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El campus de Burjassot, el aliado de la OMS que combate epidemias en todo el mundo

La Unidad de Parasitología de la Universitat de València es el único centro colaborador en el mundo para el control de la fascioliasis o duela del hígado

Se trata de una dolencia muy ligada a los fenómenos climáticos porque el principal portador del parásito es un caracol que se multiplica rápidamente en épocas de alta humedad

El catedrático Santiago Mas dirige la Unidad de Parasitología de la UV, que se dedica a controla las epidemias de fascioliasis.

El catedrático Santiago Mas dirige la Unidad de Parasitología de la UV, que se dedica a controla las epidemias de fascioliasis. / Daniel Tortajada

Lluís Pérez

Lluís Pérez

València

Hace dos décadas, la Unidad de Parasitología de la Universidad de València comenzó a combatir una epidemia de fascioliasis, conocida comúnmente como la duela del hígado, en una área del altiplano boliviano de 160.000 habitantes, en la que el 100 % de los niños habían contraído la enfermedad. En diez años, gracias al trabajo de campo, la investigación y la aplicación de medidas, han conseguido reducir la incidencia hasta el 10 % de los menores del lugar.

No es la única zona del mundo en la que han combatido esta enfermedad; también lo han hecho en Vietnam, Sri Lanka, India, Pakistán, Filipinas y otros países del sudeste asiático. Son el único centro colaborador de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que se encarga de hacer frente a esta enfermedad en todo el mundo. Y son, además, una unidad singular porque es el único organismo dentro de la red de la OMS que se encuentra ubicado en una universidad. Empezaron hace casi 20 años y, gracias a sus resultados solventes, renuevan su colaboración. La OMS los analiza cada cuatro años para mantener los altos niveles de calidad.

En la segunda planta de la Universidad de Farmacia, el catedrático de Parasitología Santiago Mas recibe a Levante-EMV para explicar cómo trabaja el equipo que lidera de entre 15 y 20 personas -el número es variable al ser un espacio universitario- cuyo cometido es el control y erradicación de esta enfermedad, provocada por un parásito -un gusano-, que es transmitido mayoritariamente por caracoles -se reproduce rápidamente en zonas húmedas, con fuertes lluvias y temperaturas moderadas-, aunque también llega al ser humano a través del consumo de berros -su consumo es propio de las zonas con altos niveles de humedad- o del ganado. "La infección se produce ingiriendo un estadio del parásito conjuntamente con el berro o bebiendo agua", explica Mas; pero hasta allí llega a través del caracol.

Los gusanos, los parásito de la fascioliasis, son visibles a simple vista.

Los gusanos, los parásito de la fascioliasis, son visibles a simple vista. / Daniel Tortajada

Trabajo de campo, análisis y medidas

Al detectar la epidemia, los responsables de las zonas afectadas contactan con la central de la OMS en Ginebra, la encargada de marcar las prioridades de cada cuatrienio. Sin embargo, por su larga trayectoria, "ya somos muy conocidos y los países nos contactan directamente", relata el catedrático de la UV.

Normalmente, desde la unidad, organizan una expedición de casi una decena de profesionales -la última fue al altiplano boliviano y participaron ocho profesionales con un presupuesto de 60.000 euros- que conforman un equipo multidisciplinar. Según Mas, el motivo es que "tenemos que dilucidar todo lo que sucede con la enfermedad en ese contexto concreto" porque, además, "es una enfermedad muy compleja, epidemiológicamente muy heterogénea", por lo que las medidas útiles para tratarla en el delta del Nilo, "no tienen nada que ver" con las aplicadas en los Andes.

La unidad de parasitología está conformada por perfiles diversos: médicos, veterinarios, farmacéuticos y biólogos. "El trabajo consiste en conocer el virus, cómo se comporta, cómo se transmite y, a partir de ahí definir las medidas a tomar", explica. El equipo toma las muestras, secuencia el ADN del parásito, realiza análisis climáticos o monitoriza sistemas de información geográfica, ente otros trabajos.

El catedrático Santiago Mas busca una muestra en el laboratorio de la UV.

El catedrático Santiago Mas busca una muestra en el laboratorio de la UV. / Daniel Tortajada

El trabajo se divide en tres fases: el trabajo de campo en las zonas afectadas, el análisis posterior en el laboratorio y la aplicación de las medidas, ya sean de carácter farmacéutico o recomendaciones en las rutinas diarias. Por ejemplo, para reducir la epidemia en al altiplano boliviano, introdujeron un medicamento producido por Novartis, y distribuido gratuitamente, con una dosis anual para combatir la infección, pero además se recomendó la instalación de grifos y fuentes de agua potable en las escuelas, para evitar que consumieron agua estancada con altas probabilidades de albergar el parásito.

Debido a la magnitud de los proyectos, "necesitamos indispensablemente financiaciones muy elevadas", por lo que dependen en gran parte de la financiación externa a través de las ofertas de proyectos, aunque Mas reconoce que "solemos ser bastante exitosos en este sentido porque vamos siempre con proyectos concretos".

Una enfermedad "climática"

Los fenómenos atmosféricos están estrechamente relacionados con la expansión de la enfermedad, aunque la climatología no es el único factor influyente. "Está muy relacionada con lo que llamamos el cambio global", explica el catedrático, quien lista algunos de los fenómenos: los movimientos de población o del ganado o, incluso, la compra vente de este último que, en caso de portar el patógeno, lo extienden a otras zonas. Y añade: "Esto la hace una enfermedad que tiene, continuamente, focos calientes".

Uno de los miembros del equipo de la Unidad de Parasitología analiza mapas climáticos.

Uno de los miembros del equipo de la Unidad de Parasitología analiza mapas climáticos. / Daniel Tortajada

A pesar de estos otros factores, la climatología influye mucho en la irrupción de las epidemias. Por ejemplo, el contexto de los Andes es muy favorable "para la transmisión continua y continuada" porque es idónea para la multiplicación de los caracoles portadores de la fascioliasis. Además, el cambio del fenómeno de La Niña al del Niño ha provocado un cambio radical en el contexto climático de la zona al pasar "de unos años de intensa sequía" a "un periodo de mucha pluviometría", el cual "ha provocado que se dispare otra vez el número de caracoles y, por tato, la transmisión de la infección", comenta Mas. En el continente asiático, por contra, los monzones favorecen la transmisión de forma continuada.

Resultados "a largo plazo"

La lucha contra la duela del hígado requiere de paciencia y determinación porque, como explica el catedrático, "los resultados no son inmediatos, necesitan tiempo". En el altiplano boliviano comenzaron hace 15 años y la situación allí ha cambiado radicalmente al haber conseguido "reducciones muy drásticas de la prevalencia de los niños". Para Mas, el resultado es muy satisfactorio, principalmente, porque los niños, antes, "estaban apocados, muy delgados" y, ahora "da gusto verlos".

Además, la unidad aprovecha sus viajes para formar a los locales y, así, disponer de una red de centros "mundial" con "profesionales formados en todos los países" que facilitan la recogida de muestras o el control de la epidemia cuando no hay medios para realizar una expedición. Pero la lucha contra la fascioliasis se coordina desde un único centro el mundo y está en València

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