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"Los reproches eluden lo esencial: nuestra condición precaria de pueblo"

19 de febrer de 1963

«los reproches eluden lo esencial: nuestra condición precaria de pueblo» Selecció, edició i notes: Antoni Furió

José Moncho Ferrer va publicar diversos articles al setmanari La Marina, alguns d’ells signats amb el pseudònim ‘Pertinax’, referits a la identitat valenciana i la seua relació amb la provincial alacantina. Un d’aquests articles, titulat «La valencianía y el alicantinismo», publicat el 1961, va ser replicat per Nicolau Primitiu Gómez Serrano, aleshores president de Lo Rat Penat, amb una «Carta abierta de ‘Un Valenciano’ a ‘Pertinax’», que el signava també amb pseudònim, ‘Un Valenciano’, tot reconeixent la compatibilitat entre «un intenso alicantinismo con un sentido profundo de valencianía». L’article de Pertinax, en el qual es manifestava a favor de la denominació ‘Levante’ i en contra de la de ‘València’, per evitar el «sojuzgamiento y vasallaje a València», va ser replicat també per Vicent González Montoro en un article titulat «A Pertinax, pluma selecta y audaz», signat amb el pseudònim de ‘Ramplex’. ‘Vicent d’Alacant’, que era un altre dels noms que feia servir González Montoro, recordava a Pertinax que «esta región amada tiene la denominación natural de ‘Valencia’... Luego lo justo es denominar ‘Valencia’ a nuestra región. ¿Por qué ello nos tiene que dar vergüenza? ¿Por qué la palabra ‘Valencia’ llega, incluso a algunos valencianos, como violento impacto antipático?» Dos anys més tard, el 1963, Joan Fuster va publicar, també a La Marina, una carta oberta sobre el tema sempre delicat i fins i tot espinós de les relacions entre València i Alacant, que va ser contestada per Pertinax en termes molt cordials. De fet, l’article, titulat «A Joan Fuster, de Pertinax», anava encapçalat amb un «Amigo Joan Fuster» i continuava expressant la seua satisfacció pel «desagravio para Alicante que contienen sus palabras y la manera como el autor enfoca los temas siempre apasionantes de la valencianía…, y estamos seguros de que esta opinión será compartida por los valencianistas, catalanistas, hombres de la Renaixença y por cuantos, por nacimiento, residencia o vocación, nos hallamos implicados en la densa vida del País Valenciano, cuya hermosa geografía y maravillosas características han hecho posible la esplendente realidad cultural, artística y económica de nuestra incomparable región». Pertinax es desfà en elogis a Fuster —«un valencianista del Valencianismo en majúscula» «y le consideramos codo con codo, hombro a hombro, junto a todos nosotros en la grande y gloriosa tarea de hacer una región imponderable en todos los aspectos»—, per bé que, segons afirma, «aquí, en Alicante, ha caído mal, muy mal, su libro último» [es refereix a El País Valenciano, 1963], «pero todo esto no importa. No es tarea fácil airear impunemente los defectos…, emplear un lenguaje directo y hacer gala de sinceridades que atormentan». El to amistós de l’article i la bona disposició de l’autor animaren Fuster a escriure-li a Pertinax la carta que reproduïm, en la qual expressa també la seua satisfacció per la perspectiva de diàleg que s’obre entre tots dos, alhora que defensa el seu llibre de les crítiques anecdòtiques i malicioses que ha rebut, celebra els comentaris «más auténticamente ‘intencionados’» que ha merescut a Alacant i recorda la seua vinculació a Alacant, on va començar la seua carrera literària a les pàgines de la revista Verbo.

Sueca, 19-II-63

Para ‘Pertinax’

Alicante

Distinguido amigo:

Naturalmente, ¿por qué no «amigos»? También yo creo que las afinidades y coincidencias que podamos tener nos permiten ese cordial tratamiento. Le escribí aquella carta abierta porque supuse que, en definitiva, entre Vd. y yo cabía el «diálogo». Su réplica me ha llenado de satisfacción. Comprendí, desde un principio, la razón que le asistía en su primera queja: sin duda, mi manera habitual de escribir es un tanto áspera y cáustica, y por ello mismo en ocasiones hiere susceptibilidades muy justas. Lo reconozco, pero —como decía Sancho— «cada cual es como Dios le hizo y a veces peor». Pero igualmente comprendí la parte de malentendido que había en sus palabras. Ese malentendido es lo que quise disipar con mi carta abierta.

