Todos los rastreos de víctimas en el parking de Bonaire son negativos
Solo queda por revisar un sector donde ha colapsado el techo, pero que se vino abajo cuando el centro ya estaba desalojado, por lo que es poco probable que haya alguien

Policía Nacional

Cuando apenas quedan unos pocos centímetros de agua en el parking subterráneo de Bonaire, en Aldaia, las mejores previsiones se confirman: no hay víctimas mortales en ese punto, a pesar del temor de los equipos de rescate, aumentados por los bulos que se habían empeñado en que el parking fuese un gigantesco cementerio, lo que ha atraído a la prensa internacional, ávida de esa imagen del horror. Por fortuna, nada de eso se ha cumplido: el único cadáver hallado, a falta de limpiar un área colapsada, pero que cayó cuando el centro ya había sido desalojado, es el de un gato, que posiblemente trató de guarecerse durante la tromba de agua.
La buena noticia ya había empezado a perfilarse en la tarde-noche del domingo, cuando las potentes bombas aportadas por la empresa TSTde Barcelona sumadas a la de la UME y a las de los bomberos llegados de media España, lograban rebajar a buena velocidad el nivel del agua. Solo las tres de TST y de la UME evacuaban 1.600 metros cúbicos por hora.
Tanto los bomberos, como los buzos de los llegados de la Diputación de Salamanca y los militares, fueron realizando inspecciones del interior a medida que el agua iba bajando . La primera, con un dron de la Policía Nacional, que tuvo que parar por el riesgo de que se cayera al agua: «Había poco espacio y mucha turbulencia», describe el agente que lo maneja. No aportó demasiada información.
Después, fueron los de la UME con la neumática. Navegaron por los cuatro sectores del aparcamiento subterráneo, de una sola planta y 1.500 plazas, pero ni siquiera pudieron contar con certeza cuántos coches había.
Siguieron achicando. Cuando quedaba un metro cincuenta, entraron los buzos, pero la visibilidad era muy mala. Eso sí, pudieron abrir los coches que estaban más cerca de las cuatro rampas de salida y el rayo de esperanza empezaba a dibujarse en el horizonte: nadie en el interior. Fue una inyección de moral.
«Veníamos con miedo»
Los trabajos continuaron a contrarreloj. A última hora de la tarde del domingo, con 1,20 metros de altura, entraron pertrechados de picas. «Íbamos 12 o 15 por sector, en línea, pinchando y moviendo lateralmente el gancho para confirmar que no había ninguna arqueta levantada o agujero que comprometiese nuestra seguridad y, al mismo tiempo, ver si podía haber algún cuerpo en el suelo», explica un bombero. Nada. La esperanza seguía viva.

Sara Fernández
«No nos los podíamos creer. Las diez horas que nos llevó venir desde Salamanca veníamos con la congoja de pensar qué nos íbamos a encontrar ahí abajo. Leíamos tantas noticias y cosas que hablaban de tantos muertos que...», deja la frase en el aire.
Cada vez que bajaba 15 o 20 centímetros el agua, que salía a chorro hacia las alcantarillas y de paso limpiaba de barro el parking quitándole la pátina de escenario postapocalíptico, volvían a entrar y realizaban el mismo recorrido con picas, remos y palos. Todos los rastreos fueron negativos. Los ánimos estaban cada vez más altos.
A los 60 centímetros de altura, entró la Policía Nacional y revisó los escasos 50 coches que se habían quedado aparcados en el recinto. Ni rastro de cadáveres. Otra inyección de energía más grande aún.
La bomba se había atascado varias veces, obturada por objetos. Cada vez que eso sucedía, el temor a que no fueran simples objetos llegados desde las tiendas y el centro comercial, les hacían contener la respiración. Y así, hasta llegar, anoche, a los 20 centímetros: 15 de agua y apenas cinco de lodo. Al cien por cien, no había cadáveres.
Solo una pequeña duda: una de las escaleras mecánicas que daba servicio a la entrada peatonal al centro comercial está totalmente colapsada por la fuerza del agua. Eso significa que se vino abajo mucho después del desalojo del centro, por lo que es bastante poco probable que haya personas atrapados bajo los escombros.Aún así, por razones obvias, las autoridades no darán por cerrada la operación de búsqueda de víctimas en Bonaire hasta que finalice la limpieza por completo.
Desde el primer momento, el hecho de que la tromba engullera el área comercial durante una tarde poco concurrida apuntaba a la posibilidad de que el número de víctimas en su interior fuera nulo o muy bajo. Pero es que, además, los vigilantes pusieron en marcha el protocolo antiinundaciones del centro y, a las 19.15 horas del martes, una hora antes de que la Generalitat enviase su alerta tardía de AlertaEs, obligaron a trabajadores y clientes a cerrar y salir de las tiendas y subir a refugiarse en la primera planta. Además, impidieron el acceso al garaje a quienes pretendía bajar a salvar el coche lo que, a la vista del resultado de la búsqueda, lo que ha hecho es salvarles la vida.
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