Acostumbrados a resaltar el riesgo por inundaciones. solemos pasar de largo de un riesgo natural que a nivel global tiene una importancia considerable, el de los deslizamientos. En muchos casos la combinación de cierto tipo de eventos meteorológicos y de una litología determinada, sumada a las pendientes de ciertos entornos geomorfológicos dan lugar a que enormes masas de tierra se deslicen hacia su nivel de base. Tampoco es imposible que esas situaciones se combinen con pequeños movimientos sísmicos que ayuden a acrecentar los fenómenos anteriores. Como en otras ocasiones en estos temas, si no hay hombres afectados o interactuando con estos peligros no hay riesgo propiamente dicho, solo son fenómenos naturales. El problema es cuando el hombre ayuda a romper la estabilidad de estas laderas por un cambio de usos del suelo, deforestando o impermeabilizándolas, o cuando sitúa sus viviendas, fábricas o infraestructuras en terrenos que pueden verse afectados por estos fenómenos. Vivo en una comarca donde son habituales las lluvias persistentes capaces de acumular muchos litros en varios días y este año, entre marzo y mayo, se han dado muchas veces. En ella además hay grandes espesores de arcillas impermeables, en los que se ha encajado la red fluvial, dando lugar a fuertes pendientes. Curiosamente, el mismo proceso afecta a las edificaciones antiguas construidas con esos materiales deleznables y mal mantenidas que también caen ante este tipo de fenómenos. Con perspectiva histórica, el hombre intentó luchar contra estos riesgos aterrazando estas laderas para escalonar la acción de la lluvia y menguar la pendiente, pero el abandono de las actividades agrarias y la impermeabilización de laderas, por cambios en usos del suelo, así como la construcción de algunas infraestructuras, sin ningún tipo de conocimiento de estos procesos, ha acrecentado las consecuencias de estos fenómenos. Los casos del Barranc de Caraita en Benillup, que amenaza con llevarse el pueblo por un proceso de erosión regresiva remontante, o los numerosos deslizamientos y caída de casas en Alcoi, Cocentaina u Ontinyent ponen de manifiesto el aumento de este tipo de riesgos, que no se asocia a lluvias torrenciales sino persistentes, tanto por un posible aumento del peligro natural, como de la exposición o la vulnerabilidad, y demuestran la necesidad de abordar de forma integral este problema que afecta a lo publico y a lo privado, yendo más allá de la socorrida expresión italiana de “piove, porco governo”