que se espera impulsar la economía valenciana, pero cuya gestión eficaz es seguramente el mayor desafío desde el punto de vista de la tramitación al que se enfrenta el Consell, quizás equiparable a cuando en los años 80 recibió las competencias de Sanidad y Educación y hubo de dotar a la Comunitat Valenciana de personal e infraestructuras necesarias.

Una comparación que no sirve en los detalles, pero que es válida respecto al enorme reto que supone para un territorio que, junto a las zarpas de la crisis sanitaria, sufre una infrafinanciación sistémica. El Mecanismo para la Recuperación y Resiliencia (MRR) -uno de los fondos claves de la UE- permitirá financiar actuaciones vinculadas con la vivienda, el medioambiente, la formación, la digitilización o los servicios sociales, entre otras materias.

‘Los hombres de negro’

Captar la mayor cantidad posible de fondos es (y sigue siendo) objetivo prioritario, pero la cuenta corriente de la Generalitat dispone ya en 2021 de más de mil millones, dinero contante y sonante, cuya traducción en proyectos depende de una gestión impoluta ya que, llegado el momento, la Generalitat se someterá a la auditoría de los ‘hombres de negro’ de la Comisión Europea, que ha trasnsferido el dinero al Gobierno con el aviso de que, llegado el caso, podrían pedir su reintegro.

La cuestión es que, como explica Poyatos, la filosofía de la gestión de los MRR es muy diferente de la de los fondos europeos tradicionales. Para empezar, en dimensión, y valga como ejemplo que en catorce años el Consell ha gestionado unos 2.900 millones en fondos ordinarios europeos, mientras que solo en este ejercicio cuenta ya con más de mil. Además, el nuevo fondo es muy vertical (marcado por las directrices de Europa y del Gobierno) y el foco no está tanto en la ejecución en tiempo y forma sino en la consecución de objetivos previos.

Y es que detrás de estas transferencias hay una importante trastienda. Una maraña de normas de gestión y requerimientos de información que causa respeto hasta al gestor más experimentado y vértigo a una Administración con déficit de personal y escasa formación en técnica europea. La contratación de más personal y su formación y especialización es otro de los retos ya que la gestión de estos fondos será prioritario.

La cocina de la gestión, además, no empieza con las transferencias. Las llamadas conferencias sectoriales que los ministerios celebran con las conselleries y en las que se decide la distribución de fondos son claves para los intereses del Consell. Poyatos admite que las reuniones de despacho, las llamadas, en suma la labor previa del ‘lobby valenciano’ en Madrid, es clave para el resultado final de estas reuniones, en las que se van liberando fondos.

Pero la captación es solo un primer paso. Los certificados del ministerio marcan hasta el mínimo detalle, dónde, cuándo y cómo debe gastarse el dinero. Además, hay una serie de exigencias previas, como son contar con planes de antifraude, buen gobierno, de control de grupos de presión, etc.

Así, desde la oficina de Poyatos se ha repartido a las conselleries un manual de 50 páginas para facilitar la aplicación del nuevo sistema de gestión y seguimiento de información por parte del Gobierno. Todo un laberinto de normas y exigencias que supone una auténtica prueba de fuego para la Generalitat. La buena gestión tendrá, además, premio ya que está previsto que aquellas comunidades más eficientes obtengan recursos añadidos.

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