Ningún niño debería saber de primera mano lo que es una guerra. Lo que es dejar atrás a sus padres y a sus amigos. Su casa, su colegio, su vida. Lo que es correr el riesgo de perder la vida huyendo, porque quedarse es mucho más peligroso. Pero Artur Chupyra, con tan solo doce años, lo sabe. Y su hermano Maxim, de 13 años. Y su hermana Ana, de 16. Y su primo Ivan, de dos. Y, como ellos, los miles de menores que están saliendo de Ucrania desde que Rusia iniciara su invasión el pasado 24 de febrero.

Artur, junto a Maxim, Ana, Ivan y su tía Katia, se subió al primer autobús fletado por la Fundación Juntos por Vida con refugiados y refugiadas ucranianos que llegó a la ciudad de València en la madrugada del lunes. Allí, se quedaron su madre, su abuela, su tío. Aquí, su familia de acogida, formada por María, Saulo y Cristian (de ocho años), le recibió con los brazos abiertos. "Tiene aquí nuestro apoyo. Su hermano Cristian está como loco con él, no hace más que abrazarle", señala María.

Cinco días después de su llegada intentan hacer vida normal, dentro de lo posible. "El primer día Saulo se lo llevó a la playa. Ha ido ya al colegio con Cristian, y se fue de excursión a València. Ha visitado el campo del Levante U.D., estaba muy emocionado. Esta noche nos iremos a cenar los cuatro a un bar al que siempre íbamos. Queremos volver a las cosas que hacíamos juntos", añade. Artur cuenta que incluso ha ido a ver una mascletà. "Estos días me lo he pasado muy bien", declara.

María y Saulo acogieron por primera vez al pequeño en el año 2016, cuando solo tenía seis años. Lo hicieron a través del programa de acogimiento familiar de Juntos por la Vida. Venía en verano, en Navidad, algunas fallas. Con la pandemia, estuvieron dos años sin verse, hasta este pasado diciembre que pudo volver. "Para nosotros es como un hijo", admite María.

Sus hermanos y su tía habían participado años anteriores en este programa y, por tanto, cada uno se ha ubicado con la que había sido su familia de acogida. Katia y su bebé Ivan se trasladaron con Josep, José Antonio y Merche hasta Nules. Ana y Maxim también están en Castelló.

"Quería venir otra vez a València, pero no por una guerra", reconoce Artur. El lunes por la noche llegó cansado, y un poco triste. Al menos así lo sintió María. "El momento de verle fue un alivio de decir 'ya está aquí, ya está a salvo, ya lo podemos proteger'", afirma. La valenciana recuerda las palabras de Artur al bajar del autobús: "Mi pueblo lo están bombardeando y la mamá y la abuela están allí".

Un trayecto muy duro

Saulo relata al diario Levante-EMV el duro recorrido que vivió el pequeño, junto a parte de su familia. "Han sido días complicados, sobre todo por la impotencia de no poder hacer nada desde la distancia. Si la guerra estalló el jueves 24 de febrero, nosotros el viernes y sábado pudimos contactar con ellos, tenían Internet y nos iban contando cómo iba todo", cuenta.

Son de Bucha (Ucrania), donde la situación es ahora extremadamente difícil. "Los primeros días escuchaban ya las bombas, los aviones pasar", apunta. Gracias a una conocida ucraniana, que se puso en contacto con un hombre, su "héroe" anónimo, que se ofreció sin conocerles de nada a rescatarlos, pudieron viajar a Kiev.

"Un recorrido de treinta minutos, lo hicieron en dos o tres horas, porque tenían que cambiar de carretera según veían tanques o tiroteos. Eso fue una pesadilla. El riesgo era alto, pero mayor riesgo era que se quedaran allí", subraya.

Una vez en la estación de la capital, cogieron un tren que los llevó hasta Lviv en un trayecto de doce horas, donde los voluntarios de Juntos por la Vida les ofrecieron su ayuda y la oportunidad de escapar del horror de la guerra hasta València. Fueron casi cinco largos días de viaje en la carretera. "Se alargó mucho", admite Artur.

"Hemos estado desde el domingo sin conexión con la madre y la abuela de Artur, pero justo ayer (el jueves) supimos que están vivos, y están en Kiev. Ahora tenemos que esperar a ver si quieren y pueden salir, y encontrarles aquí una casa para que estén todos juntos", afirma Saulo.

En ese momento, cuentan los padres, Artur se derrumbó. "Tiene la facilidad de conectar con el presente. Mientras está aquí está pensado en otras cosas, pero cuando habla con su madre es cuando suelta todo lo que tiene. Es cuando va siendo consciente de la situación", explica. Ellos intentan mitigar la fuerte carga emocional con la que viene el pequeño.

Ayuda humanitaria

Por eso, quieren visibilizar la importancia de la acogida y la ayuda a estos niños y niñas. La Generalitat insiste en que las ONGDs que operan en Ucrania son Cruz roja, Farmamundi, ACNUR, Unicef, Ayuda en Acción, Cáritas, CESAL, Médicos del Mundo, Save the Children y Vides.

Además, Juntos por la Vida, la única ong española que trabaja en la ciudad de Pzremysl (Polonia), asiste a las personas y se encarga de organizar el trayecto hasta València. Hoy mismo llega desde Cracovia al aeropuerto de Manises-València un avión de Air Nostrum con refugiados ucranianos, dentro de su campaña de emergencia.

"No estamos desplazando a menores no acompañados, solamente núcleos familiares", incide Clara Arnal, presidenta de la Fundación, y recuerda que los traslados se realizan en autobús y aviones, nunca en vehículos privados.

María y Saulo ya sienten el alivio de tener a Artur aquí, pero con la preocupación todavía por los que se han quedado en Ucrania. "Conozco y pongo cara a mucha gente que está sufriendo, sin ninguna culpa. Ellos tienen la sensación de que los han dejado solos", concluye Saulo.