Los grandes incendios se reproducen hasta 4 veces en zonas ya repobladas
Los registros cartográficos muestran que la zona de Montitxelvo calcinada en noviembre se quemó en 1979, 1984, 1993 y 2012
La sequía complica la regeneración que se tenía que haber iniciado en otoño

Los grandes incendios se reproducen hasta 4 veces en zonas ya repobladas | FOTOS DE EDUARDO RIPOLL Y CEAM / minerva mínguez. valència

La situación de sequía severa en la Comunitat Valenciana complica la regeneración en las zonas arrasadas por los dos grandes incendios más recientes: Villanueva de Viver y Montitxelvo (marzo y noviembre de 2023).
Ambos desastres se llevaron por delante 6.800 hectáreas de monte, pero en el caso del segundo además la mitad de la superficie ya había sido quemada hasta en cuatro ocasiones en las últimas cuatro décadas.
Un fuego devastador cada diez años, como destaca el informe de seguimiento elaborado por el Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM).
Algo similar a lo ocurrido en Gàtova en 2017, en la sierra Calderona, con 1.413 hectáreas convertidas en cenizas. La zona ya había sufrido tres episodios previos, el más grave en 1994 con 6.717 hectáreas quemadas.
Los investigadores señalan que esta recurrencia «supone una degradación paulatina de los ecosistemas forestales que sería necesario revertir».
Para ello proponen intensificar las infraestructuras de prevención, como los cortafuegos, además de evitar fuentes de ignición como pueden ser las quemas de restos agrícolas en las proximidades del monte.
En el caso de Montitxelvo, que afectó a las comarcas de la Vall d’Albaida, la Safor y el Comtat, existe un elevado riesgo de erosión por las fuertes pendientes del terreno.
Bancales abandonados
En la prospección que el equipo del CEAM llevó a cabo entre el 13 y el 23 de noviembre una vez acabadas las tareas de extinción se achacó la propagación de las llamas a la presencia de bancales abandonados.
La densa vegetación de los campos de naranjos conectó con los cañaverales que cubrían los márgenes de barrancos y el fuego acabó afectando al perímetro urbano de varias poblaciones así como áreas residenciales.
La cartografía del Plan de Acción Territorial Forestal de la Comunitat Valenciana (Patfor), previa a otro desastre en 2012, indicaba una superficie arbolada de casi 500 hectáreas que tras el desastre se quedó en 178 h.
Desde el año 1979, a partir de cual se tienen registros cartográficos, el perímetro del incendio había sido recorrido previamente por el fuego en un 80 %.
Es decir, 1.874 hectáreas ya se habían quemado al menos una vez entonces.
Casi el 40 % del desastre del pasado noviembre contabilizaba otros tres episodios antes y más del 11 % registra cuatro o más en 45 años (1979, 1984, 1993, 2012 y el último en 2023).
Aunque por la época del año y las condiciones meteorológicas, con rachas de viento de más de 80 km/hora, cabía esperar unas condiciones de afectación medias o bajas, lo cierto es que las imágenes del satélite y la exploración ‘in situ’ muestran valores altos de severidad en el pinar adulto.
La recuperación de campos no trabajados es una las principales recomendaciones ya que permite la apertura de discontinuidades para mantener una interfaz urbano-forestal más segura.
En cuanto a la propiedad del suelo, las llamas se propagaron mayoritariamente por terrenos de propiedad privada.
Por contra, la superficie con gestión pública fue de 562 hectáreas, con 232 de repoblaciones realizadas mayoritariamente en 1951 con pino carrasco (Pinus halepensis).
En Villanueva de Viver aunque la capacidad de regeneración en primera instancia parecía buena, los autores del estudio la condicionaban a cierto grado de humedad en el suelo. Las esperadas lluvias y los días menos calurosos que hubieran facilitado la germinación de semillas o el rebrote de arbustivas sin embargo no se dieron el otoño pasado.
El CEAM, además, hace hincapié en la necesidad de retirar madera muerta y crear zonas que rompan el paso del fuego en una masa forestal con alto riesgo de propagación.
De Montitxelvo también advertían de que la escasa pluviometría y el castigo reiterado del fuego podían disminuir la capacidad de recuperación vegetal. Ni llovió en los meses de otoño, ni en los de invierno.
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