El riesgo de temporales extremos crece al calentarse también los fondos marinos

El Ministerio para la Transición Ecológica constata que las capas intermedias y profundas del Mediterráneo son cada vez más cálidas y salinas al no renovarse durante seis años consecutivos, con graves consecuencias para las regiones colindantes

Playas de Canet y Sagunt, 
donde la erosión ha convertido
el arenal en páramo de 
guijarros.  daniel tortajada

Playas de Canet y Sagunt, donde la erosión ha convertido el arenal en páramo de guijarros. daniel tortajada / minerva mínguez. calabuig

Minerva Mínguez

Minerva Mínguez

Las capas intermedias y profundas del Mediterráneo son cada vez más cálidas y salinas. Durante seis años consecutivos, de 2013 a 2019, los investigadores no han detectado renovación de esas aguas según figura en el Plan de Ordenación del Espacio Marítimo aprobado hace una semana por el Consejo de Ministros. Este calentamiento sin freno, unido al incremento de la temperatura superficial, implica graves consecuencias para el propio mar y su hábitat, así como para las regiones colindantes próximas como es la Comunitat Valenciana.

«Se favorece una mayor evaporación y por tanto aumenta el potencial atmosférico para la formación de eventos cada vez más extremos», explica Samira Khodayar, directora del Grupo de Meteorología y Climatología del Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM). Aunque Khodayar insiste en que es la Oceanografía la rama experta en la materia, señala que los resultados del informe son «alarmantes por todos los cambios que se están registrando». Este progresivo y acelerado ascenso se observa también en la salinidad, que aumenta la densidad del mar en algunas zonas. «La cantidad de calor absorbida ha sido tremenda», remarca.

El documento ministerial no deja lugar a la duda al reseñar que esta circunstancia, junto con las tendencias de calentamiento global, podría provocar «una disminución progresiva en los niveles profundos de oxígeno».

Plan Nacional de Adaptación

Khodayar, que hace unos días participaba en Madrid en la elaboración del Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático, explica que los efectos del calentamiento de la atmósfera son más rápidos en la superficie del mar que en las inferiores porque hay un desacoplamiento temporal. «Acorde con el aumento progresivo y acelerado de la temperatura superficial que tenemos registrado, de aproximadamente 1,6 grados desde 1982, se ha observado también un incremento igual en las capas medias y profundas», comenta Khodayar.

Las olas de calor marina, cada vez más frecuentes, son un fenómeno sobre el que el Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo ha colocado el foco en los últimos años. Si en verano se encadenaron 43 días consecutivos con temperaturas por encima de los 27 grados centígrados en el mar, las anomalías positivas siguieron dándose durante el otoño con noviembre arrojando los valores más altos en ese mes desde 1982, con un calentamiento acumulado que casi llegó a los 1,6 º C de promedio en toda la cuenca mediterránea. Dato que se repitió en diciembre.

La otra cara de la desalación: los perjudiciales vertidos de salmuera

El recorte en el trasvase Tajo-Segura ha llevado al Ministerio para la Transición Ecológica a insistir en alternativas como la del agua procedente de las desaladoras. Sin embargo, es el propio departamento que dirige la ministra Teresa Ribera el que señala la contrapartida, al incidir en que la desalación produce un residuo: la salmuera.

Se trata de aguas con una elevada salinidad, que alcanzan entre 1,6 y 2,5 veces la del mar, dependiendo del rendimiento de la instalación. Suelen ir acompañadas, además, de productos químicos utilizados en el tratamiento. El Plan de Ordenación del Espacio Marítimo apunta a que el aporte de salmueras al medio marino puede ser perjudicial para los ecosistemas bentónicos y altamente dañinos para organismos fijos como las praderas de Cymodocea nodosa y Posidonia oceánica. Ambas especies contribuyen a la mejora de la calidad del agua y actúan como elemento de protección frente a la erosión de la costa.

Los vertidos de salmueras procedentes de las estaciones desaladoras además de hipersalinas son hiperdensas, por lo que tienden a hundirse. De ahí que deban extremarse las medidas de precaución con un sistema de vertido adecuado, con tramo difusor y varias bocas orientadas hacia la superficie. La capa hiperdensa tapiza el fondo y evoluciona lentamente por gravedad hacia mayores profundidades, tal como destaca el documento ministerial. En la Comunitat Valenciana existen ocho plantas desaladoras, Mutxamel, Oropesa, Moncofar, Sagunt, Xàbia, Alicante I, Alicante II y Torrevieja. El volumen de agua desalinizada se ha incrementado en los últimos siete años con hasta 100 hm3 en 2019.

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