No cabe duda de que estamos atravesando uno de los veranos más calurosos que recordamos. Durante el mes de julio la batalla contra las altas temperaturas ha sido extrema. Y hemos tenido que desarrollar, más que nunca, el ingenio para poder sobrellevarlas. No obstante, y más allá del lógico y necesario debate sobre el calentamiento del planeta, quizá es momento de volver a abordar una cuestión adicional: el reloj. Tras el cambio de hora decretado por Franco en 1940, vamos dos horas adelantados al horario solar en verano. Y, aunque nos hemos acostumbrado a que se haga de noche extremadamente tarde, esto, precisamente, no nos ayuda, en absoluto, a sobrellevar el calor. Ir dos horas adelantados al astro Rey no solo supone que se haga de noche más tarde, si no que el calor que vivimos sea el de dos horas antes. Por tanto, además de la imperiosa necesidad de tomar medidas urgentes sobre el calentamiento del planeta, quizá deberíamos, paralelamente, abordar como sociedad una cuestión tan fundamental como nuestros horarios. Y, hasta que consigamos revertir los efectos de la humanidad sobre la Tierra, quizá nos ayude a sobrellevar algo mejor los veranos tan extremos como el presente.