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Clases de castellano para rehacer su vida a salvo de las bombas

Voluntarios divierten a los pequeños durante las clases

Refugiados y refugiadas de Ucrania reciben clases de español gratuitas en el Centre d’Idiomes de la Universitat de València. | MIGUEL ÁNGEL MONTESINOS

En una de las aulas del primer piso del Centre d’Idiomes de la Universitat de València (UV) suena a coro el himno ucraniano, provocando incluso algunas lágrimas de emoción. Son las voces de los refugiados y refugiadas de Ucrania que se han visto obligados a abandonar su país, dejando allí gran parte de su vida, y que ahora asisten a las clases gratuitas de español para las personas desplazadas de la guerra que se imparten cada semana en el edificio.

«Además de que estoy aprendiendo español, aquí somos un grupo, casi todo mujeres, podemos conocernos entre nosotras y a veces tenemos preguntas similares sobre la vida aquí y en Ucrania. También se trata de la amistad», relató a este diario Marina, de 39 años, al finalizar su sesión. La joven salió de Kiev, su ciudad natal, la mañana del 24 de febrero, día en el que inició la invasión rusa a Ucrania. Tras pasar por la parte occidental de su país, por Polonia, donde fue acogida por voluntarios, y por Berlín, llegó a València el 7 de marzo.

En la Comunitat Valenciana ya se han tramitado más de 21.000 tarjetas SIP, se han resuelto casi 16.000 protecciones temporales y se han escolarizado a más de 4.200 menores. Al impacto emocional que les ha podido provocar el conflicto se suma, además, la incertidumbre de llegar a un lugar nuevo, del que no conocen el idioma y con el que, en muchos casos, no tienen ningún vínculo. Por eso, superar la barrera lingüística es parte fundamental para su integración social y para que puedan retomar la normalidad que les ha sido arrebatada. Desde la UV, siendo conscientes de esta necesidad, decidieron impulsar un curso intensivo de español, con una duración de dos meses, para los refugiados y refugiadas ucranianos. La iniciativa se está llevando a cabo gracias al convenio entre el Vicerrectorado de Internalización y Cooperación y Divina Seguros.

Así, tras una primera toma de contacto el pasado 12 de abril y con las vacaciones de Pascua de por medio, las clases se iniciaron el día 26. «Hemos hecho tres grupos de lunes a viernes, uno a las 9:30 horas, otro a las 11:30 y otro a las 17:30, que ya se han desdoblado», explicó Daniel Adell, director de Estudios del centro. Además, está previsto que este lunes, 9 de mayo, se sumen 47 estudiantes en tres grupos nuevos.

Durante las clases aprenden la lengua, pero también cuestiones relacionadas con la «integración sociolingüística, conocer la Comunitat Valenciana y también algunas características de nuestro bilingüismo». De hecho, a partir del día 13 de mayo, también podrán recibir clases de valenciano.

La idea es que adquieran un nivel básico, entre el A1 y el A2, suficiente para poder reconstruir su vida en España. «Hemos intentado preparar un material básico para que puedan ser capaces de desenvolverse en su vida cotidiana, como ir a comprar, hacer una entrevista de trabajo o entender los trámites legales para vivir aquí. Siempre van a tener tiempo de seguir aprendiendo, pero ahora necesitan urgentemente poder defenderse», apuntó Vanessa Izquierdo, coordinadora del Área de Español.

Para Marina, lo más importante de estudiar el idioma es la oportunidad de «hablar con las personas». «Estoy muy feliz de que se ofrezcan estas clases. Vengo cada mañana y cuando estoy hasta echo un poco de menos mi tiempo en la universidad», reconoció. Aunque también estudian la parte gramatical, señaló Izquierdo, el objetivo es que sea «comunicativo». «Intentamos que pierdan el miedo a utilizar una lengua que no es la suya y en un país que desconocen totalmente. Además, los profesores se adaptan a sus necesidades», añadió.

Apoyo para los niños y niñas

El Centre d’Idiomes cuenta en estos momentos con unos nueve docentes y hay ya cerca de 150 personas matriculadas, en su mayoría mujeres jóvenes. Algunas de ellas han viajado desde Ucrania junto a sus hijos e hijas. De esta manera, tanto los horarios como el tiempo que pasan en el aula se han ajustado a su situación. «Habíamos pensado abrir un grupo a las 15:30 horas, pero muchas alumnas con niños pequeños tenían que ir a recogerlos y era inviable. Así que lo retrasamos a las 17:30», explicó Izquierdo.

Además, disponen de voluntarios de Magisterio y Psicopedagogía para atender y jugar con los menores mientras se desarrolla el curso. «Como tenemos pocos espacios disponibles y no queremos que nadie se quede fuera, habilitamos en la planta de abajo un aula para dar clase. El primer día, cuando vinieron algunos niños, nos encontramos con que tenían miedo porque estaban en un sótano. Ahora, hemos abierto un espacio común al lado de secretaría. Ahí se sienten mejor y además nos dan alegría», detalló Adell.

Por su parte Izquierdo destacó que, al estar cerca de un gran ventanal con acceso a la parte exterior, «pueden salir, desahogarse un poco y olvidar todo lo que llevan detrás». En este sentido, se ha puesto ya en marcha también un servicio de apoyo psicológico, con voluntarios de la Facultad de Psicología, para aquellas personas que lo necesiten. «Vienen de una situación horrorosa, de abandonar su casa, su familia, y llegan a un país que no conocen y con una lengua que no hablan, pero siempre que nos cruzamos con ellos tienen una sonrisa y una palabra de agradecimiento. Ojalá pudiéramos hacer más», concluyó.

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