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Entrevista

Jaime Palomera: "El mercado de la vivienda se ha convertido en un Monopoly amañado"

El antropólogo y miembro del Sindicat de Llogaters publica "El Secuestro de la Vivienda" un libro para entender y desentrañar las raíces de un problema que afecta a millones de personas, sobre todo jóvenes

Jaime Palomera, autor de El Secuestro de la Vivienda, durante la entrevista en València.

Jaime Palomera, autor de El Secuestro de la Vivienda, durante la entrevista en València. / Ana de Los Ángeles

Gonzalo Sánchez

Gonzalo Sánchez

València

"Vivir en nuestras ciudades es como jugar una partida amañada de Monopoly; unos pocos acumulan propiedades mientras la mayoría lucha por no quedarse fuera ¿El resultado? Una sociedad cada vez más desigual donde heredar puede definir o no tu destino". Así reza "El Secuestro de la Vivienda" el libro de Jaime Palomera, doctor en Antropología Económica por la Universidad de Barcelona, cofundador del Instituto de Investigación Urbana (IDRA) y del Sindicat de Llogateres.

Palomera dedica las páginas a desentrañar las raíces de una crisis que afecta a millones de personas, pero también a cuestionar mitos como el de que el mercado está intervenido: "sí, pero a favor del rentismo. Una persona que quiere comprar su novena casa paga muchísimos menos impuestos que la que quiere comprar la primera", explica.

El libro se retrotrae cientos de años atras para explicar que lo que ha ocurrido en los últimos 50 años, cuando la gran mayoría de la población podía acceder a una casa es, en realidad, una anomalía histórica cuyo punto final llegó en 2008. La vivienda ha pasado de ser un derecho a un bien con el que especular. "Básicamente en las últimas dos décadas la vivienda se ha convertido en el principal producto de inversión de quienes amasan más dinero. Estas personas pueden comprar activos que aumentan a mayor ritmo que la economía real y los salarios", explica.

El motor de la desigualdad

Así, los que ganan de estas dinámicas ya no son los pequeños propietarios que ven como su piso se revaloriza, sino los más ricos. "Si tú miras quien realmente se beneficia de las rentas inmobiliarias y depende de ellas son básicamente los más ricos. Se ve muy claro cuando miras los datos de Hacienda. El peso de las rentas de alquiler en los ingresos de las familias trabajadoras es en torno al 9 %. En cambio, para las personas de mayores ingresos del país, los que cobran más de 600.000 euros, resulta que los alquileres son un 35 % de sus ingresos ¿Quién depende realmente de las rentas inmobiliarias?", explica.

Palomera sostiene que la vivienda ya es el motor de la desigualdad en nuestro país y el principal diferenciador de clase, mucho más que salario. Explica que "la vivienda es el producto de inversión más rentable y seguro en la última década, así que las familias con mucha renta depositan ahí su dinero. Esto explica que la mayoría de viviendas que se están vendiendo se compren a tocateja (70 % en el caso de la C.Valenciana)".

Economía vampírica

Con estas dinámicas -añade Palomera- ganan los más ricos, ya que se está produciendo una gran transferencia de rentas hacia los que más tienen. "Si los alquileres suben un 12 % en un año y tu sueldo no sube, tú eres más pobre", cuenta.

Así, se trata de una industria que "vampiriza" las rentas de los trabajadores. "Cuando a la SEAT le iba bien, le iba bien al país. Al llegar a casa, tanto los trabajadores como el jefe eran más ricos. Había desigualdad, evidentemente, pero la riqueza se repartía aunque fuera unos más y otros menos. Cuando a Blackstone le va bien, le va mal a muchísima gente, porque estos fondos o grandes rentistas no aportan valor, sino que vampirizan la riqueza ajena", reivindica el antropólogo.

La falsa guerra entre generaciones

Otro de los mitos que trata de desmontar el autor es la falsa "guerra entre generaciones". "A veces se dice que esa inmensa mayoría de propietarios no quieren que el precio de la vivienda baje, pero eso no es verdad porque la gran mayoría de propietarios son baby boomers que están angustiados por el futuro de sus hijos y sus nietos", cuenta.

De hecho, añade que recientemente se publicó una encuesta en la cual "se le preguntaba a esta población si estaban a favor de que el precio de la vivienda baje, aunque eso sifnifique que su patrimonio descienda, y el 75 % dijeron que sí. Hay quien nos ha querido vender un conflicto entre generaciones, pero eso no es estar en contacto con las familias".

A esto cabe añadir un empobrecimiento general de la población y la dificultad de las familias para mantener su patrimonio. "Estamos viendo como mucha gente mayor tiene que vender su única vivienda para tener una jubilación digna", cuenta.

Chabolismo vertical

La situación ha traído, ya desde hace unos años, la vuelta del chabolismo. "El chabolismo ha vuelto pero es casi invisible. Las chabolas de hace 50 años no se podían evitar. Estaban en el paisaje de las periferias de nuestras ciudades. Lo que pasa es que ahora esas chabolas están escondidas dentro de los edificios", explica.

A su juicio "el mercado inmobiliario está intentando normalizar que compartir una casa con 4 adultos cada uno en su habitación y todo el mundo con trabajo es una nueva normalidad. Y hay que llamarlo por su nombre: chabolismo vertical. Y es un chabolismo invisible porque ya no son casas de chapa, sino fachadas diseñadas por arquitectos. Pero dentro de esas fachadas se reproducen condiciones que no distan mucho de las de las chabolas de hace unas décadas".

Soluciones para esta crisis

En el libro, Palomera también aporta soluciones para esta crisis de vivienda, y la primera es "cambiar las reglas de la partida" en este juego amañado. "Lo primero es bajar los impuestos a los trabajadores que aspiran a poder comprar una casa, porque son quienes más contribuyen. Que tengan más ayudas fiscales, y aquellos que ya tienen muchos activos aumentarlas los impuestos para que comprar más viviendas les salga muy caro".

El experto pone de ejemplo Países Bajos, que ha limitado la compra de vivienda a aquellas personas que vayan a vivir en ellas por al menos 5 años. "Es una manera de pararle los pies a la inversión especulativa que recalienta los precios".

Otra solución que propone tiene que ver con cambiar los usos de la vivienda. "Que las viviendas que están en el mercado vayan pasando a un sistema regulado. En Viena todo el suelo estaba en manos privadas, pero en 10 años consiguieron darle la vuelta como un calcetín. Aumentaron tanto los impuestos a la acaparación de vivienda que no solo lograron que las vendieran sino que la administración se quedó muchas y ahora el 70 % de la población tiene derecho a una vivienda pública".

El ensayo, además de dar explicaciones sobre una crisis, también busca salidas. La primera y más importante es la cultural. "Para que haya cambios políticos primero debe haber un cambio de mentalidad. Que el rentismo inmobiliario y vivir a costa de asfixiar a tus inquilinos esté mal visto, y es una cosa que creo que ya está pasando. Que estos cambios sean realizables va a depender de la presión que haya".

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