La clave social para el progreso: democratizar la educación
La evolución de la formación desde el Estatut d’Autonomia es un viaje apasionante: de la nada surgió un sistema educativo que 40 años después aún funciona, con deficiencias pero con avances incuestionables. Cinco protagonistas relatan esta aventura.

Levante TV

No cabe la nostalgia. Ni aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Es la primera conclusión que se extrae del debate ‘40 anys d’Educació valenciana. Evolució de l’Educació en el marc de l’Autogovern’ organizado por Levante-EMV para viajar a través de los ojos de sus protagonistas, a la creación y desarrollo del sistema educativo valenciano. Otra confesión: «Hubo muchos problemas y fue muy controvertido llegar hasta el Estatut». Lo reconoce el exdiputado Ciprià Císcar, conseller de Educación antes y después de este momento clave de la autonomía valenciana. Con él, el actual secretario autonómico de Educación, Miquel Soler, que desde entonces ha trabajado en el sector, tanto en ministerios como en consellerias, «donde teníamos que inventar cargos, como el coordinador general de enseñanzas medias, donde estaba yo solo». La rectora de la Universitat de València, Mavi Mestre, habló por las universidades, su financiación y crecimiento, porque «la mejor inversión que se puede hacer para la sociedad del bienestar es la educación y la formación». No solo eso; el Consell Escolar de la Comunitat Valenciana, el órgano de participación por excelencia de los centros docentes, tuvo a su presidenta, Rosa Cañada, sentada en el debate, y reivindicó la necesidad de que la docencia eduque «para el alumnado del futuro, y no para el pasado», en la misma línea que Mariola Hernández Ubert, directora genrente de Feceval-CECE, quien exigió, «de una vez por todas», el Pacto de Estado por la Educación en España.

Coloquio sobre la evolución de la educación en el marco del autogobierno / Fernando Bustamante
Con los cinco, el debate viró hacia varias direcciones gracias a la moderación de la directora de Relaciones Institucionales de los medios de Prensa Ibérica en Valencia, Silvia Tomás, que dirigió su primera pregunta hacia Císcar y Soler: ¿Cómo fueron aquellos años? ¿Cómo es sentar las bases de un sistema educativo? El exconseller recogió el guante y fue poniendo fechas a los hechos. El 1 de julio de 1982 se firmó el Estatut; a partir de las elecciones de mayo de 1983 se ejecutaron las transferencias de competencias y de fondos por parte del Estado y desde entonces hasta 1987 se desarrollaron esas capacidades. «Las seis autonomías que iniciamos la vía rápida nos reuníamos con el ministerio, primero para negociar las competencias no universitarias, que llegaron en 1984 y después las universitarias, que tenían su propia autonomía», explicó. Algunos hitos fueron la creación de colegios públicos, que se triplicaron. Después, los institutos: En València solo estaba en San Vicente Ferrer, para chicas, y el Lluís Vives, para chicos, que se hicieron mixtos, y se construyó un instituto por comarca. Soler matizó: «No había medios», estaba todo por hacer, y cuando llegaron los fondos, se pusieron manos a la obra para democratizar la educación y que llegara a todos los rincones de la Comunitat.«Fuimos un referente, aunque luego dejamos de serlo», lamentó.
Menos alumnos, más calidad
Soler echó mano de varios datos para ilustrar cómo estaba y cómo esta el sistema actualmente: Los nacidos en 1978 tenían 16 años en 1994 y había 64.000 personas matriculadas; este año hay 35.900 estudiantes. «Tenemos menos alumnos y alumnas, pero la tasa de escolaridad es mucho más elevada en Infantil, por ejemplo, y muchos más que van a FP», reconoció. En la universidad, sin embargo, los datos son completamente opuestos: «Desde 1985 se ha multiplicado exponencialmente el alumnado», afirmó la rectora Mavi Mestre. Y Ciprià Ciscar añadió un dato más: En los años 70 solo existía la Universitat de València y la Universitat Politècnica, pero hoy son dos más en Castelló y otras dos en Alicante y Elx.Por eso, de los 15.000 estudiantes de València, ahora se cifra en 150.000 personas universitarias. «En España había 12 centros, ahora hay más de 70 de las cuales son públicas 52», sentenció Císcar.
