Hoy vamos a hablar de las gemínidas, una lluvia de estrellas bastante activa que ocurre dentro del otoño astronómico y que es la penúltima del año, seguida por las úrsidas. El origen de estas fue un misterio durante siglos, ya que no se podía asociar su naturaleza a ningún cometa conocido.

Fue en el año 1983 cuando realmente se descubrió Faetón que, en este caso, no se trata de un cometa sino de un asteroide. Al estudiar su órbita se concluyó que ese cuerpo rocoso era quien causaba la lluvia de estrellas.

A día de hoy, los astrónomos y científicos barajan la idea de que, Faetón puede ser un cometa extinto y que las gemínidas son fragmentos desprendidos hace siglos. Como todos los años, la Tierra atraviesa un anillo poblado con estos fragmentos y es así cuando estos entran en nuestra atmósfera y se desintegran o calcinan a grandes velocidades.

Las gemínidas vienen a visitarnos cada año al hemisferio norte del 4 al 17 de diciembre. Su momento de máximo esplendor serán las noches del 14 y 15

cuando podremos observar de 120 a 150 meteoros por hora según el Observatorio Astronómico Nacional. Viajan por el espacio a 35 kilómetros por segundo y es esto, junto con la tasa de actividad, lo que las convierte en una de las lluvias de estrellas más activas del año.

Parece que este año no es el mejor para poder disfrutar de las citas astronómicas del otoño, puesto que no fue el adecuado ni para las leónidas y oriónidas, ni lo será del todo para las gemínidas. Su pico máximo ocurrirá un día antes de que la Luna alcance su fase cuarto menguante.

Como ocurre con otros eventos parecidos, el lugar de observación puede ser cualquiera, siempre y cuando sea en campo abierto o en la montaña. Cualquier mirador, terraza o espacio abierto sin obstáculos son sitios idóneos para disfrutar de las gemínidas. Lo más aconsejable es salir de la ciudad, evitar la contaminación lumínica y, si se puede disfrutar también de otras citas astronómicas como las úrsidas el 22 de diciembre... ¡pues mejor!