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Científica

Maria Jesús Vicent: "Sin investigación no hay innovación y, por tanto, no hay un buen futuro"

Responsable del laboratorio de polímeros terapéuticos del Centro de Investigación Príncipe Felipe, ha sido galardonada con uno de los premios Jaume I

La vila-realense María Jesús Vicent posa tras la entrevista.

La vila-realense María Jesús Vicent posa tras la entrevista. / Levante-EMV

Josep Carda

Vila-real

¿Qué significa para ti ser una de los premios Jaume I de este año?

Recibir el premio Rei Jaume I es un auténtico honor. Llega de la mano de una fundación de referencia para la comunidad científica y cuenta con el aval de universidades, empresas y asociaciones empresariales, además de un jurado internacional de máximo nivel en el que figuran varios premios Nobel. Referentes en mi campo que ya lo poseen lo hacen también mucho más especial. Científicos que además me han apoyado en este camino. Que ese reconocimiento me lo concedan, además, en mi propia tierra lo convierte en algo sencillamente extraordinario. Más que un galardón, es un impulso que me anima a seguir avanzando en lo que me apasiona: ampliar las terapias y las herramientas de diagnóstico basadas en nanomedicina para enfermedades que aún carecen de soluciones claras, desde tumores metastásicos hasta patologías neurodegenerativas. Pero el premio no es solo mío. Reconoce el esfuerzo de un equipo que lleva años trabajando con un nivel de exigencia muy alto, enriquecido por la colaboración de colegas, amigos y numerosas entidades que han confiado en nosotros (financiadores nacionales e internacionales, organismos académicos, empresas e instituciones públicas y privadas). Ese apoyo merece ser devuelto a la ciudadanía con resultados que mejoren de verdad la salud de las personas.

¿Y qué supone compartir galardón con otras tres mujeres?

Es un hito: cuatro de los siete Rei Jaume I de 2025 somos mujeres y eso normaliza, por fin, el liderazgo científico femenino. Compartir escenario con referentes como Núria López-Bigas, Silvia de San José y Victoria Reyes García ofrece a muchas niñas un espejo donde mirarse y confirma que la excelencia no tiene género. Que todos los niños/adolescentes pueden llegar donde quieran hacerlo independientemente de su género, no merece la pena ponerse límites sólo luchar por tus sueños. Es un cambio que se está produciendo, llegando a ser una realidad, ya lo noté en las jornadas Women Lead: Shaking Science, en las que participé como investigadora Futura. Cuando te rodea tanto talento femenino, se multiplican las redes y la ambición colectiva. Este premio proyecta esa misma foto, pero ampliada a toda la sociedad. Pero tenemos que seguir educando, por ese motivo ser considerada una referente junto con otras mujeres que lo han sido para mí, me enorgullece muchísimo.

¿Qué se puede hacer desde las administraciones para incentivar que más niñas y jóvenes se decanten por ser científicas?

Todas y todos podemos y debemos ofrecerles referentes a las nuevas generaciones de científicas, debemos mostrarles el camino y que puedan visualizar un amplio abanico de opciones para ellas. Vamos avanzando. Afortunadamente, hay muchos programas e iniciativas de las administraciones para promover la igualdad en ciencia pero no podemos bajar la guardia y tampoco podemos hacer marcha atrás. Y para que así sea tenemos que seguir trabajando para romper techos de cristal, para que las mujeres estén representadas en paneles de expertos y órganos de toma de decisiones.

¿Cómo, cuándo y por qué se despertó en ti esa vocación como investigadora?

Fui una niña muy curiosa que mezclaba todo lo que encontraba para ver qué pasa si... En el instituto me enamoré de las fórmulas químicas y decidí que quería investigar de verdad, así que estudié Química orgánica y, después, Química de Materiales con especialidad en catálisis en la UJI, donde hice mi doctorado. Me fascinaba cómo el reactivo adecuado puede cambiarlo todo. Pero mi rumbo se redefinió cuando mi padre, aún joven, enfermó de cáncer. Entonces entendí que la química, que mis materiales, debían servir para algo más que satisfacer mi curiosidad: debía ayudar a los pacientes. Por eso trasladé lo aprendido en la UJI, y en mis estancias durante la tesis en la Universidad de California, Berkeley a la biomedicina. Hice un postdoctorado con la profesora Ruth Duncan, pionera en polímeros terapéuticos, a la que considero mi madre científica, y me fascinó, por lo que continúo en este campo que me apasiona, con siempre al menos un proyecto de investigación en cáncer de próstata, la enfermedad que había tocado a mi familia. La curiosidad me llevó a la ciencia y la vida me empujó a convertirla en una herramienta para mejorar los tratamientos oncológicos; sigo mezclando cosas, pero ahora con la vista puesta en ofrecer respuestas a los pacientes.

