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Los sedimentos siguen atacando l’Abufera, que pierde un 13% de capacidad desde 2003

Lo indican los resultados de la batimetría realizada este verano, que la Comissió Científica de l’Albufera llevará a sus jornadas de la semana que viene

Las mediciones del fondo de l’Albufera revelan mayor contaminación tras la dana

Las mediciones del fondo de l’Albufera revelan mayor contaminación tras la dana / Eduardo Ripoll

Marta Rojo

Marta Rojo

València

Varias nubes negras amenazan, desde hace muchos años, el frágil equilibrio de l’Albufera. La anoxia y la consiguiente mortandad de peces o la falta de agua son algunas de ellas, pero, en paralelo, la laguna pierde capacidad y profundidad. No se ha analizado con datos en más de 20 años pero, a simple vista, muchos de los actores presentes en el Parc Natural ya advertían de que la colmatación del lago, que se va rellenando con sedimentos, era un problema creciente. Ahora, los datos lo confirman: desde 2003, l’Albufera ha perdido un 13% de profundidad.

Así se desprende del resultado de la batimetría que se llevó a cabo este verano y que la Comissió Científica del Parc Natural presentará esta semana próxima en sus II Jornadas. La batimetría, es decir, la medición del fondo del lago para determinar su profundidad, ha tardado en llegar más de 20 años, a pesar de las advertencias de quienes conocen bien l’Albufera. Los últimos datos disponibles son de la medición que se realizó en 2003, antes del recrudecimiento del cambio climático y sus efectos y, claro, dos décadas antes de la dana del 29 de octubre de 2024 que produjo un considerable arrastre de sedimentos al vaso. Se han podido medir 2.228,25 hectáreas. 

Casi 10 cm más de sedimentos en el fondo

Si l’Albufera ha perdido, en este tiempo, un 13% de capacidad, es porque desde 2003 se han depositado capas y capas de sedimentos en el fondo. En concreto, en este periodo se ha registrado un aumento medio de 9,7 centímetros de la cota de sedimentación del fondo del lago. 

Además de estos sedimentos fijos, en casi todo el fondo se le añade “una capa de material emulsionado, poco compacto de aproximadamente 12 centímetros de espesor pero que varía significativamente de unas partes a otras”, explican en los resultados de la batimetría, que presentarán en las II Jornadas los expertos de la Universitat Politècnica de València Josep Pardo, Luis Blanch, Jesús Palomar-Vázquez y Alfonso Fernández.

Al este del Poyo y en el sur

Pero los sedimentos no han crecido de forma uniforme en toda la superficie del lago, sino que lo han hecho más en las vaguadas, al este de la desembocadura del barranco del Poyo, en el borde oriental y el extremo sur, donde alcanzó el agua procedente del río Magro. La dana ha tenido un obvio impacto en este fenómeno, aunque el impacto de las riadas ha sido algo menor de lo esperado. En parte, indican los científicos, porque buena parte del sedimento salió al mar por la golas del Pujol y del Perellonet

Pero el problema llega a máximos en algunas zonas, sobre todo en la parte occidental, donde no se ha podido medir siquiera por el escaso calado actual. Son zonas donde en 2003 la medición sí que fue posible porque había suficiente profundidad. Pero ya no es así en un total de 48,83 hectáreas. 

Mapa de l'Albufera que muestra la distribución de los sedimentos

Mapa de l'Albufera que muestra la distribución de los sedimentos / Redacción Levante-EMV / Comissió Científica Parc Natural Albufera

El informe va acompañado de una imagen que muestra la distribución de los sedimentos. En ella se puede ver cómo las mayores acumulaciones se producen dentro de las vaguadas, en un lóbulo sedimentario adherido a la parte oriental del delta sumergido de la desembocadura del Barranc de Torrent, en la margen oriental del lago y al norte del Racó de Sacarés.

Un ritmo de 4,4 mm al año

Los análisis han detectado además que la tasa de acumulación de sedimentos asciende a 4,41 mm/año, de media.

En cuanto al impacto de la dana, los investigadores son conscientes de que puede sorprender que la riada no haya causado un impacto mayor en el relleno del vaso de l’Albufera, pero recuerdan que hay un área de 48,8 hectáreas que no se ha podido medir por falta de calado. A ello añaden que la salida de sedimentos hacia el mar a partir del día 30 de octubre, cuando se abrieron las compuertas de las golas, fue muy grande.

Pero no se puede obviar que la última batimetría es de 2003. Ha costado más de dos décadas medir los efectos de los sedimentos en el fondo del lago. Por eso, los expertos proponen cartografiar las zonas en las existen problemas de calado, sobre todo los márgenes y también algunas acequias, para valorar la posibilidad de hacer dragados en áreas específicas donde el problema sea muy grave. Además, proponen establecer un protocolo sistemático de control de profundidades y de la capa de material emulsionado para tener bajo control ese proceso de relleno que pone en peligro la salud medioambiental de l’Albufera.

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