Que el cambio climático no es algo del futuro sino que es que está sucediendo aquí y ahora es cada vez más evidente. Basta con echar un vistazo a todas las anomalías meteorológicas y fenómenos extremos que se suceden en la Comunitat Valenciana y que estos días abren un nuevo capítulo con el arreón térmico que dejará una nueva ola de calor en Valencia a punto de entrar en un mes tradicionalmente fresco (si no frío ya) como noviembre.

Así lo reconoce José Ángel Núñez, el responsable de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en la Comunitat Valenciana, quien señala hoy en Levante-EMV que "más allá de picos y récords de registros, lo que es evidente es que las épocas de calor se alargan y ya van de mayo a octubre". Samuel Biener, investigador de la Universidad de Alicante, geógrafo de Meteored y colaborador de este periódico, coincide con él: "Vivimos una prolongación del verano (...) y lo preocupante es que estas anomalías son cada vez más persistentes".

No en vano, si hace 30 años a alguien le hubiesen dicho que, a punto de entrar en noviembre, Valencia viviría noches tropicales como las que entonces sólo había en verano, la población se habría echado las manos a la cabeza. Hoy en día, parece que nos hemos acostumbrado. Y es un error, porque la situación es grave. Muy grave en realidad, como no se cansan de repetir los expertos.

Cómo ha cambiado el tiempo en Valencia

Hace apenas tres décadas, noviembre era un mes de jersey y chaqueta de invierno en la cálida València, donde la cercanía del mar y su posición geográfica brindan un clima excepcional en el que predominan las temperaturas suaves. Hace algo más, en torno al medio siglo, era habitual que el día de Todos los Santos, el 1 de noviembre, los niños de cualquier familia valenciana que pudiese permitírselo estrenasen el abrigo que iban a utilizar durante el resto del otoño y el invierno.

Morella registra una noche tropical a punto de entrar en noviembre por primera vez en su historia.

Hoy, la situación es bien distinta y el pronóstico del tiempo en València para Todos los Santos nos habla de temperaturas que este año superarán los 25 grados a la sombra y que muy probablemente pasarán de los 30 al sol. Un disparate que hace veinte años nos asombraba y en la actualidad ya no.

Y no sólo se trata de los valores térmicos diurnos, sino de lo que también marca el termómetro por la noche. Samuel Biener lo explica muy bien: "A las puertas de noviembre, estamos aún con noches tropicales" porque el calor provoca que el mar "esté a una temperatura excepcionalmente alta".

Pero lo cierto es que esto no sólo ocurre en lugares costeros como València, sino que estos días también sucede en puntos tan al norte de la Comunitat Valenciana y tan tradicionalmente fríos como Morella, un municipio en el que ver nevar no es cosa de otro planeta. Y, sin embargo, ahora, a punto de poner un pie en noviembre, Morella vive también noches tropicales como la que se registró ayer, con una mínima de 20 grados que asombra incluso a los expertos.

La situación, de hecho, supone un hito histórico para la Aemet, cuyos especialistas hablan de anomalías y no dejan de mostrar su estupor. Porque, después de todo, Morella, la gélida Morella, "nunca antes había registrado una mínima tropical en octubre, y en 2022 lo ha hecho un día 26, casi ya en noviembre". En los últimos cien años. Un dato tal vez anecdótico pero demoledor y que esconde un panorama desolador que irremediablemente nos lleva a preguntarnos qué nos espera el estío que viene o cómo de malo será el verano de 2023. O peor: ¿y el de dentro de cinco años?