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"No voy a intentar volver a Cofrentes porque no quiero abandonar a mi familia"

«Agradecemos los apoyos, pero Europa debería actuar rápido»

Familias de ucranianos con varios niños se cobijan frente a los ataques. | CRÈDIT DPA/EUROPA PRESS

Anna fue una de los miles de niños ucranianos que fueron acogidos por familias españolas a raíz del desastre de Chernobyl. Ella llegó por primera vez a Cofrentes en 2000 y hasta no hace mucho viajaba allí dos veces al año. Ahora reside con su marido en Irpin, una ciudad situada a 24 kilómetros de Kiev, pero sigue hablando el castellano con fluidez y mantiene una relación cercanísima con sus «padres valencianos». «Mis padres de aquí y los de allí somos todos una familia e intentamos hablar por Whatsapp todos los días».

El jueves de madrugada Anna y su marido tuvieron que huir de Irpin. La ciudad se encuentra a solo cinco kilómetros del aeropuerto de Hostomel, uno de los objetivos principales del Ejército ruso en su invasión a Ucrania. «Cogimos lo que pudimos y fuimos hacia la salida, pero había un montón de tráfico y teníamos que recoger primero a nuestros padres y los abuelos. En la gasolinera estuvimos tres horas porque habían unas colas impresionantes. Pero la gente se está portando con conocimiento». Esa mañana, mientras esperaban, los aviones y helicópteros de combate sobrevolaron la gasolinera para atacar el aeropuerto. «Pasamos mucho miedo».

Anna habla con Levante-EMV desde el pueblo en el que se ha refugiado junto a su pareja, padres, hermanos y abuelos. No quiere decir cómo se llama la localidad porque las autoridades han pedido a la población que dé la menor cantidad de información sobre ubicaciones a través de Whatsapp. «Tenemos miedo -insiste-. Estamos lejos de Kiev pero aquí también se escuchan las bombas y pasan los aviones».

Anna podría haber huido hacia Polonia e incluso, una vez allí, intentar viajar a España y reencontrarse con sus padres de Cofrentes. Pero eso le hubiera supuesto separarse de su marido o de su padre, ya que los hombres entre 18 y 60 años están obligados a permanecer en el país. «Soy incapaz de dejarlos aquí e irme. No quiero viajar a España si no es con mi familia», explica.

Lo que sí quiere hacer es aprovechar sus vínculos valencianos para intentar combatir con su testimonio las «informaciones falsas» que está ofreciendo Rusia. «Sabemos ruso y vemos como la televisión de allí dice que el ataque es solo contra el Ejército ucraniano, no contra la población civil -afirma-. Pero es mentira. Putin tampoco le dice a su gente que esto es una guerra ni que los suyos también están muriendo».

Sus amigos que no han podido salir de Kiev le cuentan que los soldados rusos «son chicos de 18 años que no tienen ni comida, por eso están entrando a las casas para coger comida y disparan a las personas».

Desde su refugio, Anna agradece las muestras de apoyo que recibe desde España, pero también quiere transmitir la sensación que tienen sus compatriotas de que los gobiernos europeos deberían ser más contundentes frente a Rusia y actuar con rapidez. «Tememos que muera mucha gente civil», lamenta.

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