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Insensatez

Marcha por el Clima durante la COP30 de Belém, en Brasil

Marcha por el Clima durante la COP30 de Belém, en Brasil / Thorsten Holtz/dpa

Jorge Olcina

Las sociedades democráticas maduras se caracterizan porque las grandes políticas, necesarias para un desarrollo ambiental, socioeconómico y cultural racional, igualitario y sostenible, mantienen sus grandes líneas estratégicas al margen de los cambios políticos que se produzcan. Nuestro país no es, por tanto, una sociedad democrática madura. Al contrario, caminamos en sentido contrario en los últimos años. No es algo exclusivo de España, lamentablemente. Uno se queda asombrado cuando contempla que el ascenso al poder de algunos partidos o coaliciones se produce a expensas de las acciones de mitigación y adaptación al cambio climático por mera ideología, sin que importe lo que diga la ciencia. Pero así es. Soy el primero que está en contra de lo que se denomina el fanatismo climático, aunque esta acepción cobra diferente sentido según la ideología del que la pronuncia. No todo lo que ocurre en la atmósfera terrestre es cambio climático, pero lo va siendo cada vez más. Y el proceso comienza a ser preocupante. Por eso, someter la acción de un gobierno al cese de las políticas de acción climática es una insensatez. El clima terrestre está cambiando. Su balance energético está cada vez más desajustado. Y ante esto no hay discusión. Podemos diseñar acciones de mitigación y adaptación más o menos exigentes, que supongan más o menos esfuerzo económico a la sociedad. Pero hay que diseñarlas. Y hay que dotarlas de presupuesto y calendario de cumplimiento. Ojalá los grandes partidos de nuestro país pudieran firmar acuerdos en este sentido. Pero con el panorama que vivimos, parece algo utópico. El resultado: vaivenes en lo necesario, cambios en lo que debería ser inamovible. La COP de Brasil terminará, seguramente, con un nuevo fracaso. Pero el gran fracaso lo vivimos a diario en nuestro propio país, con una parte de la sociedad y de la política que no valora a la ciencia, que solo mira por sus intereses y no por el bien común. Mal asunto.

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