Pérez Llorca acaricia la presidencia con el reto de cerrar la era Mazón sin soliviantar a Vox

Pérez Llorca pesa por detrás de José María Llanos, esta semana en las Corts. / Europa Press

“Coño, esto va bien”. La interjección es de un dirigente valenciano tras leer el tuit de Juanfran Pérez Llorca de la tarde del viernes, después de su reunión presencial con los negociadores de Vox. La frase no es solo por la “buena sintonía” y la “voluntad de acuerdo” de investidura, sino por cómo ha ido la semana, sin obstáculos sobrevenidos, especialmente desde Madrid, donde Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal llevan su particular guerra. Ese frente es el gran temor en la dirección valenciana, donde se va a piñón fijo hacia la renovación del pacto de legislatura con nuevo rostro.
La salud de la amistad entre PP y Vox en la Comunitat Valenciana se ha visto en cada aparición pública esta semana. No esconden los gestos. Los del propio Pérez Llorca, ejerciendo aún de portavoz ‘popular’, con su homólogo José María Llanos en la última Junta de Síndics, aún sin haber sido bendecido por Génova como candidato. El del mismo Llanos levantándose de su butaca para saludar amistosamente ante las cámaras a Carlos Mazón al entrar a la comisión de investigación parlamentaria. El tono de la intervención de los radicales en esta, que fue una caricia, lejos de cualquier aprieto a un president que acaba de dimitir por su gestión en la mortal riada del 29 de octubre de 2024. Hay poco que cuestionar para un partido que ha pedido como relevo de Mazón a alguien “lo más cercano” posible a Mazón. En casa, la proximidad entre los aliados se palpa.
El temor ha estado y está en Madrid. El principal foco de atención durante la semana estaba en el pleno del Congreso de los Diputados. Era el termómetro mejor. La atención de los mandos del PPCV estaba ese día más en Abascal que en Feijóo. Y se puede decir que respiraron y sonrieron al acabar su réplica a Pedro Sánchez. El líder ultra no se salió de los raíles ni elevó el precio del pacto, y dejó clara que la apuesta no es ir a elecciones ahora. Abascal venía a confirmar así que su plan es esperar a 2027 y exhibir ahora imagen de partido de gobierno y de estabilidad mirando más en su estrategia de cara a unas elecciones generales.
Diques y presas. Esa fue la principal exigencia que dejó y que el número dos del PP, Miguel Tellado, tardó menos de 24 horas en asumir: “Estamos de acuerdo”. Todo dicho. Estas obras escapan además a las competencias de la Generalitat, porque la ordenación de cuencas que atraviesan varias comunidades es obviamente estatal.
Vox dijo asimismo que quería negociar directamente con el elegido por Génova y así se ha hecho, como explicita el mensaje del viernes de Pérez Llorca, que expone que está en la negociación personalmente.
La ultraderecha ha planteado también uno de los mantras de su batalla cultural, al reclamar aprobar en Corts una propuesta para prohibir el burka y el nicab en las calles. Tampoco supone tensar mucho la cuerda: el PP ya ha mostrado que no está lejos de apoyar algo así. El propio Feijóo se ha declarado partidario en alguna ocasión. Se trata además de una petición en Corts, no de un proyecto de ley ni de un reglamento del Ejecutivo. Se mueve por tanto en el plano de los gestos. Por ahora.
Ese, el de la posterior acción de gobierno, ya será el problema de Pérez Llorca si todo acaba en horas o días como pinta. Y el que puede tener consecuencias sobre la ciudadanía, más allá de tácticas y estrategias. El principal reto del candidato será ese: no traspasar líneas rojas en las cesiones a Vox. En el Pacto Verde y en inmigración los populares han demostrado más mano abierta, más margen de movimiento. En la cuestión de la violencia machista los puntos de contacto se reducen. Ese es un espacio que se estaría preservando de los nuevos compromisos prenupciales en negociación.
Es en estos campos de guerra cultural y política general, no estrictamente local, donde Pérez Llorca estaría siendo Mazón, como pide la derecha más radical. En el sentido de que no se plantea sino una continuidad de los acuerdos que ya negoció en su momento (en 2023 y antes de los presupuestos de 2025), aunque fue el expresident el que puso el rostro.
Pero Pérez Llorca es consciente de que su amigo (y aún superior jerárquico en el PPCV) está en su casa ahora, antes de lo previsto, por una actuación en la emergencia ampliamente reprobada y contestada socialmente. Ese es el terreno de distancia en el que espera poder tener margen y marcar un discurso propio sin soliviantar a Vox.
Los gestos ya han comenzado a través del Consell en funciones posMazón. Gestos hacia las asociaciones de víctimas, de momento las menos reticentes a sentarse a la mesa para abrir una nueva etapa. Y gestos hacia el Gobierno, con llamadas a sentarse a la mesa que de momento han sonado a brindis al sol porque la crítica se mantiene en tono alto.
Queda la duda del relato, que quizá requiera un tiempo amplio. Llorca está fuera de exposición pública mientras se negocia, pero los vicepresidentes en funciones Susana Camarero y Vicente Martínez Mus se mantienen en la responsabilidad en todo lo sucedido de Pedro Sánchez, el discurso en el que también se siente cómodo Vox.
Así que sí, “cono, esto va bien”, y todo va encaminado a un acuerdo de investidura. La prioridad para la cúpula del PPCV es esa ahora. Luego habrá tiempo para Pérez Llorca de marcar su línea. Eso esperan.
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