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Servicios Sociales

"Queremos un servicio de ayuda a domicilio cien por cien público y con salarios dignos"

El SAD son los cuidados en el hogar que Igualdad lleva años potenciando como alternativa a las residencias - Las trabajadoras denuncian que los ayuntamientos prefieren externalizar el servicio dando a las cuidadoras de malas condiciones laborales

Trabajadoras del SAD frente al ayuntamiento de València

María González, María Navarrete y Mercedes Ruiz son tres de las más de 1.064 trabajadoras del Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD) en toda la C.Valenciana. María, Mercedes y María fueron declaradas esenciales en pandemia porque su trabajo es cuidar personas mayores o dependientes. Cocinan, limpian la casa, limpian a la persona, acompañan, compran, dan crema, manejan la medicación, cuidan de los niños, reeducan, mueven a personas que pesan casi el doble que ellas... Pero cobran 800 euros por 29 horas semanales. No entran en la Ley de Prevención de Riesgos Laborales y tampoco se les reconoce ninguna enfermedad laboral. Como suele ocurrir con el empleo de cuidados, son trabajadoras de segunda.

Pero en su caso hay mucho más que contar porque -por si fuera poco- trabajan para la administración. El SAD ha sido un servicio importante en el desarrollo de las políticas de Igualdad, que quiere dar un vuelco a los cuidados en la vejez para hacerlos mejores y más humanos. En más de una ocasión, la consellera y vicepresidenta Mónica Oltra ha declarado que el objetivo es que la gente envejezca en sus casas y no en centros, reservando estos para cuando ya no haya más remedio.

Y aquí entran las trabajadoras del SAD. Ellas realizan "atención directa en el propio hogar mediante intervenciones que favorezcan su permanencia e integración en su entorno habitual", según reza la web de conselleria. Como explica Mercedes Ruiz "es como si yo cuidara a mi madre en su casa y le tuviera que hacer todo para que ella estuviera bien".

Igualdad pasa el dinero a los ayuntamientos y estos (que pueden ampliar los mínimos) son los que dan el servicio. En València hay 360 trabajadoras, y el último contrato beneficiará al doble de mayores. Todas las empleadas son externas con empresas que, en la mayoría de los casos, no dan buenas condiciones laborales y desde luego distan mucho de las del sector público. "En Silla tenemos varias compañeras que sí que son trabajadoras del ayuntamiento y cobran 1.400 por 40 horas. Nuestro sueldo es de 1.040 por el mismo trabajo", denuncia María González, trabajadora del SAD del comité de UGT. Aunque lo normal, insisten, no son 40 horas, sino 29 cobrando 850 euros.

Por estas razones y mucha otras las empleadas del SAD de toda España se manifestarán el próximo 27 de febrero en Madrid. Porque son tan esenciales para la sociedad como precarias. "Queremos un SAD cien por cien público y con salarios dignos", insiste González.

Sin enfermedades laborales

Una de las reivindicaciones de las trabajadoras del SAD es poder jubilarse a los 60 años. La mayoría de ellas llegan a esa edad con enfermedades crónicas, sobre todo musculoesqueléticas, lumbares y problemas cervicales, que las dejan en malas condiciones para seguir trabajando. "Mucha gente se piensa que esto es fácil, pero que va, es super duro. Y más si con 60 años tienes que levantar o mover a pulso a una persona de 50 que pesa el doble que tú", denuncia Navarrete.

Trabajadoras del SAD en la plaza del Ayuntamiento de València Francisco Calabuig

Las trabajadoras del SAD tampoco figuran en la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, otra de sus reivindicaciones. La razón es que trabajan en las casas. "Prima la intimidad del hogar de las personas, pero en nuestro caso una trabajadora social viene a ver la casa antes de que nosotras entremos a trabajar, pedimos que ahí se valoren también los potenciales riesgos en nuestro centro de trabajo (la casa) para nosotras y no quedarnos fuera de la ley", reclama González.

Como no entran en la ley, tampoco se les reconoce ninguna enfermedad laboral antes mencionada, lo que afecta gravemente a su jubilación. "Un trabajador de una fábrica puede ir a la mutua con fibrosis quística y que le reconozcan la enfermedad laboral, pero nosotras vamos encadenando lumbalgias por mover pacientes y no se nos reconoce nada. Al final los últimos años de trabajo vamos encadenando bajas que no se nos reconocen y afecta muchísimo a la pensión", reivindican.

"En Silla sí que tienen trabajadoras del ayuntamiento y cobran 1.400 por cuarenta horas. Nuestro sueldo es de 1.040 por el mismo trabajo", dice González

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Para ser trabajadora del SAD debes estar titulada como auxiliar de enfermería, por lo que otra de las peticiones es dedicarse para lo que están formadas. "Entendemos que somos cuidadoras integrales, pero solo se nos vende como limpiadoras, que no es nuestra labor, no tenemos una titulación para solo limpiar"; critica Navarrete.

Las jornadas son otro de los problemas por los que luchan las trabajadoras del SAD. Las empresas suelen imponer jornadas partidas que rara vez llegan a las 40 horas. Además, la cifra de 1.060 trabajadoras es estimada, ya que la inestabilidad laboral es una tónica en el sector. Aunque con la reforma laboral esta situación cambia en gran parte, reivindican jornadas continuas y completas. "Muchas mujeres tienen tan pocas horas que tienen que buscar otro trabajo por la tarde, si encima les parten la jornada le quitan esa posibilidad", critica González.

"En pandemia lo hicimos muy bien porque tuvimos una incidencia muy baja pese a ir de un lado a otro, pero recuerdo cambiarme la epi en el rellano por ejemplo", dice González

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Otro de los derechos que reclaman es un plus de peligrosidad en ciertos servicios. "Nosotras trabajamos para servicios sociales y vamos a casas de todo tipo. Hemos limpiado en casa de diogenes o de enfermos mentales a los que nos aconsejan 'no dar nunca la espalda'. Personas que nos han levantado el puño o se han intentado pasar con nosotras de otras maneras... O que insisten en que quieren cerrar la casa con llave. Y siempre nos vemos solas", explica Navarrete.

Ella, como María y Mercedes, vienen a la entrevista con sus mochilas. Las han sabido utilizar al milímetro para meter todo lo necesario en el menor espacio posible. Siempre llevan la EPI encima para trabajar y no pueden comer ni beber en las casas, lo tienen prohibido. "En pandemia lo hicimos súper bien porque tuvimos una incidencia muy bajita pese a ir de un lado a otro, pero recuerdo cambiarme la epi en el rellano por ejemplo", explica. Ellas no pararon, sino que trabajaron el doble.

María, Mercedes y María están convencidas de que si el suyo fuera un sector de hombres se les haría mucho más caso y la cosa sería distinta. Pero son cuidadoras, las esenciales que nunca miramos pese a que sostienen la vida de muchos. Aún con malas condiciones, dicen que les gusta su trabajo porque es vocacional. "La mayor satisfacción que tenemos es que una persona mayor nos sonría cuando llegamos. Eso es increíble", dice Mercedes.

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