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La temperatura del agua del Mediterráneo frente a València supera su máximo histórico

La boya que registra la temperatura de las aguas litorales marca 29,62 grados centígrados a las 17:00 horas

Situación de la boya de València

La temperatura superficial del agua del mar no deja de romper registros. La boya de València se situaba a las cinco de la tarde en 29,62 ºC, máximo histórico en ese punto. El anterior récord estaba en 28,65 ºC alcanzados el 7 de agosto de 2015. Así lo destaca la Agencia Española de Meteorología en la Comunitat Valenciana, a falta de la validación final por Puertos del Estado. Situación que confirma la creciente tropicalización del Mediterráneo de la que advierten los expertos.

Como ya publicó Levante-EMV a principios de julio en algunos puntos los termómetros marcaban unos preocupantes 29 grados, que auguraban un imparable ascenso conforme avanzara el verano. La concatenación de olas de calor terrestres y también marinas abocan a un escenario de lluvias torrenciales si se produce la entrada de alguna inestabilidad meteorológica. Lo cierto es que el litoral valenciano se ha convertido en un auténtico “caldo”, como recordaba el Laboratorio de Climatología de Alicante. Samuel Biener, del departamento de Análisis de Riesgos Naturales de la UA que dirige el catedrático Jorge Olcina, ya apuntaba que de seguir la misma tónica en agosto podrían alcanzarse los 30 º C en muchos puntos del Mediterráneo.

Registro de temperatura media superficial marina desde mayo

Aemet incide en que el máximo de 2015 se ha superado varias veces este mes los días 1,2,7,8 y hoy mismo. Remarca, además, que es aún más significativo que esta anomalía con respecto a los valores normales se viene manteniendo de forma persistente desde hace meses en una amplia zona del Mediterráneo occidental.

El Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo ya alertaba hace semanas este imparable incremento. De hecho, investigadores como Samira Khodayar y Francisco Pastor, ambos en el CEAM, vienen estudiando la proliferación de este fenómeno extremo de las olas de calor marinas, que al confluir con las terrestres, impiden la formación de las refrescantes brisas nocturnas y la repetición de las noches ecuatoriales.

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