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Integración en las aulas para olvidar la guerra que se queda atrás

Los colegios e institutos valencianos adaptan su día a día para recibir a los menores ucranianos que han huido de la invasión rusa

Menores ucranianos en el CEIP Vicente Blasco Ibáñez junto a Yasmina López, directora del centro. Fernando Bustamante

La frase "Laskavo prosymo (bienvenidos en ucraniano)" se queda escrita en una de las pizarras del CEIP Vicente Blasco Ibáñez en València. Sus aulas llevan años recibiendo alumnado de Rusia y de Ucrania, pero nunca antes había cobrado tanto significado la inclusión educativa.

Desde el pasado lunes, las puertas de este pequeño centro se han abierto para acoger a cuatro niños y niñas, de entre cuatro y diez años, que han llegado huyendo de la guerra. El recibimiento fue muy especial por parte del colegio: carteles, fiesta y una foto con la que va a ser su nueva clase. Ya son parte del grupo.

Todos los escolares recién llegados tenían familia en València antes del conflicto. Dos de ellos incluso cuentan con una hermana y una prima que estudia allí desde hace años. No hablan español y alguno de los más mayores se comunica en inglés. Por eso, llegan acompañados por uno de sus compañeros de clase ucraniano que ya lleva varios cursos en el colegio.

Esta medida forma parte de su Plan de Acogida para el Alumnado de Nueva Incorporación. El centro asigna a los pequeños "un padrino", en este caso, de habla rusa o ucraniana para que la comunicación sea más fácil.  "Nos ayudan muchísimo", reconoce Yasmina López, directora del colegio público y maestra en Infantil. 

Tan solo han pasado dos días desde que se incorporaran a su nueva escuela, pero a López le sorprende "la calma y la tranquilidad" con la que han llegado. A pesar de todo. Su prioridad en estos momentos es "procurar que sean felices y estén a gusto". "Queremos crear un clima agradable, tranquilo. Que cuando lleguen todo lo que les preocupa se quede en la puerta durante ese rato y adquieran la normalidad que necesitan", subraya la directora.

Y, en este sentido, la respuesta del alumnado ha sido ejemplar. "Se han visto acogidos y muy apoyados por el resto de los compañeros y compañeras. Aquí se sienten queridos", señala Laura Fornas, jefa de estudios y maestra de Educación Física. Asimismo, el AMPA se ha movilizado y colabora recogiendo alimentos y ropa con una oenegé.

Adaptar los recursos

El apoyo gestual, las imágenes o el lenguaje corporal están siendo fundamentales estos primeros días. Aunque los menores ya han empezado a aprender el castellano y asisten también a las clases de valenciano. Fani Durà es tutora en 5º de Primaria y ha recibido a uno de los menores refugiados. El mismo día que se incorporó le dio una ficha de vocabulario básico.

"Estos días me voy a centrar en la hoja que le he dado, para que pueda comunicar las sensaciones que vaya teniendo. Le dimos el material y está super agradecido", afirma la tutora. No obstante, para ella lo principal es "hablar con él, preguntarle todos los días cómo está y qué necesita", insiste.

Daniel Adrián, tutor de 2º, también está adaptando recursos educativos para los dos pequeños que han llegado al grupo. "Nos centramos en el vocabulario, con muchas fichas y dibujos para que poco a poco aprendan el idioma. Además, como son más pequeños, hacemos actividades en grupo y ya se han integrado muy bien en la dinámica de clase", apunta.

Menores ucranianos en el CEIP Vicente Blasco Ibáñez junto a Yasmina López, directora del centro. Fernando Bustamante

En la asignatura que imparte Laura, Educación Física, la participación es muy importante y la experiencia hasta el momento ha sido "muy buena". "Procuro hacer bastantes ejemplos y ellos por imitación siguen la clase. Se lo están pasando muy bien, sobre todo gracias a la ayuda de sus compañeros y compañeras", relata la jefa de estudios del colegio.

También se está reorganizando al personal de apoyo. "Intentamos que haya dos profesionales de refuerzo dentro de las aulas a las que se han incorporado, con más atención individualizada", explica la directora del colegio.

Desde el centro, además, se lleva trabajando semanas sobre el conflicto, porque muchos de sus alumnos, que provienen de Ucrania y Rusia, ya mostraban "preocupación". "Nosotros les explicamos la situación porque muchos preguntaban, pero trabajamos siempre desde la educación en valores como la solidaridad, el compañerismo y la paz", declara la directora.

El resultado fue un vídeo para decir "No a la guerra" en el que se volcó todo el colegio. "Aquí no hay bandos ni hay nada, solo hay solidaridad en estado puro. Los niños rusos se desviven por ayudarme. La situación es difícil para todos y lo que estoy viviendo ahora aporta muchas cosas buenas y positivas para la clase. Estamos todos mostrando nuestra mejor versión", destaca Durà.

Recibimientos también en la ESO

En el IES Clara Campoamor de Alaquàs el profesorado también trabaja para adecuar los materiales a los nuevos alumnos. En este caso, tienen un total de 10 estudiantes -de los 96 de Ucrania escolarizados recientemente en el municipio- en todos los cursos de la ESO: dos en 1º, uno en 2º, tres en 3º y cuatro en 4º, a la espera de más llegadas.

“Siempre hay un goteo de alumnado recién llegado a lo largo del curso, pero no 10 de golpe. Tienen la peculiaridad de desconocer por completo el idioma y esto sí supone un reto para el profesorado, que se ha tenido que actualizar de un día para otro, pero nos vamos aclarando”, explica la directora Marian Espert que, a su vez, es concejala de Educación de Alaquàs.

Para la matrícula y el primer recibimiento, las familias estuvieron acompañadas por los tutores, la orientadora, la coordinadora de Igualdad y Convivencia y el Departamento de Idiomas.

A pesar de esto, la incorporación se ha llevado con mucha alegría e ilusión por ambas partes, apunta, en un IES que ya está todo rotulado en ucraniano. Por un lado, el alumnado que ha huido de la guerra “necesitaba normalizar sus vidas, volver a un centro y a estar con gente de su edad” y el instituto ha vivido “una explosión de felicidad para su recibimiento”, asegura.

“Nuestro alumnado ha sido muy acogedor y estaban impacientes por ver si a su clase iba algún estudiante de Ucrania, lo han vivido con muchas ganas e ilusión”, asegura Espert. “Además, nuestro alumnado seguro que aprenderá más inglés con esto”, avanza la directora.

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