Irina tiene 20 años. Ayer cruzaba la frontera de Ucrania con Polonia. Lo hacía con su hermana Yana, de 29 años, y su sobrina, Kapitalina, de tan solo 5. Las tres son ucranianas y, según confiesa Irina, tienen «miedo». Hasta ahora vivían en Slavútych, una ciudad de unos 25.000 habitantes a tan solo 45 kilómetros de Chernóbil, en el norte del país. Allí Irina y Yana han tenido que despedirse de su padre. Mañana está previsto que lleguen las tres en autobús a València.

«No teníamos ya comida, solo quedaba agua y leche»

Irina, Yana y Kapitalina se sumarán así a las más de 1.100 personas que la Fundación Juntos por la Vida ha conseguido traer a España procedentes de Ucrania desde que comenzó la invasión rusa. Irina ya había estado en València. «Creo que doce veces», dice en un perfecto español. Con 8 años realizó su primera visita a la capital del Turia, con una familia de acogida, que ahora volverá a abrirle los brazos, pero por otro motivo totalmente distinto, y sin fecha de regreso.

«Estábamos al lado de una ciudad donde los rusos estaban bombardeando. No teníamos ya comida, solo agua y leche. No sabíamos si iban a empezar a atacar a nuestra ciudad, así que decidimos salir», relata Irina, que explica que fueron en el coche de su cuñado y con un voluntario. «Cada día salen unos 20 coches de Slavútych con voluntarios para huir», añade la joven, que trabajaba en un hotel hasta el momento en que Vladimir Putin decidió iniciar la invasión. Ahora, a su llegada a València, todavía no sabe qué hará. «No lo hemos pensado todavía. Bastante hemos tenido con salir de aquí», reflexiona.

«¿Y cómo lo lleva Kapitalina (la sobrina de 5 años)?», pregunta el periodista. «Lo lleva bien. Lo está entendiendo todo, que los rusos están atacando Ucrania y pueden lanzarnos bombas o hacernos cosas malas en cualquier momento y por eso tenemos que irnos», resume Irina.

De las más de 1.100 personas que ha llevado la Fundación Juntos por la Vida desde el 6 de marzo de Ucrania a España, más de 550 han llegado a València. Para ello cuenta con un equipo de treinta voluntarios en suelo español, seis locales en territorio ucraniano y ocho voluntarios en el centro de recepción de refugiados de Pzremysl, en Polonia.

Gracias a donaciones privadas

A esta ciudad, de unos 60.000 habitantes, llegan una media de 17.000 personas al día procedentes de suelo ucraniano, según explica Clara Arnal, cooperante de la fundación, que insiste en que toda la labor se realiza gracias a voluntarios y donaciones privadas. «Las personas que llegan hasta aquí lo han perdido todo y se preguntan dónde ir», lamenta Arnal, que se encuentra ahora mismo en Polonia y que recuerda el caso de Eva. Llegó al centro de refugiados con tan solo 9 días de vida. Nació durante la guerra. Su madre se lanzó a la carretera para ponerla a salvo del conflicto bélico. València, y no Ucrania, será ahora quien la vea crecer.

La pequeña Eva salió de Ucrania con tan solo nueve días de vida. Nació en plena guerra. Ahora ya está en València.