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Jornadas de l’IEC-ACPV-UV

El Poyo "reclama" sus escrituras a través de los antiguos paleocauces

La catedrática de Geografía Francesca Segura identifica los ríos fósiles que el agua de la barrancada recuperó el 29-O en una conferencia de l’IEC-ACPV

El barranco del Poyo en Paiporta.

El barranco del Poyo en Paiporta. / Miguel Angel Montesinos

València

La ciencia es la única garantía que dará una visión global y multidisciplinar para lograr entender en toda su extensión la catástrofe del 29 de octubre. Y a la ciencia de la mano de las principales voces valencianas expertas se dedicarán las cuatro jornadas que acogerá el Centre Octubre, «Reflexions i accions després de la catástrofe», organizadas por el Institut d’Estudis Catalans (IEC), Acció Cultural del País Valencià (ACPV) y la Universitat de València (UV).

La catedrática de Geografía Física de la UV, Francesca Segura Beltran, también miembro de la sección de Filosofía y Ciencias Sociales del IEC, fue la encargada de abrir el ciclo de conferencias con la charla «Lliçons de la inundació d’octubre de 2024: Allò que sabiem, allò que ignoràvem i allò sobre el que cal reflexionar».

En palabras de Juli Peretó, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la UV y delegado del IEC al País Valencià, Francesca Segura Beltran «ha escrutado el lenguaje del territorio y descifrado el lenguaje que el agua deja escrito. Es nuestra máxima especialista en riadas y la sucesora de Vicenç Rosselló». Peretó, de hecho, recordó que Segura ingresó en l’IEC con el discurso «Canvis ambientals i antròpics en els sistemes fluvials mediterranis: Crònica d’una destrucció anunciada».

Una destrucción como la del 29 de octubre de 2024 que, según advirtió la catedrática de Geografía Fisica, puede volver a pasar en cualquier punto de toda la cuenca mediterránea. Como ya ha sucedido en el pasado. Las cuatro grandes riadas de los últimos setenta años han dejado precipitaciones similares o incluso mayores a la del 29 de octubre, día de San Narciso o San Honorato, el santoral con el que en anteriores épocas se nombraban las riadas. Según datos de Aemet (Agencia estatal de meteorología) en la de 1957 de València se recogieron 494,4 mm en veinticuatro horas; en la de Tous de 1982, un total de 635,2 mm (aunque podrían ser más por la rotura del pluviómetro); en la de la Safor de 1987 se recogieron 817 mm y en la del pasado 29 de octubre 771,8 mm. Un día en el que, como ha contado Levante-EMV, Turís registró el récord de España de lluvia en una hora: 185 litros.

Los paleocauces de l'Horta Sud.

Los paleocauces de l'Horta Sud. / Héctor Gimeno.

Paleocauces de los barrancos de Pozalet-Saleta-Rambleta y de Chiva-Poyo-Torrent-Catarroja de Francesca Segura (UV) en el mapa «Altura de la lámina de inundación» trabajo dirigido por Josep Pardo, Jaime Almonacid, Alfonso Fernández, Jesús M. Palomar y Ausiàs Roch (UPV). Héctor Gimeno.

Una lluvia «excepcional, muy intensa por lo que no hay suelo que la pueda absorber», señaló Francesca Segura. Y que fue a precipitarse sobre la compleja red de ramblas que forman los barrancos del Pozalet-Saleta-Rambleta y del Poyo (o barranco de Chiva-Torrent-Catarroja-Massanassa, según el municipio que atraviesa). Una extensa cuenca de 479 kilómetros cuadrados pero en la que el agua recorre una corta distancia, 40 kilómetros, hasta desembocar en l’Albufera.

Una condición geomorfológica que unida a la intensidad de la lluvia caída el 29 de octubre provocó que apenas se contara con unas tres horas desde el pico de lluvia hasta que el barranco se desbordó, como alertó la catedrática de Geografía.

Las avenidas en este tipo de cuencas son de repente, con un tiempo de retraso de dos o tres horas desde que cae la mitad de la lluvia hasta el caudal punta. Además Francesca Segura Beltran explicaba en el Octubre que «el tiempo de retraso es el tiempo que hay para gestionar la inundación en ríos perennes. En los Pirineos puede durar semanas, pero en el Mediterráneo es insuficiente. No se puede controlar la emergencia desde el caudal porque ya es tarde, ya se hace tarde en esos momentos».

Con el problema añadido, como recordó Francesca Segura y también contó Levante-EMV, que tanto el Pozalet-Saleta como el Poyo en algunos tramos «pierden el cauce» del barranco «pero no el agua, que corre por la zona y se lamina». En el caso del Pozalet-Saleta-Rambleta que afecta a Alaquàs, Aldaia, Quart de Poblet i Xirivella, el agua «va a buscar el barranco sin cauce de la Rambleta que llegaba a un antiguo marjal en València, ahora interrumpido por el nuevo cauce del Turia».

En el caso del barranco de Chiva-Poyo «llega a desaparecer en un punto, donde está ubicado el aforo que mide su caudal. Y más al sur se une a los barrancos del Gallego y la Horteta, afluyendo al barranco de Torrent que desemboca en l’Albufera».

La cuenca del Poyo tuvo un primer incremento de caudal de 264 metros cúbicos por segundo, el 29 de octubre. Que llegó a bajar a cero durante unas horas pero que «a partir de las 17.30 horas volvió subir hasta que a les 19 horas se rompió el aforo [ubicado en el cruce del barranco del Poyo con la A-3] con un caudal de 2.283 m3 por segundo». Un agua que al desbordarse del cauce volvió a recorrer los paleocauces o ríos fósiles por donde ha circulado el agua a lo largo del Cuaternario (periodo geológico que abarca desde hace dos millones de años hasta la actualidad). Y que la catedrática de Geografía Física Francesca Segura ha recuperado en el mapa que acompaña esta información.

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