Ana Camarasa: “A veces hay que 'neoconstruir' en vez de reconstruir, no podemos rehacer las infraestructuras de la misma manera”
La catedrática de Geografía Física de la UV ha destacado en una jornada que en 2026 se van a revisar los planes de inundación para que, “como mínimo no se siga construyendo” en zona inundable
Lo ha dicho en el Encuentro sobre la gestión de catástrofes ‘Los desafíos a la naturaleza’ organizado por la UV y la UNAM mexicana

Ana Camarasa durante el seminario 'Los desafíos a la naturaleza' / Redacción Levante-EMV

Fallaron las administraciones públicas, falló la normativa, falló la ciudadanía. Hemos construido casas, hospitales, centros de mayores, carreteras, locales comerciales en zonas inundables. No hemos respetado el curso natural del agua. ¿Quién ha ordenado bien la zona inundable?, se ha preguntado la catedrática de Geografía Física de la Universitat de València Ana Camarasa. La respuesta no es alentadora: “Solo la crisis económica y financiera de 2008 y las grandes catástrofes naturales han ordenado bien el territorio susceptible de inundarse”. El agua siempre vuelve, con los papeles en la mano, como lo hizo durante la dana del pasado 29 de octubre de 2024, y tras su paso, comienza la reconstrucción de lo arrasado. “Pero no todo es reconstruir, a veces es neoconstruir; no podemos rehacer las infraestructura de la misma manera”, ha defendido.
Lo ha dicho en el Encuentro sobre la gestión de catástrofes y planificación en tiempos de riesgos socioambientales ‘Los desafíos a la naturaleza’ que ha organizado la Universitat de València (UV) junto con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Durante las sucesivas mesas se ha hablado de terremotos en México y de la dana de València, de la coordinación de los poderes públicos en Estados federales o del papel de los gobiernos locales y la gestión de catástrofe. Y, sobre todo, de riesgo.

Seminario 'Los desafíos a la naturaleza' de la UV y la UNAM / Redacción Levante-EMV
“No podemos predecir las inundaciones, pero sí conocer las zonas inundables”
La peligrosidad la ha definido Ana Camarasa como la “amenaza física, la probabilidad de que se produzca un evento”. Esa probabilidad es más alta en contextos como los actuales, donde el cambio climático es una realidad, lo que hace que los modelos predictivos que se han manejado hasta la fecha dejen de ser útiles. “La simulación hidrológica en un país como el nuestro no deja de ser una simulación, los periodos de retorno no dejan de ser una simulación”, ha reconocido Camarasa. Ya en el siglo XXI, se añade a esos factores, para facilitar el cálculo del riesgo, un séptimo nivel: el riesgo geomorfológico. “Es el factor que obliga a hacer estudios determinados para construir en determinadas zonas”, ha explicado.
“En nuestra zona, nuestro principal generador de problemas son las inundaciones, y no podemos saber cuándo se van a producir ni dónde, pero sí que podemos conocer los espacios inundables”, ha resumido Camarasa. Pero ese estudio, ha añadido, conlleva la obligación de “ejercer una ordenación territorial acorde a ese problema”, del mismo modo, ha dicho, que en México se busca construir de manera que los elementos y el diseño constructivo “sea capaz de amortiguar los seísmos”, su principal riesgo ambiental.
Neoconstruir
Afirma Camarasa que “todo el dinero que se invierta en antelación y planificación previa no se va a gastar en luego en recuperar los daños, porque la curación cuesta muchísimo más que la prevención”. Y eso implica tener un plan. “Entre que llueva mucho y haya una inundación muy importante apenas puede pasar media hora o una hora, así que tenemos que tener un plan; no podemos improvisar”, ha advertido.
Y eso no es fácil, ha admitido. Tampoco la gestión hidráulica. Sobre todo, teniendo en cuenta que la gestión en los grandes ríos se realiza con las presas. “Si viene una inundación cierro la presa y voy soltando agua poco a poco para laminar la crecida, pero para eso tengo que tener vacía la misma presa que tiene que estar llena en épocas de sequía para gestionar el regadío”, ha relatado. “Es muy difícil gestionar una presa con un multipropósito y que ese propósito sea divergente”, ha afirmado.
Pero después del paso del agua y del barro, o de cualquier catástrofe, viene la reconstrucción. Pero debe hacerse distinguiendo “entre la reconstrucción de emergencia, que tiene que ser rápida, y la construcción de un nuevo espacio que debe ser pensado”. “Pero no todo es reconstruir, a veces es neoconstruir; no podemos rehacer las infraestructura de la misma manera”, ha defendido la catedrática.
Lo que sí se debe hacer, ha considerado Ana Camarasa, es revisar los planes de inundación, que se someten a esa revisión cada seis años. “Cuando revisemos el nuestro, nos vamos a encontrar una zona muy construida”, ha reconocido, y ha reclamado “como mínimo, que no se siga construyendo, dejar libres esos espacios en los que no se ha construido". Ante una realidad en la que los únicos factores que han “ordenado bien la zona inundable” -la crisis económica de 2008 y las grandes catástrofes naturales, ha dicho- Camarasa cree que “esa ordenación del territorio tiene que ser valiente”.