Como vila-realense de soca, como ves la situación de la ciencia en tu ciudad y en el resto de la Comunitat y en España, respecto a otros países de Europa o del mundo?

España es, sin duda, una cantera de líderes científicos de impacto internacional, y la Comunitat Valenciana se está poniendo a la altura. València acaba de situarse -junto a Madrid y Barcelona- en los mapas europeos de ecosistemas innovadores gracias a un tejido biotech y digital que crece a gran velocidad. Ese salto se apoya en la Agència Valenciana de la Innovació (AVI) -hoy integrada en Ivace+i- y en programas como GenT o ValER, que atraen talento y aceleran la transferencia tecnológica siguiendo modelos de éxito como Icrea (Cataluña) o Ikerbasque (País Vasco). Así como los programas nacionales de Atrae con capacidad de traer de vuelta investigadores de excelencia a nuestras instituciones. En Vila-real, la Cátedra de Cerámica e Innovación de la UJI demuestra cómo la alianza universidad-empresa dinamiza un sector; urge replicar esa fórmula en biomedicina. Castellón ya cuenta con hospitales como La Plana, el General y el Provincial y con una Facultad de Ciencias de la Salud de la UJI cada vez más activa: juntos tienen la masa crítica para impulsar la investigación oncológica traslacional y recortar la distancia con València y Alicante. La Comunitat vive un momento de ebullición: más biotechs, más inversión y mejores puentes entre ciencia y mercado. Haber contribuido -de Vila-real a Boston- a crear empleo cualificado y a colocar València en el mapa europeo de la innovación es un orgullo y un aliciente para seguir empujando hasta que el próximo gran avance biomédico nazca aquí

¿En qué consiste el trabajo que llevas a cabo junto a tu equipo?

Nuestro día a día sucede en el Laboratorio de Polímeros Terapéuticos del CIPF, que fundé en 2006 para explorar una idea sencilla pero muy potente: usar polímeros biodegradables como Lego molecular y construir con ellos nanofármacos a medida. Con esa caja de herramientas diseñamos y producimos terapias avanzadas. En resumen, combinamos química, biología y medicina traslacional para crear sistemas de transporte dirigido que mejoran la eficacia y reducen los efectos secundarios de la quimio; que actúan como vacunas o vehículos génicos off-the-shelf; o que hacen accesibles órganos difíciles como cerebro o mitocondria. Ese enfoque modular y clínicamente orientado es el corazón de nuestro trabajo y la razón por la que el Premio Rei Jaume I reconoce a todo el equipo.

¿Que se necesitaría hacer para que la sociedad entienda la necesidad de invertir en investigación?

A veces parece que apostar por la ciencia es apostar por una inversión a largo plazo, pero sin duda merece la pena y el retorno llega. Invertir en ciencia es invertir en una sociedad mejor, más preparada y más próspera. La ciencia avanzará hasta donde queramos en la medida en que la sociedad nos apoye. La Fundación Premios Jaume I reivindica la necesidad de invertir y apostar por nuestra ciencia, es encomiable su labor en este sentido. Para que la sociedad apoye la I+D hay que mostrar, con ejemplos cercanos, que la ciencia devuelve valor tangible: terapias, empleos y tecnología cotidiana. El Estado debe garantizar financiación plurianual, superar el 2% del PIB en investigación y simplificar la burocracia. Las autonomías han de tejer clústeres locales y ofrecer incentivos fiscales y compra pública innovadora, alineados con la estrategia nacional. Si la administración comparte riesgo mediante créditos y cofinanciación, las empresas invertirán más. Cuando estos resultados se hagan visibles, la ciudadanía comprenderá que la investigación no es un gasto, sino una inversión esencial. Sin investigación no hay innovación y, por tanto, no hay un buen futuro. 

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