Cristina López es soldado de la UME (Unidad Militar de Emergencias). Ella está en el III Batallón de Intervención en Emergencias y en los primeros compases de la pandemia le tocó ir a donde nadie quería acercarse por miedo al coronavirus: primero a los hospitales, después a las residencias de ancianos donde el virus se coló sin piedad. Una de las cosas que más le impresionó de esos días fue ver el desamparo en estos centros y cómo les pedían ayuda "porque no tenían material, se les morían los ancianos y nos decían que nadie venía a recogerlos". Es uno de los dolorosos recuerdos de la pandemia, que aún mantiene en la retina.

Por ese trabajo de primera línea frente a la covid, Cristina fue ayer una de las 14 mujeres homenajeadas por la Delegación del Gobierno. Todas profesionales en sectores esenciales que "no pararon para que el resto de la ciudadanía pudiera seguir viviendo con normalidad. Hoy en día todavía sois necesarias e imprescindibles", reconoció la delegada del Gobierno, Gloria Calero que presidió el acto junto a la presidenta de la Comisión de Igualdad del Congreso y exvicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo.

La de Cristina es una de las muchas historias de incertidumbre, miedo pero también satisfacción que ayer se pudieron escuchar en el claustro del Palau del Temple. Todas tenían la suya propia porque para todas fueron días difíciles. Junto a Cristina, y como representantes de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado estaba también Marta Corredoira, guardia civil en el puesto de Almussafes: "Sacamos fuerza de donde podíamos para asegurar la seguridad colectiva", explicó o Raquel Uxiera, policía local de Proximidad en València que aseguró que "aún seguimos haciendo terapia de grupo".

"Les cogimos de la mano hasta el último momento"

Quienes también se dejaron la piel en esos primeros días, y lo han seguido haciendo han sido los sanitarios. La médica intensivista Mª Jesús Broch resumió lo que ha sido trabajar en una UCI desde marzo de 2020. "Hemos trabajado duro para salvar muchas vidas pero hemos perdido más de las que queríamos", reconoció al tiempo que lanzó un mensaje a los familiares de esas personas que en los primeros compases de la pandemia murieron en las UCI lejos de sus seres queridos. "Que sepan que les cogimos de la mano hasta el final". La gestora de emergencias en el 112CV, Maite Gabaldón, también recordó esos momentos de trabajar "a destajo, de tensión y muy duros donde todos trabajamos por encima de nuestras posibilidades".

Para la farmacéutica Cristina Pelegrí, esos días fueron una mezcla entre "miedo, incertidumbre y satisfacción de estar haciendo algo por los demás" porque las boticas eran, además, los puntos sanitarios más accesibles. "Resolvíamos dudas y dábamos lo que teníamos cuando lo conseguíamos porque no teníamos ni mascarillas ni test. Fue una oportunidad de hacer algo cuando nadie podía hacer nada", recordó. Desde uno de los sectores más azotados, el sociosanitario, la directora de la residencia PMD de Carlet, Amparo Girbés, reconoció que la pandemia "nos sorprendió a todos" y aún estaban "aprendiendo a convivir" con un virus que les hizo pasar por un periodo duro y agotador: "desconocíamos la enfermedad y no teníamos medios de prevención".

Taxistas, cajeras, periodistas...

Junto a ellas, desde Delegación del Gobierno quisieron contar con representantes de otros sectores esenciales que también estuvieron al pie del cañón como taxistas, el sector de la alimentación o el de los medios de comunicación. Así, Alicia Nadal, que en aquellos meses trabajaba en un pequeño supermercado de barrio quiso romper una lanza por esa labor que hicieron "cajeras, tenderas, reponedoras... son empleos minusvalorados pero estuvieron al pie del cañón, atendiendo y poniendo orden en los días en el que el miedo se nos apoderaba".

Por parte de los medios de comunicación, la fotoperiodista Eva Máñez recordó lo difícil que fue hacer su trabajo en aquellos días para dejar constancia de imágenes que son ya "memoria colectiva". "La libertad de prensa fue otra víctima más de la pandemia", aseguró. Por parte de la prensa, la periodista de Levante-EMV, Victoria Salinas, reivindicó el papel como servicio público que desarrollaron los medios de comunicación en esos primeros meses donde había "mucho que explicar, muchas preguntas y más en tiempos de bulos y noticias falsas. Para eso hace falta periodistas y a ser posibles especializados, porque sin periodistas no hay periodismo".

"Para las víctimas de violencia machista, el confinamiento fue un infierno"

Entre las catorce mujeres homenajeadas, hubo dos con un trabajo que se vio especialmente afectado con el encierro: el de aquellas que protegen a las víctimas de la violencia machista como Julia Felisa Ruiz, Policía Nacional y Carla Mercé, jefa de la unidad de coordinación contra la violencia sobre la mujer de la Delegación del Gobierno. La primera reconoció que para las mujeres que tuvieron que encerrarse con sus agresores fue "un infierno. No podían escapar" pero, sin embargo, para las que ya estaban bajo protección "fue una liberación". "El confinamiento incrementó la sensación de impunidad", lo que les obligó a redoblar esfuerzos.

A todas ellas (también a la taxista Carmen Martín y a la técnica de emergencias sanitarias, Izaskun Arrube que no pudieron asistir), la exvicepresidenta del Gobierno Carmen Calvo las puso de ejemplo por "su valor y su honestidad". "Las mujeres ya no estamos en la oscuridad y nos ha costado mucho trabajo. Conviene que la sociedad no lo olvide", aseguró. La diputada y actual presidenta de la Comisión de Igualdad del Congreso, también recuperó uno de sus peores momentos de esos primeros días: "Yo estaba redactando un Real Decreto Ley para confinar a todos mis compatriotas y no me las he visto más negras en mi vida y espero no verme otra vez ahí". De hecho, una de las primeras cosas que ha pedido ha sido que este trabajo de estas mujeres y de tantas otras "no caiga en balde" ante la covid, para no volver a esos días negros.