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“Venden nuestras casas como ‘okupadas’”: así acosan los fondos a familias con moratoria hasta 2028

En los portales inmobiliarios figuran como “pisos ocupados”, pero dentro hay familias con una orden judicial que les protege. Los fondos buitre los tratan como intrusos para presionarlos a irse y limpiar sus balances. Son los falsos okupas del negocio del miedo del mercado de la vivienda.

pisos, viviendas

pisos, viviendas / Rafa Arjones

Gonzalo Sánchez

Gonzalo Sánchez

València

Un domingo por la noche, con el cielo diluviando sobre València, alguien volvió a llamar al timbre. "Nos dijeron que aquí se vendía un piso con okupas", explicó una mujer empapada que había visto el anuncio por internet. Al otro lado, un matrimonio de jubilados, temblaba en silencio: no era la primera visita, y sabían que no era la última.

Antonio y Valeria, de 75 y 73 años, tienen un papel que dice que pueden permanecer en su piso hasta 2028 gracias a una moratoria hipotecaria concedida por su situación límite Sin embargo, el fondo buitre Cerberus ha colocado su piso en un anuncio en Internet diciendo que tiene “okupas”. Cada semana 4 o 5 personas llaman a su puerta epropiexigiendo ver la vivienda, algunos con malas formas.

Tienen miedo a las represalias, así que sus nombres han sido anonimizados para este reportaje, pero es un drama muy real, el que se esconde detrás de muchos pisos que se anuncian como "okupados ilegalmente" pero realmente no lo están. Desde que su casa apareció en internet, están vivendo un calvario.

"Nos tratan como delincuentes por vivir en nuestras casa", dice él. Tienen una orden judicial que les protege, pero les han colgado la etiqueta de 'okupa'. "No somos okupas, somos una familia con derechos que el fondo prefiere ignorar", lamentan.

Anuncio de una vivienda en venta en Albal

Anuncio de una vivienda en venta en Albal / Francisco Calabuig

Acoso inmobiliario y visitas amenazantes

La historia de Antonio y Valeria comienza como la de muchas familias españolas después de la crisis de 2008. Tenían un negocio próspero que se vino abajo, y dejaron de pagar la hipoteca. El banco se quedó con el piso, pero no con la posesión, ya que hace unos años les concedieron una moratoria hipotecaria bajo la ley 1/2013. Dicha moratoria se ha ido prorrogando hasta, al menos, 2028. Se la dieron por cumplir todos los criterios de vulnerabilidad, no solo por falta de ingresos, sino también por tener una hija con una discapacidad muy alta.

Sin embargo, en 2018 el banco vendió decenas de miles de pisos como el suyo al fondo buitre Cerberus. La propiedad cambió, aunque ellos tenían derecho a seguir dentro. Sin embargo, hace unos meses, el fondo decidió que quería deshacerse del piso así que colocó su vivienda en el mercado como "okupada" y empezó a presionar a ambos jubilados.

Ahí empezó su infierno. Desde entonces, las visitas son constantes. "Casi cada día viene alguen, unos dicen que son de la propiedad, otros mediadores de compradores interesados. A veces se identifican como empresas de seguridad. Dejan tarjetas o nos ofrecen dinero para que nos vayamos", cuenta Antonio.

Una de esas llamadas fue especialmente cruel: "Sabemos que tienen un hija discapacitada y no queremos perjudicarla", cuenta Valeria que le llegaron a decir. "¿Qué piensan hacerle a mi hija? Estamos en un sinvivir", lamenta. "Nos persiguen hasta por la calle. Es un acoso total muy estudiado, lo llaman 'mediación', pero a nosotros nos provoca terror", cuenta.

Edificios de viviendas en València

Edificios de viviendas en València / Europa Press

El negocio del miedo

La estrategia es sencilla: comprar barato, etiquetar como "okupado" y presionar a los inquilinos hasta vaciarlo y poder venderlo más caro. Los fondos buitre han hecho del acoso una herramienta financiera más.

Esta es la realidad de algunas de las viviendas que figuran como "okupadas" en los portales, aunque otros fondos usan términos más imaginativos como "situación especial", "sin posesión" u "okupación tolerada". Eufemismos que ocultan una realidad: la de familias con derecho a permanecer allí por orden judicial.

"Venden la casa como si fuéramos ilegales", dice Antonio. "Y los compradores piensan que somos okupas, pero cuando les enseño el auto judicial se van, algunos incluso nos piden disculpas y dicen que les han engañado", cuenta el afectado.

Una ley que no se cumple

La C.Valenciana aprobó en 2023 una ley contra el acoso inmobiliario con el objetivo de sancionar estas prácticas de 'mobbing' de los fondos de inversión extranjeros. Sin embargo, el texto ha demostrado se papel mojado pues desde entonces no se han dictado multas contra ningún gran tenedor y en la práctica es muy complicado para cualquier afectado denunciar esta situación.

Mientras tanto, los fondos siguen publicando anuncios falsos que las plataformas no borran. "Un día me dediqué a escribir a Idealista, Trovit, Fotocasa y demás plataformas para decirles que por favor rectificaran el anuncio porque la vivienda no está ocupada, adjuntando incluso la orden judicial, pero todas se lavaban las manos y el anuncio se quedó así", denuncia Antonio.

Imagen de archivo de un bloque de viviendas en Barcelona

Imagen de archivo de un bloque de viviendas en Barcelona / Levante-EMV

El estigma del okupa

El daño de los fondos no solo es físico, sino también social. "Desde que el piso salió como okupado hemos notado que algunos vecinos nos miran raro", dice Valeria. "Parece que tengamos que vivir escondidos".

Este matrimonio de pensionistas ha intentado encontrar un alquiler alternativo para tratar de huir de este calvario, pero nadie quiere rentarles un piso. "Tú sabes que ahora se hacen castings para alquilar, pues dos jubilados y un hija con discapacidad no pasan ningún casting. Ni siquiera llegamos a los ingresos que piden", lamentan.

El abogado que lleva su caso explica que hay muchos similares en València; familias con moratoria judicial acosadas hasta rendirse. Mientras los titulares repiten que en España hay 23.000 viviendas okupadas puestas a la venta (1.000 de ellas en València) la realidad es otra. Los falsos okupas son el rostro invisible de una realidad que rara vez se explica.

"Nosotros no okupamos nada. La casa era nuestra, el juez nos dio la razón y lo único que hacemos es resistir", lamentan Antonio y Valeria. "No entendemos por qué la justicia no para esto. No hay derecho al acoso", explican. Por el momento, la tranquilidad en su casa se ha vuelto un lujo, y cada vez que suena el timbre el hija y el matrimonio se alteran. "Vivimos en un estado de ansiedad permanente", critican.

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