Mario tiene 12 años y sufre de un soplo en el corazón. Desde hace tiempo ya no come, y ha perdido muchísimo peso. Siempre ha sido un buen estudiante, pero ahora suspende todo. Vive en Montolivete, un barrio periférico de València, y hace unas semanas conoció su primer ataque de pánico. Como su hermana Laura, de 8 años. Cuando la policía llegó a casa echaron a correr y empezaron a llorar desconsolados e la última habitación de la casa. Desde entonces, saben lo que es un "desahucio de fecha abierta". Los agentes pueden ir en cualquier momento, sin previo aviso, a echarlos de la vivienda. Los niños ya no duermen, y el hecho de que suene el timbre les ha provocado más crisis de ansiedad.

Al sinvivir de poder irse a la calle en cualquier momento hay que sumar que su casa ya no es una casa. Sus padres han tomado la decisión de empaquetar lo más importante y poner la ropa en bolsas de basura en la puerta, por si vienen a echarlos y hay que recoger rápido. Llevan semanas viviendo así, con sus cosas en la puerta. Y los niños preguntando si se van a quedar en la calle.

Los afectados se llaman Ita y José, y son un matrimonio vecino del barrio de toda la vida. Están en una situación crítica porque tienen dos niños pequeños con problemas de corazón, y una de 18 con una infección de sangre. La pequeña Laura, de 8 años, sufre de arritmias, Mario, de 12, con un soplo y Petra acaba de cumplir la mayoría de edad pero no puede operarse porque no tiene un sitio donde guardar bien el reposo. "Nos han dicho que si no se opera puede morirse, pero no sabemos si va a tener una casa a la que volver", lamenta Ita.

Una familia de Monteolivete se enfrenta a un desahucio pese a tener a su cargo dos menores y una hija con problemas de corazon German Caballero

El piso es propiedad de Promontoria Coliseum, filial en España del fondo Buitre Cerberus, que no acepta de ninguna manera firmar un alquiler. Y las administraciones públicas no ofrecen ninguna solución, ni los servicios sociales del ayuntamiento de València ni la conselleria de Vivienda. "No pedimos ningún lujo, solo una casa decente para que crezcan nuestros hijos", denuncia la madre.

El fondo buitre les ofreció 6.000 euros por dejar la casa antes de poner la demanda, pero la familia rechazó. "¿A dónde nos vamos a ir con ese dinero? Lo único que queremos es encontrar un sitio donde vivir", reivindican.

Ita y José saltan de casa en casa. Llevan cinco en toda su vida, la última un alquiler de 8 años en el barrio que no le renovaron. El alquiler se acabó y se tuvieron que ir, curiosamente les desahució el mismo fondo buitre que ahora les vuelve a echar. "Nos echaron y pasamos un día entero con nuestras cosas en un parque, hasta que nos metimos en casa de mi hijo, pero teníamos que irnos", asegura Ita. Ahora están acompañados por el sindicato de barrio Montolivet VeÏnal, que intenta negociar con el fondo buitre.

En aquel momento José trabajaba en la obra y cobraba un sueldo decente, pero cuentan que "en cuanto te ven la cara y ven que eres gitano te cierran todas las puertas. De repente, un piso que ibas a alquilar y todo iba perfecto, ya está cogido cuando nos abren la puerta para verlo", denuncia. Además lamentan que "no hay nada por debajo de 700 euros en el barrio, y te piden nóminas de un año, avales, y un montón de papeles que no tenemos", remarca Ita.

Tampoco hay piso en los pueblos y ciudades pequeñas; "hemos mirado todo", explica José desesperado. Con esa situación, y pese a que José trabajaba, le metieron la patada a una vivienda. "No veíamos otra opción, la cosa está imposible", cuenta. Lo hicieron en 2020, pero el fondo buitre no movió ficha hasta hace poco, cuando les demandó por lo penal.

Supone una multa de 1.200 euros por cabeza y la posibilidad de entrar en la cárcel si no la pagan y en función de los antecedentes, pero la familia se defiende y dice que no son delincuentes. "Solo queremos un hogar para nuestros hijos, y no hay manera de encontrar vivienda en ningún sitio", lamentan.

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"Queremos un sitio fijo"

Petra ya había empezado a trabajar de camarera, pero la infección de sangre la paró. Ahora está sin fuerzas físicas y emocionales y camina muy lento. Dice que "cambiar tanto de casa cansa. Lo único que queremos es un sitio fijo donde podamos estar tranquilos", denuncia. Pero eso parece una utopía para una familia humilde del barrio.

La familia ha hecho su via crucis por todos los servicios sociales para darse cuenta de que no hay nada para ellos. Como la mayoría de familias en su situación. "Hemos ido a la Plata, a la oficina de vivienda, al ayuntamiento de València y a todos lados, pero nadie nos da ninguna solución", denuncia José. Joan, del sindicato de barrio denuncia que a día de hoy ni siquiera se han puesto en contacto con ellos desde el ayuntamiento.

"El fondo buitre se está quedando con el barrio"

La misma mañana del martes, cuando se realizó la entrevista, un vecino de José e Ita con un niño pequeño fue desahuciado también por Cerberus. "Nos dijeron que se iban, que no querían oponer resistencia", explica. El sindicato de barrio denuncia que este fondo buitre se está haciendo con fincas enteras del barrio; "cada día nos llegan casos nuevos", cuentan.

El objetivo de este fondo buitre es vender las viviendas en paquetes a otros fondos de inversión más pequeños, y para ello vacían los pisos y se guardan bien de que nadie vuelva a entrar. "Hemos visto que están colocando cámaras en muchas casas, alarmas e incluso han contratado a empresas de seguridad para vigilar estas casas, que están vacías cuando hay muchísimas familias a las que le hacen falta", cuenta Joan.

Las salidas de Joan e Ita son pocas o ninguna. "En el ayuntamiento lo único que nos dicen es que podemos dormir en un albergue y que meterán a nuestros hijos en un centro, y obviamente no aceptamos", dice Ita. Y el fondo buitre reconoce por conversación telefónica que el destino de esa casa es quedarse cerrada durante años con una puerta blindada.