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Escasez, trabajo, voluntariado: así pasan el verano los que no se van de vacaciones

Por trabajo, por falta de recursos o por preferir modelos alternativos de vacaciones, Eva, Aitana, Emilio, Amparo, Viktoria e Inmaculada tienen en común que no se van de vacaciones o de viaje turístico de placer este verano

Emilio, Viktoria, Aitana, Amparo e Inmaculada están entre las personas que no se van de viaje por placer en vacaciones o que prefieren modelos alternativos

Emilio, Viktoria, Aitana, Amparo e Inmaculada están entre las personas que no se van de viaje por placer en vacaciones o que prefieren modelos alternativos / Redacción Levante-EMV

Marta Rojo

Marta Rojo

València

Eva, madre de tres hijos, pertenece al 38,1 % de valencianos que no puede permitirse ir de vacaciones fuera de casa al menos una semana al año. Según cifras de 2024 -las últimas disponibles - del Informe de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza (EAPN), la cifra de quienes no se van de vacaciones por falta de recursos ha aumentado en un 1,2% respecto a la de 2023, que era del 36,9%. Ahora está casi en cifras cercanas a la crisis de 2008, cuando el 39,1% de los valencianos no podía permitirse viajar en vacaciones durante siete días. Los que pasan el verano en casa lo hacen, generalmente, por falta de recursos. Una estrechez económica que los obliga, en muchas ocasiones, a trabajar durante todo el periodo estival, como a Viktoria, que lo hace en hostelería. La inestabilidad laboral es otra de las causas, como la de Amparo, que no tiene un contrato fijo en Correos. Para muchos jóvenes, el trabajo en verano es una forma de ganar un dinero extra o de empezar la carrera profesional, como en el caso de Aitana. Pero no todos dejan de hacer viajes de turismo porque no pueden. Otros prefieren modelos de viaje alternativos, como Inmaculada, que este verano se va de voluntaria a Benín, o Emilio, que repite por cuarta vez como monitor en un campamento en Irlanda.

Eva: “Mis hijos no saben lo que es estar en un hotel”

Eva lleva muchos años, demasiados, sin viajar en verano. Lo llegó a hacer alguna vez, cuando vivían con más desahogo, pero sus tres hijos, de entre 12 y 19 años, solo han llegado a ir a un camping invitados por un amigo de la familia. “No saben lo que es dormir en un hotel”, explica esta usuaria de programas de solidaridad de Cruz Roja. Así que este verano, como los últimos muchos, se quedarán en casa, en Xirivella. No hay recursos para otro plan. Les resulta “imposible hacer cenas o comidas fuera, con lo que vale”, así que sobre todo usan la piscina municipal o se escapan a la playa. Su hijo mayor recibió el bono cultural, y gracias a eso los hermanos han podido ir alguna vez al cine. 

“Aún estudian, quiero que estudien, así que es un momento de vivir muy apretado, una temporada muy mala”, explica. El mayor trabajó el año pasado en la construcción. Ella trabaja normalmente en hostelería y, en verano, a veces en limpieza, pero este año “la salud no da para más”. “Cuando trabajamos en verano es sobre todo para comprar el material escolar de los tres del curso que viene”. Quizá, se atreve a imaginar Eva, cuando los tres chicos sean mayores y empiece a entrar más dinero en casa, podrán viajar. “Tengo muchas ganas”, reconoce.

Aitana: Empalmar el curso y el trabajo

Aitana Maltrana pasa el verano trabajando en el sector sociosanitario, en una residencia de personas mayores y dependientes

Aitana Maltrana pasa el verano trabajando en el sector sociosanitario, en una residencia de personas mayores y dependientes. / Redacción Levante-EMV

“Ya me iré de vacaciones cuando pueda, claro que me gustaría”, dice Aitana Maltrana. Ahora no puede, porque en mayo empezó a trabajar en una residencia de mayores, con contrato hasta noviembre. Antes, estudió el grado superior de Radioterapia. No es el primer año que empalma los estudios con el trabajo: cuando acabó el grado de auxiliar de enfermería, acto seguido empezó a hacer prácticas en un hospital. “Soy joven, ahora toca exprimir al máximo el trabajo y ya me iré de vacaciones”, considera. 

Eso sí, le cuesta conciliar y coincidir con su familia y amigos en sus días libres, porque trabaja seis días a la semana, libra solo uno (que suele ser de lunes a viernes) y solo un fin de semana al mes. “Cuando tengo un día libre intento exprimir al máximo el verano y, por ejemplo, paso el día en la piscina”, explica. Para Aitana, lo más complicado es coincidir con su pareja o amigos para hacer planes, teniendo en cuenta, además, que los turnos de trabajo no son fijos y se organizan cada quince días. “Si libro, por ejemplo, un miércoles, y ellos trabajan, a veces hago otros planes, pero otros días no me apetece ni salir”. De momento, va haciendo camino en la profesión, pero también ahorrando. Con esos recursos, lo tiene claro: “Ya viajaré”.

Viktoria: “Tienes que empezar a saber lo que es trabajar”

Viktoria Ghazaryan, de 18 años, trabaja en un restaurante en Cullera

Viktoria Ghazaryan, de 18 años, trabaja en un restaurante en Cullera / Redacción Levante-EMV

Los ha tenido a unos pocos kilómetros de distancia pero, este año, el festival Medusa y el Zevra han sido, para Viktoria Ghazaryan, una sucesión de fotos y vídeos de sus amigos a través de Instagram. El eco de la música quizá ha podido escucharlo de lejos, desde el restaurante del club social de una urbanización de Cullera que dirigen sus padres y donde trabaja desde hace dos veranos, cuando tenía dieciséis. En el verano de sus 18 años, Viktoria trabaja todos los días en hostelería y confía en que los sacrificios de hoy sean el pan de mañana: “Si quieres algo tuyo en el futuro, un coche, una casa, tienes que empezar a saber lo que es trabajar”.