«El objetivo es que el alumnado sea cada vez más autónomo y deben ser protagonistas de su aprendizaje»
«El pasado no es mejor que el hoy, cuidar el sistema educativo es garantía de una sociedad de progreso»
En todo ese proceso imparable de crecimiento, la legislación también ha cambiado. De hecho, «ha habido más leyes de las deseables», reconoció Mariola Hernández. En este sentido, abogó por un Pacto de Estado por la Educación y desvinculado «de cualquier cambio de gobierno». «Un alumno puede empezar Bachillerato con la tercera educativa a sus espaldas», lamentó.
Normativa versus ideología
En esta línea, Rosa Cañada también apuntó a una «excesiva interpretación» de la Constitución desde la ideología, obviando en muchas ocasiones al propio alumnado. Eso, con cierto consenso de los participantes en el debate, es algo que ha cambiado con la nueva normativa, la Lomloe actualiza el planteamiento educativo, poniendo a los estudiantes más en el centro y actualizando la formación y, en palabras de la presidenta del Consell Escolar, la ley da más espacio a la participación de los jóvenes.
La escolarización hasta los 16, la Llei d’Usos delValencià y el Plan Bolonia son tres de los cambios más importantes en 40 años
Soler y Mestre, casi por alusiones, intervinieron para aclarar que pese a toda la normativa, cambios estructurales solo ha habido tres: el que se produjo en 1990 cuando amplió la educación obligatoria hasta los 16 años, un modelo que se ha mantenido hasta hoy, y la gran reforma universitaria con el Espacio Europeo de Educación Superior, que quedó implantado en 2010 con el Plan Bolonia. Soler insistió: «Hay siete leyes, sí, pero no todas han tenido la misma relevancia: la LOCE no se llegó a aplicar y la LOMCE se paralizó al año», explicó. Sin embargo, eso no resta importancia al necesario Pacto de Estado que se intentó con el ministro Ángel Gabilondo -con Miquel Soler en el gabinete- y el PP no lo firmó. «Acordaron 137 propuestas, pero no las firmaron», aclaró. Aunque Císcar añadió uno más, al que apenas se le dedicó tiempo de debate por lo asentado que está: «Los acuerdos son fundamentales y lo hicimos con la Llei d’Usos del Valencià, que lleva casi 40 años vigente».
«El origen no puede definir la trayectoria, se tiene que poder estudiar aunque no tengas recursos económicos»

Debate sobre la Educacion desde el Estatut / Fernando Bustamante
La mejor inversión que se puede hacer para la sociedad es invertir en educación y en formación»
Precisamente por abordar la ideología, fue imposible que en el debate no surgiera la escuela concertada desde que se llegara a un acuerdo en 1987 para su funcionamiento. «El sistema no está en duda, lleva funcionando 40 años, somos parte de una red dual con una normativa común a todos, consolidada, y siempre defenderé la libertad de elección», añadió Mariola Hernández.
Igualdad con la concertada
Miquel Soler, como responsable actual, añadió que la inmensa mayoría de familias llevan a sus menores a los centros que eligen, con un baremo estatal y «justo» establecido, de nuevo, en 2015, tras años en los que no hubo «una escolarización adecuada entre la pública y la concertada». «Ahora es para todos los centros igual», dijo.
«La escuela tiene un papel clave en la sociedad porque no predecimos el futuro: lo construimos»
Hernández deslizó que fue la iniciativa privada la que impulsó, hace 30 años, la escoleta infantil, un servicio que hoy es «un avance social brutal». Ha sido a partir de 2015 cuando se les dio un gran empujón a estas instalaciones, ya que en 1995 había 31 escoletas públicas, y en 2015, solo dos más. Fue la iniciativa privada la que ofreció ese servicio pero según Soler, desde que el Botànic accedió a la Generalitat «se ha combinado el bono infantil de 60 euros, la creación de nuevas escoletas y la ampliación de aulas en colegios para los 2 años».
La rectora Mavi Mestre ratificó la importancia de este servicio porque está demostrado que si se empieza a los 2 años la formación, el rendimiento académico es mucho mejor a lo largo de toda la vida. Y volvió a las universidades para dejar sobre la mesa un asunto prioritario, la financiación de la formación superior: «Según el IVIE, por cada euro invertido en el estudiante se retorna a la sociedad 4,5 €».
