En un trabajo que elaboramos Javier Miró y un servidor hace algo más de un lustro, tras aplicar un indicador de confort térmico, señalábamos que en unas décadas el clima de las ciudades costeras de la provincia de Alicante perdería calidad -confort- debido al incremento de temperaturas en el centro del verano. Y señalábamos que esta cuestión tendría que obligar a los municipios y las empresas turísticas a modificar algunas pautas, instalaciones y equipamientos para adaptarlos al cambio climático. Este verano de 2022 ya hemos podido padecer de los rigores térmicos que nosotros estimábamos para la segunda mitad del presente siglo. Estamos comprobando como pueden ser los veranos de las próximas décadas. Y nos hemos dado cuenta de que el verano en el litoral mediterráneo se ha vuelto incómodo, desagradable, por lo prolongado del calor diurno y, sobre todo nocturno. De niño estaba deseando que llegase junio para que terminase el curso académico y comenzara el verano, con sus días de playa y piscina y sus noches “frescas” que permitían el descanso sin ventilador ni aire acondicionado. Hoy, mucha gente está deseando que pasen pronto estas semanas de julio y agosto y que pueda bajar la temperatura en septiembre. Porque no soportamos un calor tan intenso y prolongado. Aemet acaba de hacer público el resumen climático del pasado mes de julio. El más cálido desde que hay registro atmosférico homologado. Se acabaron los argumentos de los graciosillos que decían estos días que antes también hacía calor y se producían olas de calor. Es que ya no estamos hablando de días puntuales de altas temperaturas. Estamos hablando de secuencias de calor que duran varias semanas y ocasionan un grave deterioro del bienestar. Y ocasionan muertes. Este verano está ayudando para que la sociedad en su conjunto, incluso aquellos que no se lo creían, recapaciten sobre lo que puede ser que siga aumentando la temperatura terrestre y, en nuestra región, la temperatura del mar Mediterráneo, como lo lleva haciendo de forma acelerada en los últimos veinte años. El verano se ha vuelto incomodo. Salvo porque podemos tener días de descanso laboral, nos gustaría que terminara ya.