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"El líder de la secta ejerce una fuerza que arrastra a aceptar todo tipo de abusos"

El psicólogo Miguel Perlado analiza los comportamientos de grupos como el del ‘Tío Toni’, desmantelado en Castelló, tras evaluar a sus víctimas

El psicólogo Miguel Perlado, el especialista en sectas que ayudó a destapar el caso de Vistabella. | EFE

La tranquila localidad de Vistabella del Maestrat, en el interior de la provincia de Castelló, descubrió con horror esta semana las prácticas aberrantes, tanto con adultos como con niños, que durante más de dos décadas llevaban presuntamente produciéndose en una comunidad sectaria afincada en una enorme masía rodeada de árboles y bajo un manto de silencio. Levante-EMV ha hablado con el psicólogo experto en sectas cuyas evaluaciones con las primeras víctimas que se atrevieron a contar lo que allí habían vivido destaparon los abusos, agresiones y humillaciones, cometidas bajo la figura de su líder espiritual, conocido como ‘Tío Toni’.

Aunque se muestra reacio a facilitar información concreta sobre el caso, ya que todavía hay secreto de sumario, Miguel Perlado, psicólogo, psicoterapeuta y especialista en derivas sectarias, analiza las claves y comportamientos comunes en este tipo de grupos que «giran exclusivamente en torno a la figura de su fundador, que a la sazón pasa a ser un guía espiritual, y que lejos de promover la autonomía, termina por estimular la dependencia a todos los niveles, abriendo la puerta a abusos de diversa índole».

En el imaginario colectivo se tiende a pensar que el líder de este tipo de sectas es el típico gurú de túnica blanca o telepredicador fervoroso que lleva a un suicidio colectivo. Pero según apunta, existen diversos tipos de líderes. «Si algo es común a una buena parte de estos líderes abusivos es un convencimiento muy pasional acerca de los talentos o capacidades que aseguran tener, lo que transmite una fuerza de convencimiento que fascina y arrastra a sus víctimas a aceptar todo tipo de abusos». Al mismo tiempo, estas personas «necesitan la devoción y la dedicación constante de los demás, afectivamente, se alimentan de ello. Y muchos de ellos funcionan como depredadores morales o espirituales, a la par que sexuales».

«Al haber dado un consentimiento inicial al proyecto transformador, todo lo que venga después acaba siendo aceptado»

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En marzo de 2021 acudieron a él, espontáneamente, varios miembros que habían abandonado la masía ‘La Chaparra’ de Vistabella tras romper el silencio y empezar a hablar entre ellas. «Esto les permitió comenzar a juntar las piezas y tomar conocimiento de la naturaleza abusiva de ciertas dinámicas de la comunidad en la que vivían».

Las víctimas estaban «desorientadas, confusas, con temor a hablar de lo vivido, dudando de su propia percepción, resistiéndose a ver lo que empezaban a ver y con sentimientos de miedo y una vivencia de trauma», recuerda Perlado sin entrar en detalles.

La palabra ‘secta’ tiene una connotación muy negativa. Según explica, su tarea profesional, junto al equipo que coordina, donde también intervienen profesionales de la abogacía y de la psiquiatría, «es más bien la de localizar los comportamientos sectarios o abusivos que pueden darse en contextos de grupo, abusos que no se circunscriben exclusivamente a lo sexual, sino que se extienden a lo moral, lo emocional, lo económico y lo espiritual, generando rupturas y un daño traumático».

El perfil de las víctimas

Respecto del perfil de víctimas más proclives a caer en este tipo de organizaciones sectarias, el especialista explica que en una buena proporción se trata de «personas idealistas, algo ingenuas en ocasiones, comprometidas, que buscan cambiar las cosas, con estudios y con recursos económicos». En el caso de la secta del ‘Tío Toni’, algunos de ellos vendieron todas sus propiedades para sufragar los gastos de la comunidad o trabajaban fuera de la masía para que el líder tuviera liquidez económica.

En muchas ocasiones las víctimas pueden estar atravesando un momento de fragilidad, sea por un duelo, sea por cualquier otra condición afectiva. «En la práctica, encontramos una amplia variabilidad de personas que terminan atrapadas en estos grupos, con una mayor proporción de mujeres y pudiendo encontrar desde niños hasta ancianos», aclara.

«El silencio deja a la víctima confusa, atrapada en un laberinto, con una intensa vergüenza y con miedo a contarlo»

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Pero, ¿qué mueve a un curandero como Antonio G. L. —ya en prisión provisional— a fundar hace más de dos décadas una comuna en una masía donde presuntamente abusaba de niñas, mujeres y tenía a los hombres trabajando para su propio beneficio, un interés sexual, económico, o ambos?

«No me gusta hablar de un móvil, puesto que no existe una planificación tan racional como punto de inicio. Entiendo la formación de estos contextos de grupo como el resultado de un proceso complejo donde hay múltiples niveles de interacción y que, con el tiempo, deviene abusivo por la deriva que aparece desde un proyecto inicial destinado a ayudar a los demás, que termina desembocando en una comunidad que gira exclusivamente en torno a la figura de su fundador».

Respecto a cómo se produce la captación de adeptos, muchas de estas sectas funcionan por el boca a boca o a través de vínculos familiares o de las amistades, sin desplegar un reclutamiento intensivo, según explica el especialista. «De forma suave y amorosa, ofrecen un contexto de encuentro, relación y comunidad que da sentido y pertenencia, a la vez que prometen poder ser mejor persona e incluso ayudar a los demás».

Lo que más extraña es poder pensar desde fuera hasta qué punto logran influenciar en los fieles para consentir incluso que el líder abuse sexualmente de sus propios hijos. Sin entrar a valorar el caso concreto, Perlado argumenta que la lógica que siguen es la siguiente: «Como diste tu consentimiento inicial a este proyecto transformador, todo lo que venga después, deberás aceptarlo igualmente como parte de ese compromiso inicial, aunque aquello que sobrevenga termine resultando abusivo».

Además, una de las marcas características de estos contextos de grupo abusivos tiene que ver con «el silencio, que se acompaña de ocultamiento; a la vez, los actos son realizados a puerta cerrada, bajo la idea de que ‘esto lo hago por tu bien’, lo que termina por dejar a la víctima confusa, atrapada en un laberinto, con una intensa vergüenza y con miedo a comentarlo a los demás, incluyendo a sus padres».

En su libro ¡Captados!: Todo lo que debes saber sobre las sectas, Perlado habla sobre el papel que juegan los niños en determinadas sectas. En el caso de los Miguelianos de Galicia o ahora en el de ‘La Chaparra’, los niños son una pieza sobre la que gira el mensaje de los líderes. Hablan sobre «la esperanza de una generación futura, más pura, que extenderá el mensaje o la luz al mundo». Pero lo cierto es que esas prácticas esotéricas o espirituales —sanaciones, canalizaciones de energía, contacto con seres de luz— son utilizadas para terminar justificando cualquier conducta abusiva.

Clave en casos como ‘Los Miguelianos’ o el homeópata de Sabadell

Desde hace más de dos décadas el psicólogo y psicoterapeuta Miguel Perlado, especialista en sectas, atiende a nivel clínico y forense a familiares y supervivientes de este tipo de grupos. Ha intervenido como perito especialista en más de 50 juicios relacionados con sectas, entre los más recientes, el caso del homeópata de Sabadell, el de los Miguelianos en Galicia, la secta del maestro iluminado de Barcelona, y ahora con la secta ‘La Chaparra’ del ‘Tío Toni’ en Vistabella del Maestrat.

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