Mi libro «ha caído mal» en muchos sitios. Pero ¿podía ser de otro modo? Piénselo un momento. Los valencianos carecemos de literatura «crítica» sobre nosotros mismos. Cuando los hombres del 98 —por ejemplo— segregaban su mejor y más corrosiva prosa acerca de la sociedad española de su tiempo, casi nunca se refirieron a nosotros. Con la excepción de Azorín, claro. Y Azorín sólo escribió de su tierra nativa en términos de nostalgia y de evocación («Superrealismo», «Valencia»). Alguna página suelta de Unamuno y Baroja nos afectan: no puede decirse que sean inofensivas. Eso era todo. Mientras tanto, los pocos y más o menos lúcidos escritores del país se dedicaron a elaborar descripciones sin «penetración social» —valga la fórmula—, cómo hicieron Blasco y Miró, o bien fabricaban versitos de juegos florales, monografías eruditas perfectamente tediosas o papeles de polémica municipal. Si a Vd. le ha preocupado el tema —el tema «del país», de nuestra personalidad colectiva—, habrá podido comprobarlo. Yo he tenido la debilidad de apartarme de los tópicos y de intentar coger el toro por los cuernos. Esto ha escandalizado a numerosos compatriotas nuestros. ¡Qué le vamos a hacer! No me arrepiento. A parte de lo que haya de desafortunado en tal o cual pasaje de mi escrito, desde luego.

Y me alegra ver que Vd., en su contestación, se hace eco del verdadero tema a debatir. Muchos de los reproches que se me han dirigido en estas últimas semanas no pasan de ser cominerías y bobadas: que si el pantano de Tibi lo construyó Herrera o no, que si me gusta o no la escultura de Benlliure, que si la calle de Ruzafa desemboca o no en la plaza del Caudillo, que si la cocina autóctona es pobre o rica, etc. En cambio, se ha eludido lo esencial: el problema de nuestra débil o precaria condición de «pueblo». Sobre este asunto he expuesto mi opinión en Nosaltres els valencians y aparece de vez en cuando en El País Valenciano. No tengo la pretensión de que mis lectores estén siempre absolutamente de acuerdo conmigo: sería, por mi parte, una vanidad imperdonable. Pero sí valía la pena de aprovechar mi planteamiento para que, desde puntos de vista distintos e incluso antagónicos, se examinase la cuestión. Pero los intelectuales del país «escurren el bulto» cuando se trata de eso. Les es más fácil indignarse porque tropiezan con una ironía mía acerca de cualquier pequeña y anecdótica «cosa» local. Es un mal síntoma…

Para mi mayor satisfacción, he podido ver que es en Alicante donde se han publicado los comentarios más auténticamente «intencionados» sobre mi libro: las palabras de Vd. ahora, otras de Contreras —a quien no tengo el gusto de conocer personalmente—, otra de J.V. Mateo. Si mi tiempo fuese más libre, y el trabajo no me agobiase de continuo, me gustaría prolongar públicamente el diálogo con Vd. y con los otros amigos de Alicante. (Por cierto, que me olvidé recordar, en mi carta abierta, otra vinculación mía a su ciudad: aquí en Alicante empecé mi digamos «carrera» literaria, en las páginas de una modesta revista titulada Verbo, donde colaboré intensamente). Lamento, insisto, que mis ocupaciones de «forzado de la pluma» no me permitan alargar nuestro intercambio de ideas ante los lectores de La Marina. Pero no quería dejar de escribirle, por lo menos, estas nuevas líneas de sinceración. Acójalas Vd. como nueva muestra de mi mejor y más efectiva amistad.

Suyo

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