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La ‘app’ a la Que emigra (en masa) la generación z

BeReal no tiene algoritmos, ni ‘fake news’, no hay constantes acusaciones de interferir políticamente ni fuerza a fingir que tu vida es más interesante de lo que es. Es la salida que encuentran los jóvenes hartos del postureo de Instagram.

Bereal

BeReal, la aplicación nacida en Francia y bautizada entre sus usuarios como el anti-Instagram, está arrasando en todo el mundo a pasos agigantados. Fue lanzada en 2020, aunque el boom no llegó hasta principios de este año, cuando pasó de menos de 200.000 descargas mensuales a un millón. Su crecimiento sigue en aumento, situándose ahora en los tres millones de usuarios que la usan diariamente. Y la curva continúa apuntando hacia arriba.

BeReal brilla por su simple planteamiento. No hay algoritmo (tienes todo el contenido disponible y ordenado por hora de publicación, no hay una inteligencia artificial decidiendo por ti), es muy privada (así que es prácticamente imposible convertirse en influencer), y solo se puede publicar, como máximo, una vez al día, a través de un método basado en notificaciones: a una hora aleatoria del día, la app te reclama y, entonces, habilita el periodo para que todos sus usuarios suban una fotografía de lo que están haciendo en ese preciso instante. Así, si se activa la notificación a las 9 de la noche, tu feed se inundará de cenas, cocinas o de algún afortunado tomando una copa.

A raíz del bombazo de BeReal, las grandes preguntas que se está formulando todo el mundo son obvias. ¿Tendrá recorrido? Y, sobre todo, ¿podrá vencer a la tiranía del algoritmo de Meta? Los grandes inversores creen que sí: recientemente, la firma Andreessen Horowitz invirtió 30 millones en su desarrollo. Y siguen apareciendo nuevos partners interesados.

Aun así, las respuestas a estas cuestiones, obviamente, solo la tiene el tiempo. Pero, lo que está claro, es que BeReal está logrando capitalizar la frustración de una generación que cree que el mercado digital actual es muy hostil, y que enarbolan esta recién nacida como su bandera.

Sin la tiranía del algoritmo

Todos conocemos el algoritmo, ese lenguaje invisible que dicta qué vemos y qué no vemos en Internet. Francesc Boix (@boix en Instagram, donde tiene 97k seguidores, y Francesc Boix en YouTube, donde sobrepasa el medio millón), asegura, como experto en marketing digital en la agencia Lateral Thinking, que «actualmente, dos o tres empresas privadas controlan el espacio público digital sin ningún escrúpulo ni humanidad». Añade, además, que «la motivación para crear estos algoritmos es satisfacer inversores, no para dar contenido a sus usuarios».

Por supuesto, el público no es ciego a estos abusos y, según un estudio de la universidad estadounidense de Georgetown, el 47% de los usuarios de Instagram sentían «fatiga» por ver siempre el mismo contenido de influencers por encima del de sus amigos. Un cansancio que se ha visto potenciado por los últimos cambios en el algoritmo de la empresa de Zuckerberg, que relega todavía más en la escalada de las prioridades a las publicaciones de los usuarios anónimos que se esconden lejos del estrellato digital. En este caldo de cultivo de malestar surge BeReal, el nuevo buque insignia en la guerra de los usuarios contra el algoritmo y los contenidos prefabricados.

Privacidad máxima

¿Quieres ver el BeReal de alguien? O explícitamente lo ha hecho público, o no tendrás acceso a sus publicaciones si no sois amigos. ¿Que quieres hacer el voyeur y consumir sin publicar? Tampoco: en BeReal el contenido está bloqueado para aquellos que no participan con sus fotos. Estas funcionalidades han resonado mucho en los centennials, una generación que, como Kaitlyn Tiffany sentenciaba en The Atlantic, opina que la marca personal está muerta y que es mejor ser anónima on line. Se acabó quemarse como los millennials para ganar notoriedad y relevancia social: ahora se lleva no ser nadie.

Sí, es cuanto menos curioso que la reacción ante internet de la generación Z –los nativos digitales– sea abrumarse por sus horrores. Los centennials «saben cómo funcionan las redes sociales, son más conscientes de que son una extensión del yo», afirma Janira Planes, directora de comunicación de Wuolah y especialista en cultura de internet.

Por eso, ya no se lleva ser popular, sino poner barreras a la exposición. Lo demuestran los términos finsta (para Instagram) y candado (para Twitter), que son cuentas secundarias sin indicios de la persona que se esconde tras el usuario y que sirven para ser más reales y auténticos ante un grupo reducido de seguidores de confianza. Las grandes redes se han dado cuenta y están cambiando para proporcionar estas capas de privacidad. Por ejemplo, tanto Twitter como Instagram han desarrollado herramientas de mejores amigos donde el contenido que se comparte solo puede ser consumido por los círculos sociales más íntimos del autor.

Filtros y naturalidad

Hace unos años surgió lo que se bautizó como Instagram casual, que impulsaba usar la aplicación como un diario de fotografías auténticas, al natural y sin filtrar, sin artificios. BeReal es, esencialmente, esto. Sus fotografías, hechas en doble formato, con la cámara frontal y la trasera disparándose a la vez, se deben tomar desde la propia app y con una ventana de dos minutos, así que no hay ni staging [puesta en escena], ni retoques, ni filtros. Aquí eres tú: sin más.

«BeReal enseña una parte más genuina de las personas de nuestro entorno», afirma Planes. Las cosas más básicas del día a día, esas que parecen no ser interesantes, aquí generan conversación. El contenido es natural, quién somos de verdad: «Gracias a BeReal sé que mi prima ahora está estudiando encerrada en casa, por ejemplo. En Insta no, ahí la veo una comida, en la playa…», continúa Planes, mientras refuerza su tesis con Tik-Tok en el que una usuaria reflexionaba sobre que BeReal le había enseñado que «todos somos un poco más aburridos de lo que intentamos aparentar. Tus amigos no están constantemente haciendo planes, sino que están en el sofá, mirando New Girl. E hicieron lo mismo ayer. Y está bien».

Sin ‘influencers’ ni contenido viral

«Se hace mucho más contenido del que se puede consumir, con lo cual todos estamos en una guerra absoluta por captar la atención de la gente», advierte Boix. Por eso, como añade Planes, BeReal rompe este esquema, «es solo una cosa, publicada por personas con confianza, una vez al día». Aquí no hay influencers, no hay virales, y apenas pretensiones, solo un pequeño fragmento del día a día de tus amigos.

Aun así, Francesc Boix cree que este modo de vivir las redes es todavía muy nicho «y la mayoría de las cuentas siguen consumiendo contenido mainstream». Aunque algunos Nostradamus de lo digital aseguran que, por su planteamiento, BeReal podría matar a los influencers, «todavía están lejos de desaparecer», se moja el experto.

Sin riesgo de adicción

Ya no hay horas muertas de scroll. En BeReal entras, miras las fotos del día, y sales. Si vuelves a entrar, el mismo contenido: difícil volverse adicto. «Hay un punto de dependencia a la notificación diaria», opina Planes, sin embargo, añade que compensa porque no dedicas tanto tiempo a la app a lo largo del día. A diferencia de Instagram, aquí el scroll es finito. Es una app de paso, y no, como Boix define a las grandes redes sociales, «pozos sin fondo de contenido».

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