Cambio climático
València podría vivir veranos de más de 300 días con picos por encima de los 50 grados
Un estudio de la Universitat Politénica de València (UPV) dibuja este escenario si no se produce una reducción drástica de las emisiones de efecto invernadero, lo que obligará a adaptar las ciudades para reducir el impacto en la salud

Turistas combatiendo el calor en pleno agosto en València. / Germán Caballero / LEV

La ciudad de València podría afrontar "veranos casi permanentes" a finales del siglo XXI debido a los efectos del cambio climático. En el peor de los escenarios, de no reducirse el actual ritmo de emisiones de efecto invernadero, el área metropolitana podría registrar más de 300 días de "calor extremo", con temperaturas por encima de los 32 o 34 grados de forma persistente, aunque la sensación térmica podría ser mayor por la humedad, con picos de hasta 50 grados. Es la principal conclusión de un estudio de la Universitat Politécnica de València (UPV), desarrollado por un equipo del Instituto de Ingeniería del Agua y Medio Ambiente (IIAMA) y del departamento de Urbanismo de la universidad, que analiza la evolución histórica y futura de los fenómenos climáticos, relacionados con el calor, en el 'cap i casal' entre 1979 y 2100.
Es una evidencia científica que la frecuencia de las olas de calor ha aumentado en las últimas décadas; también su intensidad y persistencia. Por ejemplo, la de mediados de este último agosto, duró casi 10 días con máximas por encima de los 42 grados y noches tórridas, rozando los 25 grados. La cantidad de noches tropicales también se ha intensificado recientemente; este año ha habido más de 110 este año, cuando en décadas anteriores la cifra superaba por poco las dos decenas. "Estamos viendo cómo los veranos se alargan y los episodios de calor se intensifican -, comenta Ana Fernández-Garza, autora principal del estudio-. Si no se toman medidas urgentes de mitigación, la ciudad podría vivir hasta seis meses seguidos con riesgo térmico elevado y alcanzar temperaturas por encima de los 50 grados". El máximo, hasta ahora, se registró en agosto de 2023, con 46,8 grados.

Las playas se llenan para sobrevivir a la ola de calor este verano. / Germán Caballero
Tres escenarios diferentes
Según estiman los expertos, la temperatura global puede ascender 2,9 grados de media para 2100, pero los escenarios más catastróficos incluyen una posibilidad del cinco por ciento de que el calentamiento terráqueo se dispara cuatro grados para finales de siglo. Eso se debe a que, como explica la autora del estudio, "el mundo no está camino de cumplir los objetivos climáticos". El estudio ha tenido en cuenta los diferentes umbrales futuros y perfila tres escenarios diferentes, que se basan en la evolución de las emisiones de gases invernaderos.
Aun con el más optimista, si se reducen drásticamente los gases contaminantes, el estudio pronostica que el número medio de olas de calor se duplique respecto a los valores actuales; estas tendrían una duración media de 15 días por episodio y las máximas superarán los 40 grados. De ser así, se vivirían episodios más intensos que el de mediados de agosto, tórrido y de mucho bochorno, que dejó más de un centenar de muertos en una semana, según las estadísticas del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria por todas las causas (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III Si este es el devenir más optimista, ¿qué podría esperar a la ciudadanía valenciana en el resto de escenarios?
El umbral intermedio se contempla una mitigación parcial de las emisiones contaminantes y una media de entre seis y ocho olas de calor cada verano. No es un número demasiado elevado en comparación con los últimos estíos. La clave está en la persistencia de estos episodios tórridos: algunos podrán superar los 30 días de duración y registrar índices de calor cercanos a los 45 grados. Por último, la previsión más pesimista -sin una reducción significativa de la contaminación- es la que perfila una temporada cálida de abril a noviembre, con temperaturas extremas que podrían superar los 50 grados de sensación térmica y olas de calor prolongadas durante medio año. "Si no se actúa, podríamos enfrentarnos a un escenario en el que el verano prácticamente no termine, con 300 días anuales de calor extremos", reconoce Eric Gielen, también miembro del departamento de Urbanismo de la UPV.
Impacto para la salud
La persistencia del calor lleva aparejado un aumento del riesgo para la salud de la población; sobre todo porque las altas temperaturas "vendrán acompañados de una gran humedad -, reflexiona Fernández-, por lo que la sensación térmica y el estrés fisiológico aumentan el impacto en la salud, especialmente para las personas mayores, los niños y los trabajadores al aire libre". Son los más vulnerables a los episodios tórridos porque son quienes antes "pierden la capacidad para regular su temperatura". La mayoría de fallecimientos por estrés térmico -diferentes a los golpes de calor, de muerte más instantánea- se producen por un fallo del termostato interno de las personas y, por eso, los picos de decesos se producen entre una y dos semanas después de finalizar una ola de calor. Según el Instituto Carlos III, se han producido 433 muertes por calor solo este verano en la Comunitat Valenciana.
Ante este escenario, el estudio propone medidas para adaptar las ciudades a esta nueva realidad que podría cambiar el clima "mediterráneo por el subtropical extremo", según Fernández, por lo que aclimatar las urbes -con una perspectiva local- "no es opcional". Entre las acciones a realizar, recomiendan aumentar la vegetación y las zonas verdes, con el objetivo de reducir la temperatura de las ciudades y mejorar la ventilación urbana; promover las cubiertas frías y los edificios con materiales reflectantes; la creación de refugios climáticos en barrios vulnerables o reforzar los planes de emergencia sanitaria y de alerta temprana.
Islas de calor urbanas

Radiografía de los barrios que pasan más calor en València ciudad. / L-EMV
Son medidas contempladas para reducir el fenómeno de las islas de calor urbanas. Otro estudio de la UPV, tutelado por Gielen y difundido este verano, evidencia que el urbanismo de València deja diferencias térmicas de hasta seis grados entre barrios y señaló los barrios de Vara de Quart, Benicalap, El Calvari y Torrefiel como los más vulnerables frente al calor y, por tanto, con más peligrosidad térmica para los vecinos que allí viven.
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