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Once acuíferos no logran reducir los nitratos como reclama la UE para 2027

La Confederación del Júcar señala en el plan de cuenca que la recuperación de las aguas subterráneas es «muy lenta» y refuerza las medidas de control

Imagen de archivo del río Xúquer a su paso por la comarca de la Ribera.

Once masas de aguas subterráneas del Júcar están tan contaminadas por nitratos que no podrán alcanzar los objetivos ambientales que marca la Unión Europea para 2027. El ritmo de recuperación es demasiado lento por lo que se requiere de acciones coordinadas por parte de todas las administraciones y sectores implicados, tal como señala el Plan Hidrológico de los próximos seis años. La magnitud del problema ha obligado al organismo de cuenca a reforzar las redes de control del estado ecológico y químico tanto de acuíferos como de aguas superficiales con un presupuesto total de 9,4 millones.

La futura planificación incluye un capítulo donde se establecen los umbrales máximos promedio de excedentes de nitrógeno para cumplir con las exigencias del Green Deal o Pacto Verde Europeo. En aquellos puntos en riesgo se plantea una reducción del 50 %, frente al 25 % para aquellas en buen estado. Sin embargo, para Azuébar-Vall d’Uixó y Llíria-Casinos se fija una disminución en el uso de nutrientes del 80 %. Algo contemplado en el decreto aprobado por el Gobierno el pasado mes de enero sobre la protección de las aguas frente a la contaminación producida por los nitratos procedentes de fuentes agrarias.

El texto normativo apunta que Europa considera este como un problema central en sus políticas ambientales y agrarias, que pasa por una disminución del 20 % en el uso de fertilizantes. Las metas que establezcan los Estados miembros respecto a estos objetivos se deberán alcanzar antes de finales de 2030, aunque tres años antes es el plazo límite según la Directiva 2000/60/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 23 octubre de 2000.

Abonos verdes

El Plan Estratégico del Gobierno apuesta por herramientas como la producción integrada o ecológica, así como toda una serie de buenas prácticas como los abonos verdes o la reconexión de la actividad agrícola y ganadera extensiva. Pero también se proponen técnicas de conservación basadas en la naturaleza, como la restauración de humedales, la regeneración de los bosques de ribera o las llanuras de inundación que pueden revertir la contaminación presente en las aguas.

El Ministerio para la Transición Ecológica tiene identificadas 67 masas de aguas contaminadas por nitratos en las cuencas valencianas. Entre las subterráneas 23 están en la demarcación del Júcar y otras 13 en el Segura. En cuanto a las superficiales, el primero tiene 21 y el segundo, 10. Así figuraba en un informe hecho público por el departamento de Teresa Ribera en 2019 como primer paso para que las comunidades autónomas establezcan limitaciones a los agricultores no solo en los cultivos, sino también en su almacenamiento para evitar las peligrosas filtraciones al subsuelo.

Lo cierto es que desde la Dirección General del Agua se establece que las zonas vulnerables deberán examinarse como mínimo cada cuatro años para tener en cuenta los cambios o factores no previstos en el momento de la designación como tal. No es este un problema menor, pues más de 200.000 valencianos residen en zonas con exceso de nitratos en el agua.

Cuestión que llevó a las Corts Valencianes a crear una comisión que durante tres años profundizó en los motivos del exceso de nutrientes y que finalizó en octubre de 2018. Comarcas como la Ribera pero también el Camp de Morvedre sufrieron especialmente esta situación que incluso en los años noventa llevó a prohibir el consumo a aquellos segmentos de la población más frágiles en localidades como Carcaixent o Alzira. La entrada en funcionamiento de distintas plantas de tratamiento aliviaron la anomalía, aunque no hay estudios epidemiológicos concluyentes sobre el tema.

Un recurso clave para mitigar los efectos del cambio climático

Sobre la importancia de un buen estado ecológico de las aguas subterráneas se pronunciaba ayer Jaime Gómez Hernández, responsable del Grupo de Hidrogeología del Instituto IIAMA de la Universitat Politècnica de València, con motivo del Día Mundial del Agua. El catedrático de Ingeniería Hidraúlica señala que la protección de estas aguas «invisibles» es «imprescindible» por ser un «elemento clave en el funcionamiento de muchos ecosistemas y la preservación de la biodiversidad». Destacando además su papel para mitigar los efectos del cambio climático.

Gómez Hernández incide en que las confederaciones hidrográficas proponen medidas tendentes a potenciar su regeneración y mejorar su estado. En el c aso de la deamarcación del Júcar, recuerda, los tres problemas que se detectan con relación al estado químico de los acuíferos son la contaminación difusa por nitratos, por productos fitosanitarios y la intrusión salina en los acuíferos costeros.

Faltan redes de control

El investigador se queja de la falta de profesionales hidrogeólogos en los organismos de cuenca y de la escasez de unas redes de observación que permitan conocer en tiempo real el estado de los acuíferos, que en España abarcan más del 70 % del territorio, suministran agua a más del 30 % de la población, y se estima que, de su volumen total, entre 20.000 y 30.000 h3 corresponden a recursos renovables anualmente.

Para el catedrático es fundamental asegurar la sostenibilidad del recurso, tanto en lo que se refiere a la cantidad de agua disponible como a la calidad de la misma. Y alerta de que la sobreexplotación puede producir variaciones en el nivel freático que afecten muy negativamente el caudal de base de ríos y manantiales, o la biodiversidad.

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