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«Cojonudo»

Arbolado en la avenida de Blasco Ibáñez de València. Urge aumentar el arbolado de las ciudades y reducir la proporción de las superficies asfaltadas.

Arbolado en la avenida de Blasco Ibáñez de València. Urge aumentar el arbolado de las ciudades y reducir la proporción de las superficies asfaltadas. / C. V.

Juanjo Villena

La RAE considera que es un ‘adjetivo malsonante’, vulgar y de mal gusto. Sinónimo de estupendo, magnífico o excelente, podríamos decir que es la enésima caricatura de Carlos Mazón. Aquel 29 de octubre no hizo más que tomar decisiones inoportunas, incluso en su vocabulario, por el rigor, el compromiso y la seriedad que debía suponer su honorable cargo, en uno de los días más trágicos para la Comunidad Valenciana en muchas décadas. De todo el goteo de declaraciones que están apareciendo se confirma una cosa: ese día muy pocas autoridades eran conscientes de la envergadura del episodio que estaban gestionando. Y eso es algo que ocurre muchas veces en torno a la meteorología y la climatología.

El comportamiento de muchos de los actores aquel día deja entrever que ni siquiera intuían la entidad de su contrincante. Habían olvidado la capacidad de destrucción de la Pantanada de Tous y de la Riada de Valencia, auténticas avalanchas de lodo y agua que llegan súbitamente, requiriendo de un seguimiento y de una toma de decisiones muy diligente.

Esa pasividad se viene observando en otras tareas de planificación. Hay que elegir bien los cultivos, invitar a un consumo respetuoso y consolidar fuentes de agua alternativas, respetando nuestro entorno. Todo esto antes de que llegue la próxima gran sequía. También urge aumentar el arbolado de las ciudades y reducir la proporción de las superficies asfaltadas, haciéndolas más permeables, con tal de luchar contra las olas de calor y las inundaciones futuras, cada vez más adversas. La gente necesita adecuar sus casas, espacios de trabajo y rutinas a su entorno; también tener autoridades en quienes se pueda confiar. Que sepan reconocer y anticiparse a los problemas.

Tenemos que espabilar, porque vivimos en un rincón del mundo donde de vez en cuando los fenómenos meteorológicos son extremos y requieren de la mayor seriedad. De personas comprometidas que no digan «bieeeeennnn» a las primeras de cambio, mientras naufraga media provincia de Valencia.

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