Europa, Europa: Valencianos unidos al continente | Enrique Guerrero

«La UE solo avanza decisivamente al hacer frente a una grave crisis»

El exeurodiputado socialista llama a las generaciones actuales a «enamorarse de la normalidad democrática» del proyecto europeo

El exeurodiputado Enrique Guerrero, en una imagen del Grupo Socialista en el Parlamento Europeo.

El exeurodiputado Enrique Guerrero, en una imagen del Grupo Socialista en el Parlamento Europeo. / Levante-EMV

Diego Aitor San José

Diego Aitor San José

Enrique Guerrero (Carcaixent, 1948) ha vivido la evolución de la Unión Europea en primera persona: estuvo en la firma del acuerdo de adhesión a la Comunidad Económica Europea durante su etapa como asesor en la presidencia de Felipe González y formó parte del Europarlamento entre 2009 y 2019, los años de la crisis económica, la de los refugiados y el Brexit. Por o a pesar de ello, se define como un europeísta optimista.

¿Qué significa ser hoy europeísta? 

Significa ser consciente de que los problemas actuales y futuros son cada vez más globales y solo tienen respuesta efectiva si lo hacemos como parte de un actor de dimensión económica y política igualmente global. Orgullosos de que la UE es el único actor que combina prosperidad económica, modelo social, espacio de derechos y libertades democráticas y solidaridad. China progresa económicamente, pero carece de libertades. Los Estados Unidos, son eficaces y prósperos, pero carecen de modelo social protector y solidario. Rusia no tiene ninguna de las dos cosas, y por eso solo aspira a ser actor global en modo bélico. Ser europeísta significa sentirse parte de un tesoro cultural común. Pero, políticamente, ser europeísta significa aspirar a más Europa, más políticas comunes, más integración, instituciones políticas más democráticas y más responsables ante los ciudadanos.  

 Usted vivió desde el Gobierno la entrada en la UE, ¿queda algo del enamoramiento del inicio?

Cuando ingresamos en la entonces Comunidad Económica Europea yo formaba parte del Gabinete de la Presidencia del Gobierno, y tuve oportunidad de asistir al acto de firma en el Palacio Real de Madrid. El sentimiento general era que abríamos una inmensa puerta al futuro. Ese sentimiento, de pertenencia, de equiparación a los países más libres, de garantía democrática, de superación de un aislamiento de siglos, es irrepetible. Pero no irremplazable. Las generaciones actuales tienen tantas razones para enamorarse de la normalidad democrática como la mía lo hizo cuando salimos de una excepción anormal. Erasmus ha sido una declaración de amor para millones de jóvenes europeos. 

Sin embargo, es llamativo que cada vez hay más países de fuera que quieren entrar en la UE mientras crece el movimiento interno de quienes quieren salirse.

El Brexit, un tiro en el pie a causa del populismo irresponsable del Partido Conservador, nos ha vacunado frente a quienes fantaseaban con hipotéticas salidas. Más que del euroescepticismo, el peligro viene de quienes quieren implosionar la Unión desde dentro para volver a los esquemas estrictamente nacionales y peligrosamente nacionalistas. Claramente falta pedagogía. Pero el problema fundamental es que mientras la vida real de los ciudadanos está cada vez más marcada por las decisiones europeas, la competición política, el debate partidario, la confrontación, sigue siendo nacional. Lo estamos viendo en la campaña electoral. Lo vemos en todos los debates parlamentarios sobre las decisiones tomadas en los Consejos Europeos, que pasan desapercibidas ante el conflicto interno, más llamativo mediáticamente. 

Enrique Guerrero posa en una sesión del Parlamento Europeo.

Enrique Guerrero posa en una sesión del Parlamento Europeo. / Levante-EMV

Fue eurodiputado de 2009 a 2019, años de la crisis económica, refugiados y Brexit, ¿la UE vive en constante amenaza? 

En la trayectoria de la UE se da una fuerte paradoja. Solo avanza decisivamente cuando tiene que responder a una grave crisis. En el S. XXI ha vivido permanentemente en una suerte de “policrisis”: financiera, de deuda, refugiados, Covid, guerra de Ucrania. Frente a las tres primeras, la respuesta fue tardía, débil, confusa, divisiva, insolidaria entre sus países miembros y socialmente insensible. Frente a las dos últimas ha sido rápida, potente, coordinada, solidaria y con avances en el proceso de federalización. Pero todas ellas han desnudado las debilidades estratégicas de la Unión, gobernanza económica, seguridad, energía, capacidad industrial, demografía. Si nuestra respuesta es tan potente y coordinada como en las dos últimas superaremos los déficits y las amenazas..

¿Cómo vivió aquellos años?

Viví intensamente, como vicepresidente del Grupo Socialista, las dos primeras crisis, y nos opusimos firmemente a la política austericida, que se demostró errónea económicamente y destructiva socialmente. Pero personalmente me afectó más la de refugiados. Era el ponente Permanente de Ayuda Humanitaria del Parlamento Europeo y nuestra respuesta a esa crisis fue inhumana e irrespetuosa con los derechos más fundamentales de los que llegaban a nuestras fronteras huyendo de la guerra, el hambre y la persecución.    

Y pese a todo, ¿es optimista respecto al proyecto europeo?

Soy obligadamente optimista, porque me baso en que la Unión Europea es imprescindible para cada uno de sus miembros. Habrá seguramente retrocesos, pero se impondrá la dirección de no retorno porque solo hay salvación hacia delante.  

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