«Como una discoteca de verano a las seis de la madrugada: están los que quieren continuar la fiesta, los que están ya cansados y los que no saben qué hacer ni por dónde tirar». Es el resumen que un alto cargo realizaba ayer de las primeras horas del día, en las que había tenido lugar el penúltimo pleno de este Consell y que había tenido sus momentos de tensión.

Todo suma en el zurrón de las sensaciones, las alegrías y los disgustos cuando los acontecimientos pasan tan veloces. Sucede que el pleno llegaba el día después de que la vicepresidenta y líder de Compromís, Mónica Oltra, se quedara esperando un encuentro o una llamada del president, Ximo Puig, para notificarle ella el relevo del conseller Vicent Marzà. No pudo ser. Puig tenía una agenda cargada. La comunicación no pudo ser así hasta ayer.

Pero con esos precedentes llegaba Oltra al pleno y quizá algo tuvo que ver ello en la sucesión de extraños acontecimientos del día.

De lo que pasa en las paredes del pleno no se habla, aunque las consecuencias se observan desde fuera. Se vieron cuando el Consell tenía que volver a ser convocado por segunda vez en el mismo día para aprobar la destitución como secretaria autonómica de Cultura de Raquel Tamarit. Es el paso previo y necesario para que la dirigente de Compromís pueda ser nombrada hoy consellera de Educación y Cultura en sustitución del dimisionario Marzà.

¿Era necesario convocar un segundo pleno en el mismo viernes? Ahí existen opiniones discrepantes. Y que, según las fuentes, se plantearon entre los consellers. En algunas ocasiones se han resuelto decisiones sobre nombramientos como acuerdos del Consell, sin los pasos reglamentarios previos. Oltra es la secretaria del Consell, así que habría planteado sus reticencias a vías extraordinarias para salvar el error de no haber llevado el cese de Tamarit en el orden del día.

Todo acabó con la convocatoria de un pleno a las 20.00, a unas horas que un malpensado diría que habían sido escogidas para molestar, y que duró menos de un minuto.

En el pleno del Ejecutivo (el primero) se vivió también la despedida de Marzà. «Ha recibido calor y aplausos. Nos hemos abrazado más de la cuenta», dijo Oltra en la comparecencia de prensa posterior. Fue una «despedida emotiva y un aplauso sentido».

Era en ese momento la única salida oficial, aunque entre los socialistas se detectaba la tensión. Después de varios días de quinielas y comentarios extendidos, hay pocas sorpresas. Los señalados saben quiénes son. Y es difícil ocultar emociones. Para algunos, bastantes entre la cuota socialista, esta aventura se acaba.

Segundo escalón, más tarde

El desenlace de estos días se debe vivir esta mañana. Si no es así se podrá interpretar que el president de la Generalitat encuentra dificultades finales para encontrar ese perfil que suponga esa inyección de ilusión y renovación que quiere para la recta final de la legislatura.

Los nombramientos quedarán restringidos en esta tanda a la primera línea del Ejecutivo. No habrá designaciones en el segundo escalón. Ese melón se quiere compartir con los consellers nuevos. Que tengan decisión y propongan sus equipos. Habrá por tanto una segunda fase en la remodelación en la medida que se vaya completando la escalera de secretarios autonómicos y directores generales en los departamentos afectados que, según todos los indicios, van a ser Educación, Sanidad, Innovación, Hacienda y Territorio.

Las designaciones en la estructura inferior que sí se pueden esperar son las de la dirección general de Cooperación Internacional, dado que quien ocupa el cargo, Xelo Angulo, pasa a las Corts a ocupar el escaño de Manolo Mata. Si no hay sorpresa, la elegida puede ser la ahora jefa del gabinete de Vicent Soler, la exdiputada Clara Tirado.

Otro nombramiento que podría realizarse es el de la secretaría autonómica de Cultura, el puesto que Tamarit deja vacante para pasar a ser consellera. Depende de Compromís.

La larga espera parece que llega a su fin. La remodelación más pronto anunciada debe ejecutarse en las próximas horas. La tensión acumulada ha empezado ya a resolverse. A Puig le queda articular el relato de toda la operación y hacerlo creíble.