Financiación y participación para otros 40 años más
La mejora de la formación pasa por incrementar los fondos y reivindican a los jóvenes como actores a los que tener en cuenta. Además, el futuro de la educación pasa por aliarse con las empresas.
Entre los hitos más reseñables de la educación del último medio siglo hay uno que no debería ser infravalorado. Atinó en él la presidenta del Consell Escolar de la C.Valenciana, Rosa Cañada. «El sistema educativo fue sometido a una prueba de estrés durante la pandemia y se salió adelante, siendo pioneros en muchas iniciativas». «Es la demostración de que si queremos, podemos», sentenció.
Para «poder», hubo una herramienta que ella misma recordó, el Foro por la Educación que permitió la comunicación de todos los sectores educativos en un momento tan crítico como 2020, con profesores y alumnos solo conectados a través de una pantalla. Esa participación de todos fue clave, y es un elemento a desarrollar. «Hay tres periodos de participación en la Comunitat, entre 1983 y 1995, que se facilitó la participación de los consejos escolares. Desde entonces hasta 2015, aunque no se abolieron los consejos, se restringió su participación sutilmente. Actualmente ha vuelto a aumentar muchísimo», explica Cañada.
No solo la participación profesional. Tanto la presidenta del Consell Escolar como Mariola Hernández Ubert, directora gerente de Feceval-CECE, coinciden en que los jóvenes no participan lo que deberían «porque no se sienten escuchados cuando opinan».
El análisis de Cañada va aún más allá. Considera que los cambios sociales «van más deprisa que nosotros» y la baja participación juvenil debe ser un buen motivo para reflexionar: «El reto es aprender a estimularlos, porque su voz es fundamental».
Sin embargo, para todo ello es necesario contar con espacios -físicos- donde poder desarrollar toda esa actividad. Y eso pasa ineludiblemente por mejorar la financiación, una reivindicación que abanderó la rectora de la Universitat de València, Mavi Mestre, casi desde el principio del debate. Porque en el incremento de fondos comienzan y acaban los problemas: «Se debe respetar los principios de suficiencia y equidad de las universidad, con sus características, tamaño e historia, los resultados de la investigación y su producción científica», desgranó Mestre. Y arrojó un dato para evidenciar el mal estado de las transferencias. «La UV es la peor financiada del sistema público valenciano, arrastramos todavía los presupuestos de 2009 sin perder estudiantes». Por eso, la confianza en el futuro pasa por la LOSU, la nueva normativa universitaria, por la que el Estado se compromete a incrementar hasta el 1,8 % el PIB de las universidades a través de acuerdos con las autonomías. Ahora bien: «Sin financiación y con la tasa de reposición, es muy difícil planificar, mantener infraestructuras y crear otras nuevas, además de estabilizar a la plantilla», zanjó.
Formación, no trabajo
En esta línea, la rectora también quiso poner el acento en una nueva medida que amenaza el sistema educativo derivado del Plan Bolonia: la intención del Ministerio de Trabajo de eliminar las prácticas curriculares porque deben ser remuneradas y cotizando en la Seguridad Social. La formación se ha construido con el plan europeo en torno a la obligatoriedad de curar prácticas en empresas como parte del curso universitario o profesional. En un ciclo formativo, por ejemplo, tiene 2.000 horas de formación de las cuales 400 se realizan en el entorno empresarial. «No es trabajo, es una formación que el alumnado recibe fuera de las aulas, es un problema gravísimo si sale adelante», señaló Mestre.
Miquel Soler, secretario autonómico de Educación, pidió que el Ministerio de Trabajo establezca esa diferenciación, porque no es un trabajo, sino de una formación que se recibe fuera de las aulas.
Para Volkswagen, un ejemplo
Soler hiló esta reivindicación con la necesaria relación entre universidad y empresa. El ejemplo más reciente ha sucedido con Volkswagen y la futura planta que se inaugurará en Sagunt. «Uno de los motivos para implantarse aquí ha sido las dos universidades de València», y señaló que en la última reunión mantenida con el equipo de la empresa alemana «se han interesado por saber qué edificio va a ir destinado a la FP, además de las escuelas infantiles para que los trabajadores y trabajadoras lleven a sus hijos». «En una situación como esta, con Volkswagen, una de las razones para ser una buena candidatura es tener una oferta formativa así, con la educación pública que ofrecemos y que vamos a ofrecer», sentenció Soler.
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