Sin olfato ni gusto de por vida por la covid persistente
"Hubo un médico especialista que me dijo que a lo mejor lo que yo buscaba era una ‘paguita’", cuenta Marina Ibáñez

Marina Ibáñez, afectada por covid persistente, en Xirivella / Loyola Pérez de Villegas
A Marina Ibáñez le han llamado loca y sospecha que muchos que no lo han dicho también lo han pensado. «Hubo un médico especialista que me dijo que a lo mejor lo que yo buscaba era una ‘paguita’», cuenta Marina, paciente de covid persistente, cuando se cumplen tres años desde que su vida dio un vuelco total.
Ella estuvo en cuidados intensivos con covid, tuvo una neumonía bilateral y finalmente logró esquivar la muerte. Lo que para la inmensa mayoría de supervivientes fue el final de la pesadilla, para ella fue solo el punto de partida. «Nos decían que la covid persistente era una cosa mental, nos hemos sentido psicológicamente apartados. Te dicen que es cosa de la cabeza. He tenido días de querer tirarme balcón abajo, así de claro», explica Marina.
Ahora se sabe que la covid persistente existe, aunque la información sea escasa. Hay 116 personas en el grupo de apoyo de la plataforma de afectados por covid persistente en el territorio valenciano. Son 116 historias constatables de gente para la que la pandemia no ha terminado, aunque el resto de la sociedad haya recuperado la normalidad.
Los responsables de la plataforma se quejan de que no hay apoyos de la Administración. La mayoría hemos podido pasar página, pero en su libro las hojas están pegadas y pocos los ayudan a intentar separarlas. Marina es una de las valencianas que más secuelas presenta. Cuando habla con Levante-EMV lo hace con la voz muy afónica, luchando por hablar. «Y ayer me diagnosticaron de manera definitiva que voy a estar sin olfato y sin gusto de por vida», cuenta esta valenciana de 51 años. «Me puse a llorar. Siempre he sido una tía súper activa y me ha parado la vida al 90 %. Tengo taquicardias y bradicardias, el corazón me pasa de 140 a 42 pulsaciones en un minuto, cólicos renales, hace 28 meses que no duermo, tengo una fatiga extrema, dolores de cabeza brutales, falta de concentración, manchas en las piernas, dolor articular, llagas en la boca, pérdida de cabello, la voy ya lo ves. Además, se me ha acelerado la osteoporosis, porque parece que el covid acelera las enfermedades», repasa Marina en una lista interminable de síntomas que para no pocas personas son inventados. Además de todo ello, la mujer tuvo un ictus poco después de salir del hospital que la dejó con sensibilidad parcial. «Le cedo una de mis semanas a cualquiera que sea incrédulo sobre este tema», sentencia.
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