Migraciones
Cuatro años del desembarco del Aquarius: "La gran mayoría de los que llegaron no tienen el asilo"
Casi 1.500 días después, solo 58 de las 629 personas que desembarcaron tienen papeles y 93 todavía tienen sus expedientes en trámite | "Me aceptaron la protección internacional hace un mes", dice Mirabelle Kengne, una de las personas que llegaron en el barco

Varios solicitantes de asilo que llegaron en el Aquarius hace 4 años. / German Caballero

"El mes pasado contestaron a mi solicitud de asilo". Han pasado cuatro años de la llegada de Mirabelle Kengne a València a bordo del Aquarius. Ella fue una de las 629 mujeres y hombres que desembarcaron en el puerto de València entre cámaras de televisión y personalidades políticas y bajo la promesa del Gobierno de darles acogida. Una promesa que no se cumplió.
De las 629 personas que llegaron, solo 58 tienen papeles hoy -39 de ellas de Sudán, país con el que España tiene trato preferente-. A penas 60 fueron aceptadas en Francia y 93 todavía están pendientes de una resolución de su caso, según datos del Ministerio de Interior. 1.460 días después. Al resto les denegaron el asilo. Uno de ellos es Moses Von Kallon, de Sierra Leona, que forma parte, como Mirabelle, de la asociación Aquarius Supervivientes. "El Gobierno nos dijo que nos iba a ayudar, pero luego no hizo nada. Nos decepcionamos", explica la mujer, migrante de Camerún.
Ella recibió respuesta tres años y once meses después. En este tiempo ha vivido de seis meses en seis meses. Es el tiempo que dura la "tarjeta roja" 'temporal' para los solicitantes de asilo. Cada seis meses le tocaba buscar cita y renovar. Hasta ahora, que está buscando una vivienda para poder reunirse con sus hijas y traérselas de Camerún. La tarjeta le habilita para trabajar, pero poco más como poder pedir una hipoteca o realizar otros planes a largo plazo. El primer trabajo de Mirabelle, unos meses después de llegar a España, fue en el Hospital La Fe de València, de limpiadora.
De las 629 personas que llegaron solo 58 tienen papeles hoy, y 93 están todavía pendientes de la resolución de su solicitud de asilo
Dice que lo ha pasado fatal estos tres años, especialmente en 2021 donde no veía fin a su proceso de pedir cita y renovar documentación de seis meses en seis meses. Cuenta que ha llorado mucho por sus hijas. Y explica que, a día de hoy, "la mayoría de las personas que conozco que llegaron en el Aquarius no tiene el asilo".
Luchadora contra la ablación
Mirabelle tenía una peluquería en su pueblo de Camerún. También tiene hijas. Durante su trabajo decidió que tenía que empoderar a sus clientas para que no consintieran la ablación de clítoris de las niñas del lugar. Que no podía permitir que esa práctica inhumana que habían perpetrado contra ella se reprodujera una generación más. El resultado fue que los hombres del pueblo quemaron su negocio con ella dentro. Su madre consiguió abrir la puerta de atrás para que escapara.
"Ahora no puedo volver a mi país. De ninguna forma", cuenta. El objetivo al conseguir el asilo casi 1.500 días después es poder reagrupar a sus hijas con ella, aquí en España. Y hacerlo rápido. "Una tiene 10 años y ya ha tenido el primer sangrado. En mi país cuando una mujer tiene la primera menstruación la casan con un hombre. A mi me casaron tarde, con 15, pero a ella le ha venido pronto y tengo miedo", cuenta. Por el momento su madre lo ha oculado a los hombres de la casa. Su padre tiene 4 mujeres.
Se fue corriendo al pueblo de al lado, y los hombres del pueblo le siguieron. Después se fue al país de al lado, Nigeria, y los hombres del pueblo la volvieron a encontrar. Así que decidió que tenía que irse muy muy lejos. Cruzó el desierto hasta Níger también a pie y al final llegó a Argelia, donde tuvo que trabajar durante un tiempo. Cuando las autoridades comenzaron a deportar inmigrantes decidió que tenía que volver a huir, esta vez a Libia. Cuenta que en todas las fronteras fue violada, algunas veces "en la boca porque decía que tenía VIH". Y que a día de hoy su madre y sus hijas tienen que cambiar de casa cada seis meses para que no las puedan localizar los hombres del pueblo.
Libia es un infierno en la tierra para los migrantes, sobre todo para las mujeres. Allí "un hombre me dijo que si tenía previsto quedarme tenía que ejercer la prostitución, que no había alternativa. Y le dije que no. Entonces él me habló de un barco que se llevaba a gente a otros países", y se subió sin saber siquiera a dónde iba a llegar. Vivir huyendo del peligro durante años.
Allí les interceptó un barco mercante, y luego pasaron al Aquarius. Durante semanas estuvieron escuchando que ningún país de Europa los quería. Pasaron de ser personas a ser un problema. Unas fichitas en el tablero político. Fichitas que lloraban en el barco. "Unas decían que nos calmaramos, que al final nos llevarían a Italia. Otras no paraban de llorar por si nos devolvían a Libia. Y otras decían que antes se tiraban por la borda que volver allí", recuerda Mirabelle.
Una voz propia
El destino nunca fue España. A decir verdad no había destino, solo terror en la huida. Pero acabó aquí por casualidad, el país en el que ahora trabaja. Muchos todavía no tienen papeles, a otros directamente se los rechazaron. Pero aún así se juntaron, construyeron la Asociación Aquarius Supervivientes porque "queremos tener voz. Hablar de lo que pasamos y estamos pasando y que la gente escuche nuestra historia". Así de fácil. Tener voz.
Además de la asociación Mariabelle se asocia con otra mujer francesa para dar charlas a mujeres migradas recién llegadas a la Comunitat. "Hablamos de derechos humanos, les decimos que aunque seamos mujeres tenemos derecho a hablar. Yo no quiero que más mujeres pasen por lo que yo he pasado", remacha. "Muchas de ellas llegan con ese pensamiento machista en el que solo el hombre puede tener palabra. Y les decimos que no, que nosotras también tenemos", explica.
En su país también ha creado una asociación para ayudar a las niñas de su pueblo. Ese del que tuvo (y tiene) que huir porque la quieren matar. Se llama "las 17 margaritas de Bameka". Bameka es su pueblo, y las margaritas las 17 niñas que podrían sufrir ablación. Antes había 18 margaritas, pero una no sobrevivió a la pasada de la cuchilla.
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