La negociación de los presupuestos ha sido tradicionalmente el momento más complicado de cada año para los partidos que conforman el Botànic, PSPV, Compromís y Unides Podem.

Las broncas más sonadas en el seno del tripartito han girado en torno a las cuentas. Las de los dos últimos años han sido especialmente ásperas. En la última edición, una comisión política, formada por cargos de los tres partidos, asumió el papel principal de la negociación, ninguneando incluso a la Conselleria de Hacienda. El tira y afloja provocó que por primera vez las cuentas se presentaran fuera de plazo en las Corts por unos días.

La negociación de los presupuestos del Botànic ha dejado imágenes cruentas que ya evidenciaban mucho antes del desenlace de esta semana con la salida de Mónica Oltra del Consell el desgaste de la relación entre el presidente y la vicepresidenta o entre la también lideresa de Compromís y la Conselleria de Hacienda.

Estampas como la del titular de Hacienda y la vicepresidenta a gritos en el patio del Palau, conselleras recién aterrizadas al borde de la dimisión porque le volaba hacia otra conselleria una partida importante que estaba presupuestada han formado parte del tira y afloja. Muchas cuerdas se rompieron de tanto estirar aunque siempre se acababa por poner al mal tiempo buena cara. Como si nada hubiera pasado.

Pero en este ocasión todo parece distinto. La negociación del último presupuesto que le queda al Consell del Botànic para redondear la cifra de ocho consecutivos aprobados en dos legislaturas está a la vuelta de la esquina. Serán los primeros para el nuevo conseller del área, Arcadi España. En cuanto pasen los meses vacacionales y el debate de política general de finales de septiembre, los presupuestos volverán a la actualidad hasta final de año cuando se aprueben definitivamente, como es habitual, sobre las fechas navideñas.

A once meses ya de las elecciones autonómicas las tensiones internas en el seno del Consell se van a relajar. A nadie le interesa generar fricciones con tan poco tiempo antes de la cita con las urnas. Andalucía ha demostrado que la estabilidad y la moderación son valores que cotizan al alza. Y los liderazgos tranquilos y sin estridencias generan mucha más simpatía en el electorado.

En Compromís admiten que las relaciones entre los partidos del gobierno, especialmente con el PSPV, se van a relajar en la nueva etapa postOltra y que las peleas por unos cuantos millones de euros en los presupuestos para una conselleria u otra ya no se van a producir. La nueva vicepresidenta, Aitana Mas, entra a dirigir por ejemplo una conselleria como la de Igualdad y Políticas Inclusivas que tiene un presupuesto de dos mil millones para todo el año cuando las elecciones son en mayo, es decir que ya cuenta con un capital muy importante, que es verdad que Oltra ha incrementado durante años por su capacidad negociadora, un presupuesto que ha conseguido que se garanticen derechos a personas que antes no los tenían.

Mas no es una desconocida en el mundo de los presupuestos. En calidad de portavoz de Hacienda del grupo parlamentario de Compromís ha participado en numerosas negociaciones presupuestarias en las Corts.

La gestión de la pandemia ha reforzado a gobiernos de todos los colores. Ningún ejecutivo, sea del color político que sea, que haya convocado o adelantado elecciones desde 2019 las ha perdido: Galicia, País Vasco, Cataluña, Madrid o Castilla y León tiene el mismo color político que antes de la pandemia. En pocos meses le tocará a la Comunitat Valenciana.

Además, el president de la Generalitat, Ximo Puig, ha asegurado este jueves que Aitana Mas podrá aportar "una nueva ilusión y un impacto positivo desde la juventud" como vicepresidenta portavoz y consellera de Igualdad tras la dimisión de Oltra.