La gestión incomoda más que la guerra cultural

Cerrado el ciclo electoral, la ejecución (baja) del presupuesto, los vaivenes en la admisión escolar, las restricciones estivales en los centros de salud, los impagos y, como telón de fondo, el anuncio de despidos en Ford han encorajinado a la oposición en un contexto de choque institucional permanente entre Consell y Gobierno

La consellera de Hacienda, Ruth Merino, junto a Camarero, Barrero y Mazón, en Corts esta semana

La consellera de Hacienda, Ruth Merino, junto a Camarero, Barrero y Mazón, en Corts esta semana / EFE

Alfons Garcia

Alfons Garcia

La sesión de control este jueves en Corts mostró a una oposición crecida contra Carlos Mazón a partir de los datos de gestión presupuestaria que se han ido conociendo y que sitúan a la Comunitat Valenciana en el furgón de cola de España en ejecución de inversiones en 2024. El president de la Generalitat respondió con los resultados de las elecciones europeas, que han confirmado su mayoría, con algunos anuncios y con un tono de confrontación que no apunta tanto a los partidos sentados en las Corts sino al Gobierno de España, al que con mayor o menor apego están ligados PSPV y Compromís.

La gestión del presupuesto, los vaivenes de Educación en la admisión escolar, las restricciones de verano en los centros de salud y los impagos sanitarios (los médicos de La Fe del plan de choque ya han dicho que paran tras no cobrar), han mostrado a un Gobierno más tenso y menos suelto que durante semanas enlazadas de guerra cultural. El panorama se completa con los anuncios de nuevos despidos masivos en la planta de Ford, un factor ajeno al Ejecutivo, pero de gran impacto social.

El carrusel de elecciones ha finalizado, a menos que Cataluña vuelva a las andadas. Y ha transcurrido un año desde el cambio en la Generalitat. La herencia pierde ya valor argumental: es absurdo además contestar a lo que no funciona con que antes iba peor. Con un horizonte limpio por delante, llega el momento de la gestión para el Consell de PP y Vox. Es la parte oscura, con menos brillo que los anuncios y las presentaciones, pero es la parte que acaba sacando los colores de los gobernantes si al final los proyectos se quedan en papeles y power points.

Los cambios en el segundo y tercer escalón que Mazón califica de rumores y que su entorno da por hechos en semanas han de estar ligados a un impulso a la resolución de expedientes administrativos tras un año en el que se ha podido constatar la solvencia y el rodamiento de los equipos.

Campanar, más fuego

Paradójicamente (o quizá por eso), a pesar de haber cerrado el ciclo electoral, la semana política exhibe una escena más agitada de lo esperable, con nervios a flor de piel y susceptibilidades en carne viva. El caso de las víctimas del incendio de Campanar lo evidencia. Poner en el ruedo político la desgracia cercana y afear al otro que no ha atendido a una parte de los afectados es un paso peligroso que demuestra sobre todo nerviosismo. Más cuando las víctimas están divididas y la otra parte (el Gobierno central) responde que el Consell se ha centrado solo en unas. El barro no debería alcanzar a ciertos ámbitos. Pero España ya tiene experiencia en esto de convertir a las víctimas (ETA, 11M...) en material del pimpampum político diario.

Cataluña y la asimetría

Además del agua, Cataluña es otro motor habitual de enfrentamiento entre el Consell de Mazón y el Gobierno de Pedro Sánchez. Este lo ha puesto fácil esta semana. Incluso ha regalado un salvavidas al president al deslizar la ministra de Hacienda un trato singular en lo financiero a Cataluña, algo que es difícil que no acabe pasando, pero que convendría que quedara al margen de componendas para acuerdos de poder y que debería debatirse y ejecutarse fuera de la bilateralidad y dentro de las costuras del entramado autonómico.

La financiación apela también a los socialistas valencianos. Es verdad que el Gobierno ha aumentado los ingresos a la Comunitat Valenciana y que las inversiones en infraestructuras (por efecto del corredor mediterráneo, especialmente) son especialmente altas en los últimos meses. Pero si el Gobierno ya aterriza una financiación singular para Cataluña (la declaración ayer de Salvador Illa es reveladora), el PSPV debería tantear una respuesta propia y no dócil.

Choque institucional

La cuestión es que la asimilación entre, por una parte, PP y Consell, y, por otra, PSPV y Gobierno (todo lo que viene de esos frentes es bueno para el partido en cuestión) conduce a un prolongado (y desgastador) choque institucional.

La semana vuelve a mostrar así que la reforma del sistema de financiación está en dique seco.

No obstante, en un contexto de polarización sostenida hay rendijas de luz, como el pragmatismo del secretario autonómico de Financiación. Eusebio Monzó es un gestor curtido en el frente de la financiación autonómica, con experiencia suficiente para tener claro que sin cesiones no habrá avances y que los dogmatismos son la condena de la reforma. En unas jornadas de la Airef, Monzó, como representante de la Generalitat, proponía lo que parece obvio pero no siempre el PP ha apoyado: sin renunciar a una reforma en el futuro de los criterios (injustos) de reparto, aprobar ahora un ingreso adicional para las comunidades infrafinanciadas que elimine la brecha actual entre territorios. O sea, un fondo de nivelación regulado y objetivado, sin improvisaciones ni al albur de una decisión presupuestaria anual. O sea, una reforma «blanda», posibilista, del modelo. Puede que sea distinto a lo que el PP decía hace diez años, pero tras una década perdida es una senda hacia algún destino. Un parche, pero mejor eso que la reforma que nunca llega.

El PSPV y sus trincheras

La semana posterior al carrusel electoral muestra a un PSPV que mantiene el vigor y la excitación del inicio de legislatura, pero en el que aflora también el sustrato de las guerras orgánicas que han de venir, con València como epicentro, y con las trincheras del partido (el aparato) y el grupo parlamentario no siempre bien comunicadas. En la dirección renovada de Diana Morant, cuando se apagan los focos y las cámaras, aparecen las miradas de reojo y vigilantes entre los escuderos, mientras la reina parece que no ve. El PSPV-PSOE auténtico e histórico.

Compromís sin Sumar

Compromís (otra paradoja) ha salido fuerte del batacazo de Sumar. Es lo que tiene permanecer como la fuente de votos más sólida para el proyecto de Yolanda Díaz. Le ha valido para reafirmar obediencia valenciana en medio de la crisis del proyecto. En todo caso, la coalición, que despide a Marzà camino de Bruselas, necesita una reflexión profunda, más allá de liderazgos, porque lleva en un retroceso electoral progresivo desde 2015. 

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