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Deporte adaptado

Un clase entera se sube a la silla de ruedas para jugar al básket con su compañero discapacitado

Un niño con una enfermedad rara logra que sus compañeros de segundo de primaria, casi todos sin discapacidad, se apunten a baloncesto adaptado para jugar con él después de clase

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Gonzalo Sánchez

Gonzalo Sánchez

València

Suena el timbre del CEIP Tomás de Villarroya y Paco sale al patio como un rayo zigzagueando entre sus compañeros de segundo de primaria. Gira, da vueltas como un torbellino, acelera y casi que derrapa en su silla de ruedas deportiva. Es un terremoto de ocho años que busca su padre David, para que le de la ansiada merienda. 'Papi' se la reparte y vuelve rapidísimo con sus amigos, que se sientan en el suelo para hablar con él a su altura. Esos mismos niños, que no tienen discapacidad, se subirán a sillas de ruedas dentro de quince minutos. Empieza la clase de baloncesto adaptado para todos. Donde todos caben.

El caso de Paco es especial, porque es un chiquillo con Atrofia Muscular Espinal (AME), una enfermedad neurodegenerativa rara que solo afecta a cuatro niños de todos los nacidos en la C. Valenciana en un año.  La enfermedad provoca una alteración de las neuronas motoras de la médula espinal e impide que los impulsos nerviosos lleguen a la musculatura. Los músculos de los niños afectados acaban por atrofiarse y su fuerza se va apagando poco a poco. Paco debería vivir pegado a un respirador y casi sin moverse. Afortunadamente, es uno de los primeros niños de España en probar un tratamiento en pruebas que le está funcionando bien, aunque no tenga fuerza en las piernas.

Varios niños en pleno partido de baloncesto adaptado.

Varios niños en pleno partido de baloncesto adaptado. / Francisco Calabuig

Paco ha superado con creces todas las expectativas. No corre ni salta, ni le pega una patada a un balón, pero es un niño inmensamente feliz. Desde hace unos meses juega a baloncesto en silla de ruedas en el Club de Baloncesto Petraher, donde no hay categoría para su edad. Entrena los martes y los jueves con hombres de 40 años.

Pero como dice su padre "los niños con discapacidad también necesitan amigos con los que jugar a baloncesto", así que montó una extraescolar que, de momento, está siendo un éxito. Todos sus compañeros de clase no han dudado ni un momento en apuntarse con Paco para jugar con él.

El coche de David está a reventar y con los asientos de detrás abatidos porque lleva cuatro sillas de ruedas. Veinte minutos antes de que acabe el cole las baja, las monta y las entra al patio. En esas sillas se sentarán Mario, Paco, Irene, Laia o Pau, niños y niñas de 7 a 11 años, con y sin discapacidad. Todos juegan porque, como cuenta José Ferris, el entrenador, "cuando te subes a la silla todo se iguala".

«Usamos el baloncesto para como excusa para que todos puedan jugar, inclusión real es esto», cuenta el entrenador

Toque de pito y los niños forman en mitad de la cancha. Todo el mundo quiere una silla, pero son caras y no hay para todos, "cada una vale casi dos mil euros, las estamos comprando poco a poco", cuenta David. Empezaron 13 niños en septiembre y van ya por 18 apuntados. Ayer fueron 19, porque vino a probar Izan, al que le dejaron por un día el brazalete de capitán.

Mario, de ocho años, dice que "es mucho más divertido jugar con la silla que de pie", y se afana en explicar cómo se gira, cómo se controla el balón, qué hacer para frenar y lo complicado que es tirar desde tan abajo. "Son compañeros de clase de Paco desde siempre, y se apuntaron enseguida cuando él lo dijo", explica Toni Vidal, uno de los padres en el entrenamiento.

Varios niños antes de subirse a la silla y empezar el entrenamiento.

Varios niños antes de subirse a la silla y empezar el entrenamiento. / Francisco Calabuig

Educar en valores

Laia tiene once años y parálisis cerebral. Necesita que alguien le ayude a pasar de su silla del día a día a la deportiva. Y lo hacen sus amigos antes de empezar el entrenamiento. Entre varios niños la cogen, y con delicadeza, le ayudan a ponerse en la silla para empezar a jugar. Lo hacen ellos solos, porque David, que maneja el entrenamiento, les ha enseñado a que es lo que hay que hacer: ayudar.

"Lo que más nos llena es la educación en valores que están recibiendo estos niños. Tienen la discapacidad como algo totalmente normalizado, no lo ven nada raro", dice el padre de Paco. José Ferris, el entrenador, lo explica así; "el lema del equipo es "baloncesto para todos". "Usamos este deporte como excusa para que todos puedan participar, da igual lo que tengan, y trabajar por la inclusión real. Porque la inclusión real es esto, que todos los chiquillos jueguen", cuenta.

"Los niños no tienen prejuicios, en todo caso los tenemos los adultos. Ellos lo tienen súper normalizado, y encima están aprendiendo sobre la empatía al ponerse en lugar del otro", cuenta la madre de Laia. Tiene once años y no para quieta. Juega a fútbol, baloncesto, ballet, hace natación y hasta ha probado alguna vez el tiro con arco. Tiene una madurez sorprendente para su edad y explica que "quiero ser un símbolo para que las otras chicas como yo vean que pueden hacer fútbol y baloncesto y que todas tenemos las mismas posibilidades. A mi subirme a la silla me hace sentirme libre".

Todos los jugadores de baloncesto adaptado junto a David, el padre de Paco, y José, el entrenador.

Todos los jugadores de baloncesto adaptado junto a David, el padre de Paco, y José, el entrenador. / Francisco Calabuig

«Tienen la discapacidad como algo totalmente normalizado, eso es lo que más me llena», cuenta el padre de Paco

Búsqueda de apoyos

El objetivo del Club Petraher y de David es competir. Quieren formar un equipo de baloncesto adaptado infantil, ya que ahora mismo no hay ninguno en la C. Valenciana, por eso Paco juega con adultos, y de hecho este domingo ha sido la persona más joven en debutar en un partido de esta disciplina. Tanto Ferris como Coscollá animan a que niños con y sin discapacidad se apunten y a la vez buscan apoyos para hacer crecer el proyecto, sea de clubes o de la administración.

"Los únicos clubes de España son el UCAM Murcia y Zuzenak en el País Vasco, que tienen jugadores adultos al máximo nivel y también categorías infantiles. Nos gustaría formar otra aquí en València", explica Ferris. Ahora mismo el club tiene a 700 personas, ya que no solo trabaja en baloncesto en silla de ruedas, sino para discapacidad intelectual, Espectro Autista y otros tipos de discapacidad.

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