La dana llevó a l’Albufera el 40% del agua que suele entrar en todo un año
El nivel del agua llegó a ser de 110 cm sobre el nivel de referencia de la laguna, como indica un estudio que se ha presentado este miércoles en las jornadas de la Comisión Científica del Parc Natural

Desembocadura del barranco del Poyo en l'Albufera a la altura de Catarroja el 3 de noviembre. / AXEL ALVAREZ
Alteración hidrológica y fisicoquímica, contaminación química y biológica e impacto físico por residuos y sedimentos. Son algunas de las consecuencias de la dana en l’Albufera. La catástrofe del 29 de octubre de 2024 supuso para el estado de “frágil recuperación” del Parc Natural un golpe de proporciones descomunales, que ha puesto a prueba su capacidad de regeneración. Es difícil de medir ese impacto, pero desde la Comisión Científica de l’Albufera lo han intentado en un estudio que han presentado este jueves en las jornadas ‘L’Albufera, i ara què?’ que se han celebrado en el Jardí Botànic de València. Una cifra da la idea de la magnitud del daño: durante el episodio, entró en el humedal un 40%, casi la mitad, del agua que suele entrar en un año.
Los expertos, entre ellos María Sahuquillo, de la Generalitat; Mamen Regidor y Concha Durán, de la Confederación Hidrográfica del Júcar, o Marta Sandia, de SDA, han reflejado en el estudio que “antes de la dana, el ecosistema se encontraba en un estado de frágil recuperación”. Durán ha hecho hincapié en la colaboración entre administraciones que se ha desarrollado en el último año. “Los últimos cinco años se produce una inversión de la tendencia de mejora del estado ecológico, y aún debe enfrentar desafíos importantes como los efectos cada vez más evidentes del cambio climático”, señalan el informe. Entre estos efectos, elevadas temperaturas, una mayor frecuencia de episodios extremos como sequías prolongadas y lluvias torrenciales, “alteran su funcionamiento y aumentan su vulnerabilidad”.
"L'Albufera está enferma, mucho más después de la dana -, ha comentado la vicerrectora de Investigación de la Universitat Politècnica de València (UPV), Belen Picó, durante la sesión inaugural de la jornada-. Se necesita una mejor cogobernanza y una mayor colaboración entre el plano de la investigación y las administraciones para poder revertir la situación del humedal y tener l'Albufera que los valencianos nos merecemos".
Llegaron 95 hm3
Y, en ese escenario, irrumpió la dana del pasado 29 de octubre. El episodio provocó tres desbordamientos en el golfo de València: el del Barranco del Poyo, el del río Magro hacia los arrozales de Sueca-Sollana, y un tercero hacia los campos de la zona húmeda de Marjal y Estany de la Ribera Sud del Xúquer. El nivel del lago el 29 de octubre se encontraba en 13 centímetros sobre el nivel de referencia de l’Albufera, pero, sobre todo a partir de las 18.00 horas del día 30, comenzó “una rápida subida que alcanzó un máximo de 110 cm a las 05:00 h del 31 de octubre (11 horas)”. A pesar que el agua se evacuó rápidamente por las golas, el descenso del nivel “fue muy paulatino, recuperando el nivel de 20 centímetros el 10 de noviembre”, explican los expertos.
La estimación de agua que llegó al lago durante el episodio, es decir, el propio día 29 y las semanas posteriores, es de unos 95 hm3. Esta cifra representa alrededor de un 40% del agua que suele entrar en el lago a lo largo de todo el año, y se alcanzó solo en unos días. Como consecuencia de la dana, indica también el estudio, la superficie inundada en el marjal, pasó de 30 km² el 26 de octubre a 70 km² el 31 de octubre.
Es cierto que el agua no se repartió uniformemente. La entrada de agua de la barrancada afectó principalmente a la zona norte, y se evacuó por las golas de Pujol y Perellonet. La reserva del Tancat de la Pipa, en la desembocadura del barranco del Poyo sufrió graves daños, y en menor medida la reserva del Tancat de Milia en la zona sur del lago. La mayoría de los ullals no sufrieron daños graves, excepto la Microrreserva de La Llacuna del Samaruc.
De ibuprofeno a plaguicidas
El agua arrastró consigo todo tipo de residuos, partículas y contaminantes. Los expertos han detectado que las avenidas del sector norte, canalizadas por el Barranco del Poyo, arrastraron sobre todo residuos urbano-industriales, porque el agua atravesó polígonos y localidades densamente pobladas como las de la zona cero. “Esto se reflejó en la detección de altas concentraciones de fármacos, como el Ibuprofeno y el Paracetamol, así como otros compuestos de origen industrial, indicadores de la descarga de aguas residuales urbanas no tratadas”, destaca el estudio. Por su parte, las aguas del sur transportaron sobre todo cargas de origen agrícola, como nutrientes y residuos de productos fitosanitarios, además de plaguicidas.

El parque Natural de la Albufera a la altura de el puerto de Catarroja, lleno de basura tras el paso de la Dana / José Manuel López
Pero, además, la fuerza de arrastre de la avenida provocó una movilización y deposición masiva de sedimentos, que ha contribuido a agravar el problema ya crónico de la colmatación de l’Albufera, es decir, de la tendencia a que los sedimentos rellenen el vaso de la laguna haciendo que esta pierda capacidad. Ahora, los datos lo confirman: desde 2003, l’Albufera ha perdido un 13% de profundidad, como se desprende del resultado de la batimetría que se llevó a cabo este verano y que la Comissió Científica del Parc Natural presenta también en el marco de las II Jornadas.
En concreto, a consecuencia de la dana, en la desembocadura del Barranco del Poyo se formó un nuevo delta con un volumen estimado de 146.250 m³ de arenas y limos. En particular, la Sequiota, uno de los principales canales de desagüe del lago, quedó colmatada con un depósito de 4.950 m³ de sedimentos finos. Después de la barrancada, una primera inspección del Servicio Devesa-Albufera identificó la rotura o debilitamiento de unos 13.400 metros de motas y márgenes de canales en la orilla norte del lago, mientras que el puerto de Catarroja quedó completamente colmatado y las motas del Barranco del Poyo y parte de la orla del lago destruidas
Daños en la fauna y el peligro de la caña
Llisas huyendo al mar, carpas en fuga al arrozal para dejar atrás la turbidez del lago. Huidas sí; pero, en las inspecciones de campo los días posteriores al evento, no se detectaron episodios significativos de mortalidad de fauna que pudieran asociarse directamente a los efectos de la dana, concluye el informe.
Eso sí, el episodio funcionó como factor de desestabilización para el equilibrio entre especies. La Comisión Científica alerta de que uno de los mayores riesgos ecológicos a medio plazo es la dispersión de especies exóticas invasoras y, tras la dana, entre los restos vegetales arrastrados, predominaba la caña, que pertenece a este grupo de especies. “Esto supone un alto riesgo de colonización de nuevos puntos en el entorno del lago y en el litoral dunar, donde ya se ha observado el rebrote de esta especie”, señalan, y advierten de que, a pesar de la labor de retirada de estos fragmentos a la deriva y orillados, se han detectado ya puntos de colonización de nuevos puntos en el entorno del lago.
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