El grito de desesperación las propietarias de Econavelina, Esther y su hija Sarah, ha surtido efecto. La determinación de regalar sus naranjas ecológicas a quien quisiera recogerlas ha provocado una avalancha de solicitudes que han tenido que organizarse por turnos, para respetar las medidas covid. Así, cada hora, este campo de Benifaió ha estado recibiendo a personas de toda el área metropolitana de València que han querido ayudar a estas agricultoras a darle salida a sus naranjas ante la negativa de su mayorista a comprarlas, pese a que se comprometió en septiembre de dar salida a su cosecha. Esa intención cambió y a través de un vídeo que se volvió viral grabado por Sara, ha sido la sociedad civil la que ha comprado sus naranjas ecológicas.  

Ayer a medio día, una docena de coches estaban aparcados junto a los campos que tienen a pocos kilómetros de Benifaió. Algunos volvían cargados con bolsas llenos de naranjas, otros con cajones. Para la navelina, la variedad de Esther y Sarah producen, este mes es el óptimo para ser recolectadas. «Hemos tenido que organizar el sábado y domingo por turnos para que la gente viniera a recogerlas ante la avalancha de solicitudes que hemos recibido», explica Esther. Sin embargo, esta resolución improvisada no es en absoluto la mejor de las situaciones. La venta de una cosecha no puede fiarse a la venta al por menor, como ha sucedido esta vez: «La gente no puede salvarnos siempre y esto no es un problema nuestro únicamente, es un problema de sector», explica Sarah. 

Vecinos de Benifaió ayudan a Econavelina a vender su producción de naranja ecológica. GERMAN CABALLERO

En este contexto, los improvisados clientes que ayer y hoy se desplazan a Benifaió citados a una hora concreta se reunían ayer entre los bancales mientras recogían la naranja.Hasta se organizó un almuerzo improvisado por parte de un grupo de amigos de Benifaió, que se enteraron de la petición de Esther y Sarah y no dudaron en echar una mano y dejar un donativo. «Aquí todos tenemos campos y naranjas, pero si unas compañeras necesitan ayuda, aquí estamos», reconocía uno. 

Como ellos, una pareja de València junto a su hija agradecía a Esther su trabajo y se indignaba de la situación del campo y la falta de intervención de la Administración. «Yo soy de Benifaió pero vivimos enValència, nos enteramos el viernes y quisimos venir a ayudarlas», reconocía una vecina de la capital. 

Esther habla con un grupo de amigos de Alaquàs que se han desplazado hasta Benifaió a recoger naranjas. C.G.

También desde Alaquàs, las asociaciones Cor de Vila y el Cullerot han respondido a la llamada de estas dos mujeres y ayer un grupo de representantes se desplazó hasta la finca en el turno de las 16 horas para recolectar las naranjas y pagar «un precio justo» por ellas. El grupo conoció de primer mano el proyecto y siguió las indicaciones de las dueñas del campo en el proceso. En total, recogieron cerca de 100 kilos de naranjas, de las cuales la mitad se utilizarán en el proyecto solidario de educación en alimentación saludable que desarrollan en la población con 40 familias. «Hemos recolectado naranjas de una altísima calidad. Nosotros apostamos por el producto de proximidad y de temporada en nuestras actividades y proyectos. Es una injusticia lo que está pasando en el sector cítrico valenciano», manifestaron Isabel Cosme, responsable del proyecto de Alimentación, y Lluís Portalés, directivo de la comisión de Agricultura de las entidades

Dos asociaciones de Alaquàs se llevaron 100 kilos de naranjas para un proyecto solidario

Incertidumbre en el precio

«Este conflicto lo vive cualquier agricultor; hasta los ecológicos, como nosotras, ya sufrimos las consecuencias de un mercado que es inestable y que solo genera incertidumbre». confesó Esther. «Nosotras tenemos trabajos que nos permiten no depender del campo, pero, ¿Cuántos hay que viven de esto?», lamentó Sarah, al igual que no conocer el precio al que se venderá el kilo hasta que no se comercialice: «Cuando vas a comprar un reloj, sabes cuánto vale. No cambia. ¿Por qué nuestros productos sí?», se preguntaba Esther. 

A las naranjas suman otros cultivos como el sayote, una hortaliza similar a la patata, además de murta o lavanda. "Cuantas más especies cultivas, cuánta más variedad haya, atraes a más fauna útil que combate las plagas que amenacen los frutos", explica Esther.

En estos momentos, la naranja de origen ecológico se paga a 30 céntimos el kilogramo a los productores, un precio que se incrementa en 70 céntimos tras el paso por intermediarios y se vende en supermercados a cerca de dos euros el kilo. Con esta muestra de apoyo al campo valenciano, y en el caso de vender los 22.000 kilos de naranja navelina ecológica, las agricultoras lograrán sobreponerse al bache.

Madre e hija llevan 15 años en este negocio y jamás habían vivido una situación como esta, si bien han visto como cada año el sector empeora y el maltrato es generalizado. "La incertidumbre es permanente y queremos una respuesta política; esto no es un caso nuestro particular, es de todo el sector primario", lamentan.