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Bashar Fawadleh, el cura que se planta ante los colonos en Cisjordania: “Musulmanes y cristianos somos uno bajo la ocupación israelí”

El párroco de Taybeh, la única localidad 100% cristiana de Palestina, visita València: “Agradecemos mucho que España haya reconocido a Palestina como Estado, pero necesitamos más impulso para ser un estado real”

Bashar Fawadleh en su visita a València

Bashar Fawadleh en su visita a València / Fernando Bustamante

Marta Rojo

Marta Rojo

València

Bashar Fawadleh, claro, maneja con soltura las sagradas escrituras. Durante la entrevista, cita el Evangelio de San Juan 11:54 con naturalidad, como si acabara de consultar la Biblia minutos antes. “Por tanto, Jesús ya no andaba abiertamente entre los judíos, sino que se alejó de allí a la región contigua al desierto, a una ciudad llamada Efraín; y se quedó allí con sus discípulos”. Es el versículo en el que se dice, relata Fawadleh, que “Jesús dejó Jerusalén después de la resurrección de Lázaro y vino a las cercanías del desierto, a la ciudad llamada Efraím”. La antigua Efraím se llama hoy Taybeh, y Bashar es su párroco. El párroco de la única aldea totalmente cristiana de Cisjordana, cercada por la ocupación israelí.

Bashar se sabe de memoria versículos, capítulos y evangelios, pero también sabe de resistencia y de poner el cuerpo. Lo hizo, junto con los vecinos de Taybeh, cuando este verano los colonos israelíes prendieron fuego al cementerio junto a la iglesia de San Jorge, que data del siglo V. Apagaron el fuego y expulsaron a los colonos. “Nadie ha vuelto desde entonces”, asegura el párroco. Y estos días, el religioso se halla muy lejos de su Efraím, en València, donde ha estado como parte del recorrido que ha hecho por la capital valenciana, Madrid, Zaragoza y Santiago, a invitación del embajador palestino en Madrid. Se siente especialmente “hermanado” con España, a la que agradece su apoyo y el reconocimiento de Palestina como un Estado. “Pero necesitamos más impulso para ser un Estado real”, apunta. Un Estado en el que, asegura, no hay un problema religioso sino de violencia y ocupación: “Musulmanes y cristianos somos uno bajo la ocupación israelí”.

Bashar Fawadleh antes de la entrevista

Bashar Fawadleh antes de la entrevista / Fernando Bustamante

Un cura cristiano palestino nacido en Jerusalén

Cuando se le pregunta por su trabajo en Taybeh, Fawadleh ve necesario remontarse a sus orígenes. “Mire, soy un párroco palestino. Soy un sacerdote católico palestino ordenado en 2014 que nació en Jerusalén”, destaca. Y este cura cristiano palestino nacido en territorio hoy israelí lleva un día a día al frente de su parroquia “compuesta por dos cosas: la oscuridad y la luz, marcada por los sufrimientos y la esperanza”. 

Esperanza a través de la educación, apunta el cura. La iglesia que comanda en Taybeh ayuda a los vecinos a pagar las tasas de matrícula de la escuela o en universidades. Pero también esperanza en una vida más longeva y mejor, con ayuda para las operaciones médicas y cirugías en los hospitales o para los gastos de electricidad y agua. Después del 7 de octubre de 2023, cuando un ataque de Hamás desembocó en una masacre genocida de Israel hacia el pueblo palestino, la parroquia ha creado empleos temporales para los palestinos que ha visto revocados sus permisos de trabajo en territorio israelí. “Hemos dado trabajo a 70 familias, y es un número muy grande para una pequeña comunidad en Taybeh, cuya población no llega a 1.200 personas”, reivindica. Además, han creado puestos de trabajo permanentes en la escuela, en el centro médico de Cáritas, en una residencia de mayores o en academias.

Una iglesia del siglo V, atacada

También en Cisjordania, donde se encuentra Taybeh, la ocupación israelí lleva años expandiendo sus tentáculos. “Han expulsado a comunidades y construido sus puestos pastorales para los colonos fanáticos y extremistas”, explica Bashar. Ese fue el primer paso. La segunda fase, añade, es “pastorear las vacas y las ovejas dentro de esta tierra para destruir la vida agrícola, y especialmente los olivos”. Y, también en las inmediaciones de Taybeh, ha comenzado la tercera fase: prender fuego a la tierra ocupada. El fuego, vaticina, llegará luego a los coches, las casas. En algunas paredes han aparecido pintadas “como castigo”. Dicen cosas como: "Seréis ocupados pronto". 

Bashar Fawadleh antes de la entrevista

Bashar Fawadleh antes de la entrevista / Fernando Bustamante

Y, este julio, el fuego llegó al terreno aledaño a la iglesia de San Jorge, construida en el siglo V y reconstruida en el IX y el XII. “Para nosotros es un sitio muy sagrado, celebramos la misa, celebramos los ritos bautismales, celebramos el sacramento del matrimonio en ella”, explica el cura. Los colonos, explica, prendieron fuego a escasos cinco metros de la pared de la iglesia. Lo intentaron tres veces durante tres días. “Mucha gente fue a apagar el fuego y a echar a los colonos armados y, gracias a dios, desde entonces nadie ha regresado”, relata. Fawadleh es consciente de la “sabiduría” palestina para enfrentar estos ataques de forma “muy estratégica y táctica”.

“Este no es un conflicto entre religiones”

Taybeh resiste pero las cosas no son fáciles. “El pueblo está sangrando por la emigración”, lamenta. Doce familias se han ido en busca de un lugar donde vivir sin violencia, y eso ha dejado la exigua población de la localidad en 1.150 personas. Eso sí, bien avenidas con sus vecinos musulmanes. “Este no es un conflicto entre religiones. Nuestro problema es que sufrimos una ocupación, y la sufrimos todo el pueblo palestino, no divididos entre musulmanes y cristianos”, destaca el párroco. Los dos credos son “uno bajo la misma ocupación, el mismo sufrimiento”.

Y es lo que quiere trasladar en su viaje a España. En general, a los europeos les quiere “invitar” a su tierra. “Nuestro eslogan en estos días es: ven y mira, vive con nosotros y ve a contarlo”, explica. Una invitación que pasea por València, por Madrid, por Santiago, por Zaragoza. “Ven y mira nuestra realidad, ven y mira nuestro sufrimiento”, ha reclamado. También pide “más presión” a través de los medios, pero también “de las vías y canales diplomáticos” y, sobre todo, que se invierta en “proyectos para la gente, para animarlos a quedarse”. A quedarse en una tierra, afirma, que no tiene un problema religioso, sino que sufre las consecuencias de un genocidio continuado. “Nos amamos unos a otros desde hace miles de años”, concluye.

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