Un "abrazo" de ida y vuelta: una ONG palestina bajo las bombas, solidaria con la dana
Los trabajadores de la organización palestina PARC, colaboradora de Asamblea de Cooperación por la Paz, decidieron donar 5.000 euros que apartaron de sus sueldos para la reconstrucción, canalizados a través de la Fundació Horta Sud

Silvia Tusón (ACPP), Julio Huerta (Fundació Horta Sud), Tamador Akel (PARC), Amaia Camacho e Irene Esteve (ACPP) / Francisco Calabuig

Tamador Akel ha decidido tomarse su viaje de vuelta desde València a Palestina con paciencia. El trayecto de ida había sido largo y complicado. “Me daba miedo que el ejército israelí no me dejara pasar”, rememora. Estuvo esperando ocho horas para poder pasar la frontera entre Cisjordania y Amán. Cuando finalmente pudo hacerlo, voló a Frankfurt y, de la ciudad alemana, a España. La vuelta se presenta igualmente dura, pero Tamador vuelve contenta.
Durante su estancia en una València en la que solo había estado en una ocasión, la directora de emergencias de la ONG palestina PARC (Agricultural Development Association) ha participado en las jornadas sobre cooperación internacional, ha visitado a toda prisa la ciudad y ha podido hablar con sus compañeras de Asamblea de Cooperación por la Paz. Pero, además, ha podido conocer a Julio.
A la cita en la plaza Viriato de València, Julio Huerta, coordinador de la Fundació Horta Sud, llega con muchos nervios y la emoción a flor de piel. Todavía no conoce, ni en persona ni telemáticamente, a Tamador. No sabe cómo va a reaccionar, pero sí sabe que esta vez no se quedará mudo, como cuando le dijeron que la organización PARC, que desarrolla programas de ayuda humanitaria en la Palestina bombardeada por Israel, quería hacer una donación de 5.000 euros a la Fundació Horta Sud para la reconstrucción postdana. Quiere agradecerle esa “mano en el hombro” que supuso su ayuda.
Un porcentaje del sueldo de los trabajadores
“Lo vimos en las noticias y lo primero que pensamos fue en nuestros colegas de València”, explica Tamador Akel. Tamador coordina la acción en emergencias de la organización PARC, que trabaja desde hace 43 años en programas de ayuda sobre alimentación, resiliencia, apoyo a mujeres vulnerables, a la población rural y a la juventud tanto en Gaza como en Cisjordania. Esta ONG palestina trabaja, también sobre el terreno, con Asamblea de Cooperación por la Paz, especialmente con su sede valenciana. Silvia Tusón, coordinadora de la asamblea en la Comunitat Valenciana, habla de una colaboración “estratégica”.
Así que los días posteriores a la tragedia, Tamador llamó varias veces a Silvia, preocupada. “Le pregunté si les había afectado y me dijo que ellos estaban bien, pero que la situación era muy complicada, que no estaba habiendo respuesta de las administraciones y que mucha gente de la zona se sentía sola”, rememora Akel. Así se lo dijo a los 130 empleados de la organización, en una reunión. “Todos dijeron que querían donar un porcentaje de su sueldo para ayudar”, recuerda. La ONG consiguió recoger 5.000 euros, a pesar de sus propias dificultades: 72 personas trabajando sobre el terreno en zonas bombardeadas y asediadas por Israel, falta de recursos, todo tipo de obstáculos burocráticos y, sobre todo, cuatro compañeros asesinados.

Tamador Akel (PARC) en València / Francisco Calabuig
"Me quedé mudo: su situación era mucho peor"
Cuando Silvia Tusón recibió una llamada de Tamador para preguntarle cómo canalizar esos fondos, recuerda sentirse “bastante sorprendida por el gesto” aunque, como la conoce, sabe que “no es tan inédito”, teniendo en cuenta los años de trabajo conjunto. Se puso manos a la obra. No le costó mucho encontrar a la entidad ideal para que la ayuda traída desde Palestina pudiera llegar donde más se necesitaba: la Fundació Horta Sud.
“Yo me quedé mudo, sin habla”, explica Julio Huerta, sobre el momento en el que se enteró de la donación. Habían sido días muy duros, con parte del equipo afectado. “Lo primero que pensamos fue que no podíamos aceptarlo, porque ellos, en Palestina, estaban mucho peor”, rememora. Pero tal gesto de ayuda era imposible de rechazar, sobre todo cuando más se necesita ya no tanto una donación, sino un abrazo. “Qué importante es que, cuando uno lo pasa mal, aparezca otra persona que diga: estoy contigo”, reconoce Huerta, emocionado. Que otra persona “te ponga la mano en el hombro simbólicamente”.
"Nos puede tocar a cualquiera"
Para Julio, la dana y el genocidio en Palestina tienen algo en común: “que las catástrofes nos pueden tocar a cualquiera”. “Estás bien y en cinco minutos llega una riada que se lo lleva todo, o te bombardean la casa”, añade. Por eso, dice, nos necesitamos unos a otros. “No es posible el bienestar individual sin bienestar colectivo”, apunta.
Con ese convencimiento, la Fundació Horta Sud ha canalizado casi 3 millones de euros en ayudas a 400 entidades. “Nuestro objetivo principal era que ninguna tuviera que cerrar a consecuencia de la dana”, explica Huerta. También, que la tragedia no se convirtiera en un trauma colectivo. Trabajar en la resiliencia de las ciudades, en la salud mental, en recuperar los espacios de socialización, en definitiva, ayudar a quienes trabajan sobre el terreno.
Así es también como trabaja la ONG palestina PARC. Durante el recrudecimiento de la violencia en Gaza, la organización creó comités de protección comunitaria sobre el terreno, para gestionar documentación, equipamientos y organizar la ayuda. “La idea de fondo es ayudar a la capacitación de la población local, porque son los que conocen las necesidades”, ha defendido.

Silvia Tusón, Julio Huerta, Tamador Akel, Amaia Camacho e Irene Esteve en València / Francisco Calabuig
Apoyar al tejido local y el "enfoque de la manta"
Es también el enfoque de Asamblea de Cooperación por la Paz, como explica Amaia Camacho, referente del área de Oriente Medio en esta ONG. “Lo que buscamos es apoyar a la sociedad civil en los lugares en los que trabajamos, que la gente se pueda organizar o ayudar a sí misma”, afirma. Por ejemplo, en Palestina, donde trabajan junto con PARC. Lo comparte Irene Esteve, responsable de Acción Humanitaria en la asamblea: “Necesitamos estar en el territorio de forma permanente, no vale llegar solo cuando llegan los fondos y luego irse”. A las organizaciones que llegan durante la emergencia a lugares que no conocen o en los que no tienen vinculación con las organizaciones locales las llaman “paracaidistas”.
“Nosotros rechazamos trabajar así”, asegura Tamador. De lo que sí está convencida es que, en catástrofes o emergencias como el cerco a Gaza y la dana, aunque son situaciones muy diferentes entre sí, el enfoque más útil es el enfoque de “la manta”. “Significa que una única manta tiene que cubrir a todo el mundo, que en una situación de emergencia tan grave no podemos ponernos a calcular quién tiene que recibir cuánto, o a justificar al detalle necesidades, ni a adoptar criterios para ordenar por vulnerabilidad”, explican Amaia e Irene de Asamblea de Cooperación por la paz. Esa ordenación corresponderá a la siguiente fase que, ni en el caso de Gaza ni en el de la reconstrucción tras la dana, ha llegado todavía. “Queda mucho trabajo por hacer”, concluye Julio Huerta.
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