La política alérgica a pedir perdón
Ni las víctimas del metro ni las del Yak-42 ni el Alvia ni el 11M recibieron una petición solemne de disculpas a tiempo, como ahora esperan las víctimas de la dana. Es una constante histórica: un perdón tardío y en tercera persona, que afecta tanto a políticos como a estados nacionales

La icónica imagen del canciller alemán Willy Brand, en el gueto de Varsovia en 1970. / Levante-EMV

Son solo seis letras, apenas dos sílabas: ‘perdón’. Pero un hecho tan cotidiano, sobre todo en país de moral católica, en política parece una montaña infranqueable. Hay que abusar de la memoria y de la hemeroteca para encontrar situaciones de disculpa entre altos representantes. Francisco Camps jamás pidió perdón a las víctimas del accidente de metro en València del 3 de julio de 2006. Lo hicieron Ximo Puig y Mónica Oltra, nada más al llegar al Palau en 2015.

Puig y Oltra con familiares de las víctimas del metro, el 1 julio de 2015, tras la victoria electoral. / Manuel Bruque/Efe
No es una excepción. Las víctimas del accidente de avión del Yak 42 solo recibieron una disculpa 14 años después de la ministra Cospedal y, después Rajoy, sumándose pero sin pronunciar esa palabra. José María Aznar tampoco pidió perdón por la guerra de Irak o las mentiras del 11M. Las víctimas del Alvia que se accidentó en julio de 2013 solo recibieron una petición de perdón del ministro Abalos cinco años después por los errores de Fomento.
Hay ejemplos en sentido opuesto. El rey Juan Carlos dejó una imagen histórica con aquel: “Lo siento, me he equivocado, no volverá a ocurrir” tras ser pillado de safari cazando elefantes en el peor momento de la crisis (2012). El propio Puig volvió a pedir perdón, esta vez sí por errores propios, en abril de 2020, a los sanitarios, en medio de la pandemia. «Pido disculpas como presidente de la Generalitat por no haber llegado a tiempo, por habernos visto superados en la falta de material protector frente a un tsunami que nos ha sobrepasado a todos», dijo en las Corts, aunque su gestión fue de las mejores. Merkel se disculpó por lo contrario, por la severidad de las normas.
Pedro Sánchez buscó el indulto de los ciudadanos el pasado verano tras estallar el escándalo en el PSOE: "Quiero pedir perdón porque hasta esta misma mañana yo estaba convencido de la integridad de Santos Cerdán".
Mazón, un año después
Ahora hay otro 'perdón' suspendido en el aire, con el nuevo 'president' valenciano. Carlos Mazón no pidió “perdón por sus errores” hasta el día de su dimisión, un año después de la dana del 29 de octubre. Antes de eso solo se disculpó por haber confiado en Pedro Sánchez y por los errores de otras administraciones. Ha tenido que llegar su sucesor, Juanfran Pérez Llorca, para instalar la disculpa en el centro de la Generalitat: “Si esta cámara me otorga el apoyo necesario para ser investido, mis primeras palabras como president serán para pedir perdón en nombre de la Generalitat a los familiares de les 229 víctimas mortales. Perdón a todas las personas y familias que aún padecen las consecuencias de las riadas del 29 de octubre. A aquellos que lo perdieron todo y a aquellos que perdieron demasiado”, dijo en su discurso, aunque aún no ha trascendido como formalizará esa petición.

Mazón, en el funeral de Estado del 29 de octubre de 2025. / Rober Solsona/EP
El perdón, ligado a la responsabilidad
Una de las portavoces del colectivo de víctimas ya ha advertido de que no servirá cualquier disculpa. “En política, pedir perdón en abstracto es una tomadura de pelo”, coincide el catedrático de Filosofía Política de la UV Javier de Lucas. Y añade: “El perdón en Derecho va ligado a los dos mecanismos que contempla el ordenamiento jurídico y que es posterior al enjuiciamiento: el indulto y la amnistía. Pero también tiene una dimensión política. En política no se pide perdón en abstracto. Primero se asumen responsabilidades concretas, y al asumirlas se pide perdón. Si no, no tiene sentido político, porque no se trata de reconciliarse con otra persona sino de reparar. Hablamos de responsabilidad política, no jurídica. El perdón en política debe venir acompañado de rendición de cuentas y de una noción de responsabilidad. Y esta exige concretar el alcance de esa responsabilidad y cómo se va a reparar”.
Más que virtud, una debilidad
La asunción de culpa, pese a esta reciente dimisión del jefe del Consell, es un gesto que sigue sorprendiendo. Desde la filosofía se presenta el perdón como una ‘virtud política’, que sirve para recomponer puentes y ganar credibilidad pública. Además, el hecho de admitir fallos transmite confianza y coraje.
Sin embargo, parece que no hay lugar para el perdón en la política testosterónica de la era Trump. Más que una virtud, la disculpa es vista como una debilidad; un cambio de opinión, como una inconsistencia; un acuerdo, como una cesión. Bienvenidos a la era de la política entendida como el arte de no ceder ni un milímetro al adversario.

El presidente alemán, este viernes en Gernika. / Miguel Toña/EFE
Un pasado incómodo
La historiadora Carmina Gustrán, que es la comisionada del Gobierno para los 50 años de ‘España en libertad’, introduce otra dimensión del perdón como 'hecho político': el papel de los estados. “Los estados tienen una responsabilidad con el perdón como hecho político. Ese reconocimiento del daño es esencial para la recuperación de la confianza de la sociedad respecto a las instituciones. Las víctimas reciben la reparación del Estado y se reconcilian con él. En España todo esto llega tarde, porque el estado tiene obligaciones éticas como país democrático, pero se está trabajando”.
Parece que otros países han manejado con más madurez su pasado incómodo. En el exitoso ensayo 'Los Amnésicos', la periodista Géraldine Schwarz defendía la tesis de que las sociedades que no han trabajado su memoria estaban más expuesto al populismo y a la extrema derecha. Este pasado viernes, precisamente, el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, estuvo en Gernika en un acto de reparación por los bombardeos. Ya en 1997, el que fuera presidente de la República Federal Alemana y europeísta Roman Herzog pidió perdón por carta por el ataque de la aviación nazi. Para la historia del siglo XX quedó la imagen del canciller de Alemania occidental Willy Brandt, de rodillas en 1970 ante el monumento a las víctimas de levantamiento del gueto de Varsovia, la resistencia al nazismo. Alemania sería un ejemplo positivo sobre cómo enfrentarse al pasado.
El actual Gobierno, en plena ola nostálgica, parece que quiere mirar a todos los fantasmas de su árbol genealógico. Más allá del franquismo, el ministro de Exteriores José Manuel Albares ha abierto la puerta a otro perdón reclamado desde hace tiempo: reconocer ante el Gobierno mexicano la “injusticia” del trato a los pueblos indígenas por parte del Imperio español.
Ahora, bien, la también profesora de la Universidad de Zaragoza, Carmina Gustrán, insiste en que el acto político de petición de perdón tiene que ir acompañado de procesos de justicia y procesos de verdad. "Un estado democrático no puede permitirse dar la espalda a las víctimas". Y esto parece que opera tanto para los afectados de violaciones de derechos humanos como a las víctimas de negligencias políticas.
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