Análisis

El valenciano antes y después de la AVL

Sanchis-Guarner Cabanilles recupera en un libro la génesis de «la pau lingüística» y abre la vía a una reflexión sobre el estado del idioma.

Grisolía, Sanchis-Guarner, Calomarde, Manuel Muñoz Ibáñez y Rosa Serrano, en el pleno de Corts de 1998 en el que se aprobó el dictamen del valenciano.

Grisolía, Sanchis-Guarner, Calomarde, Manuel Muñoz Ibáñez y Rosa Serrano, en el pleno de Corts de 1998 en el que se aprobó el dictamen del valenciano.

Alfons Garcia

Alfons Garcia

«Què vols, que isca ahí fora i que em maten?» La frase es de Xavier Casp e ilustra en pocas palabras la situación que rodeó durante décadas al valenciano en estas tierras. A los jóvenes quizá el nombre no les diga nada, pero Casp fue durante décadas el referente cultural del sector social contrario a la unidad de la lengua. ‘Batalla de València’ es el nombre con el que ha pasado a los libros de historia este episodio que comienza poco después de la muerte del dictador y se diluye a partir de 1998. La frase sonó la mañana del 13 de julio de ese año en la sede del Consell Valencià de Cultura (CVC), antes del debate final para la aprobación del dictamen que daría lugar casi tres años después a la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL). La frase tenía todo el sentido porque de aquella reunión salieron en furgón policial, ante los improperios y los lanzamientos de huevos y monedas de medio centenar de manifestantes del Grup d’Acció Valencianista (GAV). La frase la recupera el entonces secretario de la institución, el médico Manuel Sanchis-Guarner Cabanilles, hijo del famoso lingüista, en el libro ‘Gènesi de l’AVL. El debat’ (Denes), en el que deja para la posteridad su versión, de cerca, sobre el proceso de gestación de la entidad normativa a partir de sus recuerdos y las anotaciones de su diario personal. Más allá de la relevancia de las aportaciones y las facturas saldadas que supone la obra, este tiene el valor de ayudar a situar la evolución de la política lingüística sobre el valenciano en estos algo más de 25 años.

Sanchis-Guarner rescata y pone en valor un concepto de su padre, clave para la solución de la batalla: el «policentrismo normativo convergente». La idea es clara: la existencia de varias autoridades normativas del idioma, pero tendentes a la convergencia. Lo contrario, la dispersión, conduce a disminuir el tamaño de los sistemas lingüísticos y propicia su desaparición. Esa era la propuesta que venía de los años setenta y que se hace efectiva en los 90 con los acuerdos para la AVL. La pregunta hoy sería qué ha pasado y qué está pasando más de 25 años después del inicio de aquella operación.

De UV a Vox en la alianza

Lo primero al contrastar un tiempo y otro es advertir la diferencia de contextos. Un elemento político crucial en los años 1997 y 1998, el tiempo del proceso del pacto del que surgiría la entidad lingüística valenciana, era la Unión Valenciana de Vicente González Lizondo, el partido que representaba el ‘blaverismo’ lingüístico y social. Estratégicamente, empezar a disolver el conflicto del idioma era una forma también de comenzar a eliminar los pilares argumentales de UV y proceder a su fagocitación. Así pasó. Es lo que hizo el PP de Eduardo Zaplana, que había llegado a la presidencia de la Generalitat en 1995 gracias al llamado ‘pacto del pollo’ con UV y que en 1999 estrenó ya mayoría absoluta y no necesitó esa muleta.

El apoyo necesario del actual president de la Generalitat por el PP, Carlos Mazón, es Vox. El contexto es diferente así. Ya no es una fuerza regionalista la que presiona como socia, sino una marcadamente españolista y contraria a las autonomías.

El regionalismo 'blaverista' de UV era factor clave en 1998. Hoy lo es una fuerza españolista como Vox

En este entorno diferente, el actual Gobierno de PP-Vox ha aprobado medidas para reducir la obligatoriedad del valenciano (puede no ser ya lengua base en los colegios si las familias así lo deciden y su conocimiento pesa menos en la elección del personal sanitario). El argumento del PP es que la «imposición» no ha funcionado para aumentar el uso social y su política es la de la «promoción» sin obligación. A su vez, el Consell de Mazón ha puesto en marcha un valenciano de la Administración «más cercano a la calle» y que busca explícitamente alejarse de «la confluencia» con otros territorios, que es lo que dice que intentó el Botànic. Así que ni ‘aquest’ ni ‘avui’ y mejor formas como ‘faena’, ‘ferramenta’, ‘gasto’ o ‘pròxim’ y los incoativos en -ix y no en -eix. La AVL ni se ha opuesto a esta política ni a la anterior, «catalanizadora», según el gobierno actual. Ninguna de ellas se sale del marco normativo que ha ido aprobando desde 2001.

La AVL ha ido haciendo su papel sin salirse del camino de la convergencia, aunque haya puesto en valor lo que en su momento se bautizaron como «formas genuinas» valencianas. Como Sanchis-Guarner destaca, en 2020 ratificó el acuerdo con el Institut d’Estudis Catalans y la Universitat de les Illes Balears para una normativa inclusiva y unitaria. Y en el plano social, el conflicto de hace 25 años se ha reducido a una mínima expresión.

El problema continúa estando en el uso social. Existe una línea filológica, con representación también en la AVL, que defiende esta vía de acercamiento de la normativa al habla de la calle, en concordancia con la propuesta administrativa del Gobierno actual. ¿Funcionará? ¿Ello es alejarse de la convergencia y empezar un camino hacia la dispersión? ¿Qué consecuencias puede tener a medio plazo, más minorización? El debate está ahí. Y es pertinente.

El «amigo» Camps

Al margen de si el origen de «la pau valenciana» fue externo (por la presión de José María Aznar y Jordi Pujol, aliados necesarios entonces, sobre Zaplana) o interno (una cena en 1997 entre el propio Sanchis-Guarner y su «amigo» Francisco Camps, entonces conseller de Educación y Cultura, en la que compartieron la oportunidad de una entidad normativa del valenciano), el libro del hijo del atacado lingüista es sobre todo una oportunidad para la reflexión y la discusión (necesaria) sobre el estado del valenciano y su futuro.

Aquel 13 de julio de 1998, salieron en el mismo furgón policial Casp y Ramon Lapiedra, exrector de la Universitat de València y símbolo para una parte importante de la izquierda y de la defensa de la unidad de la lengua. La estampa resume un tiempo pasado. La incógnita es el presente. n

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