En temporada baja, tiene tiempo para las clases, la guitarra en el conservatorio y la escuela de canto. También para los amigos y la fiesta, a veces. Pero en verano, Cullera se llena y el restaurante está en su apogeo: “Damos servicio todo el día”. Es un negocio familiar, así que no hay días libres, sino horas entre servicios que aprovecha para componer canciones o ir al gimnasio. Al principio, cuando veía las fotos en redes sociales de grupos de amigos de vacaciones le daba “el bajón”. “Al principio te sientes inferior, te preguntas por qué te ha tocado estar trabajando mientras a otros no, pero luego te cambia el chip”, asegura. Ahora, cada vez son más las amigas que están empezando a trabajar en tiendas de ropa o supermercados. “Me escriben y me dicen ‘Vika, estamos súper cansadas’”, relata. Pero espera que el cansancio dé sus frutos. “Está muy bien salir, el ocio, pero a veces nos olvidamos de las metas que realmente tenemos, y yo no quiero que se me olviden”, concluye.

Inmaculada: Cumplir “un sueño” ayudando en Benín

Inmaculada Martínez se va de voluntaria a Benín con Juntos por la Vida

Inmaculada Martínez se va de voluntaria a Benín con Juntos por la Vida / Redacción Levante-EMV

Benín es uno de los países más pobres del mundo, y es a este país africano donde viaja esta semana Inmaculada Martínez, que no se va de vacaciones. Eso sí, va a “cumplir un sueño”, el de pisar África, pero no para “ver elefantes”, como se preguntaba su nieto de seis años, sino para ayudar a niños y sus familias. Inmaculada es una de las cinco personas que volarán desde València con la ONG Juntos por la vida para cuidar de los hijos de las mujeres que participan en las tres escuelas que la organización mantiene en este país.

Los veranos de Inmaculada han cambiado mucho. Llevaba doce años haciendo casi todos los tramos del Camino de Santiago, que le encantaba. En los últimos años, lo había podido compaginar con un voluntariado en la fundación A Cavall, donde trabajaba con niños con necesidades especiales, algo “súper gratificante”. Pero este año ha dejado los viajes de placer y los ha sustituido por algo que “no tiene nada que ver con las vacaciones”. “En el Camino se ríe, se sufre y es un reto personal, y lo que voy a hacer este año es diferente: es estar con niños que comen una vez al día, en sus casas en las que no tienen casi nada”, considera. No sabe qué encontrará en Benín, pero sí que, cuando llegue, podrá decirle a su nieto que, aunque no ha visto elefantes, su viaje ha tenido valor.

Emilio: Viajar a Irlanda, pero por trabajo

Emilio es monitor por cuarto año consecutivo en un campamento en Irlanda

Emilio es monitor por cuarto año consecutivo en un campamento en Irlanda / Redacción Levante-EMV

Durante el curso, Emilio es opositor, economista, máster en Análisis Económico. Durante el verano, Emilio es monitor en un colegio-residencia de Irlanda que organiza campamentos para niños. Podría decir que lo sigue haciendo, después de cuatro años, porque este año le viene bien ganar algo de dinero que no puede ahorrar durante el año, cuando se dedica a preparar la oposición. Pero no solo eso. También reconoce que trabajar con niños le parece “muy gratificante”. Que “refresca el inglés”. Que hay muy buen ambiente con los compañeros, sobre todo gente joven. Y, también, para qué negarlo, le permite “desconectar de la rutina, del día a día”. Un trabajo para descansar de la oposición.

“Si tienes que trabajar pero lo haces con personas con las que te llevas bien, se hace mucho más llevadero”, explica. Reconoce que “puede asustar un poco al principio, porque al final, en muchos momentos, eres el responsable último de los alumnos, algunos muy pequeños”. Pero lo recomienda “al 200%”, sobre todo para personas jóvenes que quieren “sacar un dinero extra”. O vivir una experiencia “increíble”.

Amparo: Sin vacaciones de verano desde 2018

Amparo Ródenas es cartera y lleva desde 2018 sin vacaciones en verano

Amparo Ródenas es cartera y lleva desde 2018 sin vacaciones en verano / Redacción Levante-EMV

Amparo no tiene vacaciones este año, pero eso no es nuevo, porque no ha tenido días libres en verano desde hace siete años, desde 2018. Amparo es cartera, trabaja en Correos, en València, donde tiene un contrato de personal laboral eventual. Ahora está cubriendo una baja que cree que durará, como mínimo, hasta septiembre, pero lleva años haciendo sustituciones. “Este año no he parado”. Como todos los anteriores.

Lo peor, dice, es conciliar. Su marido también trabaja en verano, y de noches. Ella tiene turno de tarde, un hijo de trece años y unos padres y unos suegros octogenarios con los que ha organizado un sistema de turnos en el pueblo donde viven, en la Serranía, para que el adolescente, él sí, pueda tener vacaciones. Ella va un día a la semana a estar allí con su hijo. Es el único rato de ocio entre semana. Hace dos años, por primera vez, tuvo quince días libres, cuando se casó con su pareja de hace 30 años, con quien llevaba meses y meses coincidiendo “a ratos en casa”. “Cuando él entraba, yo salía y al revés”. Así que se merecían una celebración y un viaje a Cantabria. Una temporada de vacaciones de verano que todavía no ha podido repetir.

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