Andrés Boix durante el seminario 'Los desafíos a la naturaleza' / Redacción Levante-EMV
Un urbanismo ambiental y económicamente sostenible
Una autoridad metropolitana. Es lo que ha demandado el profesor titular de Derecho administrativo de la Universitat de València, Andrés Boix, que ha intervenido en el bloque de ‘Instrumentos de intervención para la recuperación ante catástrofes, experiencia comparada’ junto con Naxhelli Ruiz Rivera, investigadora y etnóloga mexicana del Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En un territorio que tiene un funcionamiento claramente metropolitano, ha dicho, hace falta una institución a este nivel supramunicipal.
La imagen de la tienda de Ikea en Alfafar le ha llegado, durante meses, a modo de reivindicación: con mensajes celebratorios de que alguien, al menos, había construido el aparcamiento sobre suelo y la superficie comercial en alto. “Lo único que hicieron fue exactamente cumplir con lo que dice el Patricova, mientras que en el mismo polígono industrial hay desarrollos más recientes que no lo cumplen”, ha señalado. Por eso, Boix ha destacado que, como el Patricova ha sido posterior a la legislación urbanística, no siempre se cumple, y muchas empresas entierran sus aparcamientos porque hacerlos sobre suelo “computa para edificabilidad”. Es solo un ejemplo de que el urbanismo hay que “repensarlo globalmente”. “Debe ser sostenible ambientalmente pero, si queremos que funcione, tiene que ser también sostenible económicamente”, ha señalado.
“Crecemos en 30.000 habitantes cada década”
En la mesa sobre Innovaciones sociales y participación ciudadana, Julio Huerta, director de la Fundació Horta Sud, ha destacado el enfoque de la fundación en la reconstrucción postdana, pero también algunas deficiencias persistentes en la zona, como la falta de transporte público que interconecte los diferentes municipios. “Ir en transporte público de Manises a Picassent cuesta más que ir de Madrid a València”, ha denunciado Huerta, que ha añadido que, aun así, y aunque la riada arrastrara miles de vehículos, tras ella se han comprado 141.000 coches en la comarca. “Seguimos cometiendo los mismos errores”, ha criticado.

Julio Huerta durante el seminario 'Los desafíos a la naturaleza' / Redacción Levante-EMV
“Salvemos el barranco, lo poco que nos queda de huerta, no construyamos la ampliación del aeropuerto, son reivindicaciones de entidades que llevan décadas intentando salvar nuestro territorio y no se les ha hecho caso”, ha lamentado Huerta, que ha criticado también que “no se tenga una planificación estratégica metropolitana que coordine”. “¿Es necesario hacer cinco polígonos en cada municipio? ¿Es necesario crecer en la comarca en 30.000 habitantes cada 10 años?”, se ha preguntado.
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